4 de septiembre de 2014 14:35

Kichwa Hatari se transmite desde la ‘Gran Manzana’

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Andrés Jaramillo. Coordinador
ajaramillo@elcomercio.com
(F-Contenido Intercultural)

Al aire en tres, dos, uno... La canción El cóndor pasa retumba en la cabina de radio El Tambo Estéreo. Detrás del micrófono principal está Segundo Angamarca, de 38 años.

Espera callado, serio -con la mano izquierda sobre una computadora portátil- el momento exacto para hacer una pausa en la canción e irrumpir con su voz modulada: “nucanchik kichwa runa shimi, tawka watakunata allpa ucupi karka sara muyu shina yaku illakmanta mana winashpa (...)”. Es kichwa, su lengua nativa. La aprendió antes que el español y el inglés, en su natal comunidad de El Tambo, provincia de Cañar.

Traducido al español, el mensaje completo que se oye en los parlantes reza: “Nuestra lengua kichwa es como la semilla de maíz que estaba largo tiempo dentro de la tierra sin agua, sin poder salir la primera rama pero luego vino la lluvia y poco a poco creció”.

Es la bienvenida al programa de radio Kichwa Hatari, que está en el aire desde el 25 de julio pasado. Se transmite desde el corazón del mundo, Nueva York, en Estados Unidos.

Una oficina en la Gerard Ave, del Bronx, es el centro de transmisión. Aunque la Internet les ha permitido trascender las fronteras estadounidenses.

Es el único que se transmite totalmente en kichwa en ese país, de 18:00 a 20:00. Y es un esfuerzo deAngamarca para rescatar esa lengua y las tradiciones de los ‘kichwa-hablantes’ que viven en Nueva York. Son más de 10 000, según el investigador Charlie Uruchima.

Uruchima es estadounidense de nacimiento, pero sus padres son de la provincia del Azuay y le cultivaron el afecto por sus raíces. Actualmente, cursa una maestría en Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Nueva York, que le ha permitido tener acceso a la poca información que existen sobre la comunidad en esa parte del mundo.

Lo que le inspiró fue precisamente ver cómo los kichwa-hablantes son excluidos y tienen problemas de comunicación por el idioma. Les es difícil hablar en inglés y español.

Su búsqueda de casos lo llevó hasta la cabina de radio Tambo Estéreo. La visita, que iba a ser pasajera, se extendió más de lo esperado. Se hipnotizó con los micrófonos, los parlantes y se sumó al equipo como co-anfitrión del programa.

Ahí, cada día invita a‘kichwa-hablantes’ para que compartan sus experiencias con las audiencias. Desde especialistas en una materia, hasta migrantes con ganas de enviar saludos y mensajes a sus familiares que los escuchan en Ecuador.

Hay música, bromas, debate.... y al final de cada programa incluso breves cursos de kichwa, que lo imparte un maestro que se ha hecho también parte del ‘staff’.

En el primer programa se habló sobre el movimiento indígena de la década de 1990 y la influencia que tuvo en la política y la sociedad ecuatoriana. Angamarca vivió de cerca esa época e incluso participó en radios comunitarias. Fueron sus primeros encuentros con los micrófonos.

Pero luego tuvo que dejar el país. La crisis que devino del feriado bancario lo obligó a migrar. En Estados Unidos comenzó, como la mayoría de migrantes, como jornalero, mesero y obrero en el sector de la construcción, donde hasta ahora se desempeña.

Trabaja por las mañanas y en las tardes, en cambio, llega al Bronx para dirigir su programa. Sus compañeros de labor en las obras ya lo reconocen y sintonizan. No se pierden el programa cada viernes.

Le insisten que tiene un talento poco aprovechado; que debería dedicarse a tiempo completo a la radio. Pero aún debe pagar las cuentas en casa. Tiene dos hijas y un hijo con su esposa. Ellos fueron sus primeros fans. Ahora la audiencia ha crecido. En el primer programa, ocho personas siguieron en vivo la transmisión.

En el del 22 de agosto pasado, en cambio, se registraron 105 visitas en el enlace: http://bambuser.com/channel/JEANELSONERO

El reportaje que el diario The New York Times escribió sobre su iniciativa no solo logró posicionar a la radio, sino que también motivó a que pequeños auspiciantes se interesen por pautar. Los ingresos sirven para pagar el arriendo, pero las puertas de la radio están abiertas para las firmas privadas o instituciones públicas que quieran colaborar con recursos.

La publicación del New York Times circuló el 15 de agosto del 2014. Ahí se hace una reseña de lo que fue el primer programa, el documental que hace una estudiante de antropología, Christine Mladic, y el valor de no dejar que una lengua muera.

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