8 de mayo de 2017 21:30

Los juegos ancestrales mantienen su vigencia en Otavalo

En Otavalo, los indígenas reeditan el juego de la perinola, pero con frases en kichwa.

En Otavalo, los indígenas reeditan el juego de la perinola, pero con frases en kichwa. Foto: Francisco Espinoza para EL COMERCIO

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José Luis Rosales
Redactor
(F-Contenido Intercultural)

Las tortas, como denominan los kichwas Otavalo a una especie de fréjol plano, son elementos infaltables en varios juegos tradicionales.

El gusto por coleccionar estos granos secos multicolores, que tienen forma de una oreja, lo adquirió desde la infancia, relata Estela de la Torre, vecina de la comuna de Ilumán, en Otavalo (Imbabura).

Recuerda que su padre Mariano, ya fallecido, disputaba con los vecinos innumerables partidas de chungana, el banquero, perinola y triqui-traca. Cada una de estas modalidades tiene sus reglas. En la chungana, que es similar al juego de canicas, se ubican las tortas dentro de un círculo.

La partida consiste en que cada jugador saque la mayor cantidad de tortas lanzando una de mayor tamaño. La ­disputa concluye cuando ningún fréjol queda en el ruedo. En tiempos pasados, los juegos con las tortas, que eran sembradas en los extremos de las parcelas, reaparecían en varias comunas de Otavalo y Cotacachi en la celebración religiosa de la Exaltación de la Cruz, que se hace el 3 de mayo.

“Las personas mayores se amanecían jugando en la casa del prioste de la fiesta”, rememora Estela de la Torre. No se sabe con certeza desde cuándo aparecieron estos juegos, pero se cree que se implementaron tras la conquista, señala Tupak Perugachi, líder de la Asociación de Jóvenes Kichwas de Imbabura (AJKI).

Desde hace siete años, esta organización -conjuntamente con Radio Ilumán y revista Wiñay Kawsay, medios de comunicación comunitarios- incentivan en las parcialidades indígenas la revitalización de estos juegos tradicionales.

Es una de las iniciativas que impulsa este grupo de jóvenes para fortalecer su identidad cultural. También realizan actividades para rescatar el idioma, vestimenta, danza, música y gastronomía andina.

El domingo pasado, en Ilumán se desarrolló el Hatun Punlla Turtas (gran juego de las tortas, en español). Es una suerte de ‘mundial’ local entre novatos y diestros jugadores de la región.

Delia Flores, de 25 años, probó suerte en el banquero. Es un juego de lanzamiento de precisión, donde se intenta introducir un determinado número de tortas en seis aberturas que hay en una caja de madera, que imita al edificio de un banco, colocada en el piso. Por cada acierto, el jugador es recompensado con un número de tortas similar al que anotó.

Flores no pudo acertar en ninguna de las 10 oportunidades, en las que se acordó intervenir en el juego. Sin embargo, no ocultaba su alegría por ­volver a contender en estos duelos, tal como lo hacía ­cuando era una niña.

Este tipo de actividades lúdicas también busca reforzar los conocimientos del idioma kichwa, comenta Tupak Perugachi. En la perinola, por ejemplo, cada uno de sus seis lados tiene grabada una frase en kichwa. Tukuy (todo), saki (deja), churay (ponga cinco), Llukchi (saque cinco)...

Los participantes hacen bailar esta especie de trompo y cuando se detiene deben hacer lo que indica la leyenda de la cara en que ha caído. Algo similar ocurre en el denominado Churuta Katishpa Pukllay (siguiendo el camino del churo), que es parecido al parqués. El fin del juego es que para ganar se debe avanzar desde la casilla de salida hasta la meta, antes que el resto de competidores.

A lo largo del trazado se debe evitar caer en casilleros como Kallariman Tirkuy (regrese al inicio), explica María Yamberla, otra activista de la AJKI. El que tiene más éxito vence.

Sin embargo, esta no es la única iniciativa dirigida a recuperar los juegos ancestrales. En parcialidades de los pueblos Otavalo y Kayambi estas prácticas lúdicas son parte de rituales fúnebres, para despedir a sus seres queridos.

La Federación de los Pueblos Kichwas de la Sierra Norte (FICI), en cambio, los reedita durante el Kapak raymi, dirigido a niños y jóvenes.

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