24 de febrero de 2017 00:00

El saldo pendiente de John Wick

Keanu Reeves vuelve a interpretar a un asesino profesional en  el segundo episodio de ‘John Wick’, dirigido por Chad Stahelski

Keanu Reeves vuelve a interpretar a un asesino profesional en el segundo episodio de ‘John Wick’, dirigido por Chad Stahelski. Foto: outnow.ch

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Fernando Criollo
Redactor (I)

Hay trabajos de los que simplemente no se puede salir limpio, ileso o vivo, y John Wick escogió uno de esos. El actor Keanu Reeves reaparece en la pantalla grande como un despiadado antihéroe en el segundo capítulo de ‘John Wick’.

Después del rastro de sangre que dejó como evidencia de la venganza que cobró contra una organización criminal rusa por la muerte de su perro y el robo de su preciado auto, este asesino profesional no tendrá descanso y se verá forzado a regresar de su ansiado retiro debido a una deuda del pasado, sellada con sangre.

Este inquebrantable pacto levanta el velo sobre una compleja organización internacional de asesinos que opera bajo el nombre de El Continental y extiende el universo narrativo creado por la pluma de Derek Kolstad y con el que Chad Stahelski, el doble de acción de Reeves, debutó como director, en el 2014.

Obligado por un infranqueable código institucional y la presión de Santino D’Antonio (Riccardo Scamarcio), un gángster italiano que quiere adueñarse del puesto que ocupa su hermana en El Continental, Wick no tendrá más opciones que aceptar a regañadientes la nueva misión ‘imposible’.

Para la producción de esta película, Reeves cambia las ajetreadas calles de Nueva York por la histórica arquitectura de Italia y el frío dialecto ruso del primer episodio por un forzado fraseo italiano. Sin embargo, el director repite el mismo estilo visual que definió su primera película, con el brillo del neón como marca distintiva, contrastando con los ambientes de atmósferas sombrías en los que transcurre la historia.

Reeves habita cómodamente un personaje de expresión fría, motivado por la venganza y que literalmente esquiva las balas, en una aventura que transcurre entre episodios de una inusitada y a veces desmedida violencia, que sigue el ritmo y la lógica propias de un videojuego, con cámaras que siguen la acción de una forma participativa y vertiginosa, el acceso a una amplia variedad de armas y enemigos con distintos rangos de fuerza y habilidad.

Pero tanta violencia no es gratuita, sino que parece responder a una intención teatral y dancística. Un espectáculo que rompe el hilo de realismo y que además se impone al desarrollo narrativo, que peca de un serie de absurdos. La ampliación de la historia, sin embargo, otorga libertad creativa para crear y jugarse con nuevos personajes, que enriquecen un fantasioso universo.

Con este papel, Reeves suma un nuevo nombre a su lista de icónicos personajes que ha redituado positivamente en su carrera y en el cine de acción. La venganza despertó al demonio que habitaba en John Wick y sus verdugos deberán asumir las consecuencias.

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