3 de febrero de 2016 00:00

Juan Martín Cueva: 'El cine ecuatoriano es una actividad consolidada'

Autor de los filmes ‘¿Dónde se encuentran los polos?’, ‘Este maldito país’, entre otros. Actualmente se desem­peña como Director Ejecutivo del CNCine.

Juan Martín Cueva es autor de los filmes ‘¿Dónde se encuentran los polos?’, ‘Este maldito país’, entre otros. Actualmente se desem­peña como Director Ejecutivo del CNCine. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

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Fernando Criollo

El 3 de febrero del 2006, la Ley de Fomento del Cine Nacional se publicó en el Registro Oficial Nº 202. El actual director del Consejo Nacional de Cinematografía hace un balance y proyección de la ley, tras 10 años de vigencia. En el 2008 el número de beneficiarios a través del Fondo de Fomento al Cine fue 26, mientras el 2015 , 65.

En el contexto de la historia del cine ecuato­riano, ¿qué significó la aprobación de la Ley de Cine en el 2006?

La etapa de vigencia que está completando su primer decenio ha sido de fortalecimiento de la producción cinematográfica ecuatoriana. En este momento, el debate se inscribe en la discusión sobre la Ley Orgánica de Cultura y la vigencia de la Ley Orgánica de Comunicación y la relación que de ahí se establece entre el cine y la TV. También está marcado por un cambio radical en las formas de acceso de los espectadores a los contenidos.

¿Cuáles serían las principales fortalezas y de­bilidades de la Ley de Cine frente a los actuales ritmos de producción?

La principal fortaleza es la base legal para que el Estado ecuatoriano pueda invertir de manera permanente, regular y progresivamente creciente, fondos para estimular la producción cinematográfica. La otra fortaleza es que, estratégicamente, al Estado no puede dejar de importarle la existencia de una cinematografía local.

Y, ¿las debilidades?

La primera es la ausencia de fuentes de financiamiento que no sean las del Presupuesto General del Estado. La otra es que hay un enfoque muy estrecho sobre la producción. Hay que intervenir en un espectro mucho más amplio de actividades, que van desde la investigación y la escritura de guión hasta la circulación y la formación de públicos. También hay que cambiar el enfoque de que el cine, como hace 10 años, es solo aquello que se proyectaba en salas en 35 mm. Ahora hacer cine implica un concepto distinto.

¿La Ley de Cine será absorbida por la Ley Orgánica de Cultura?

En principio se derogaría la Ley de Cine, porque sería reemplazada por un capítulo de la Ley Orgánica de Cultura sobre cine y el audiovisual.

¿Qué beneficios obtiene el cine y cuáles son las ventajas para el CNCine como institución?

La diversificación de las fuentes de financiamiento para el Fondo de Fomento Cinematográfico. La otra es que el CNCine se convertiría en un Instituto Nacional del Cine y el Audiovisual, donde se superaría el problema conceptual de dividir al cine y al audiovisual. Además, la Ley de Cultura dotaría al Estado de capacidades de regulación y control sobre la circulación, la exhibición y la distribución.

¿Esas competencias tie­nen que ver con regulación y control sobre exhibidores y distribuidores en el país?

Eso sería objeto de una reglamentación posterior. Pero el hecho de que existan facultades de regulación y control permite plantear políticas públicas que tengan incidencia en ámbitos como los de la exhibición y la distribución. Otro de los avances es que los trabajadores del arte y la cultura tendrán un régimen laboral específico, adaptado a sus condiciones reales de trabajo.

Hace 10 años se estrenaban entre una y dos cintas al año; mientras, el 2015 cerró con 12 estrenos. ¿Cuál es la relación entre la aplicación de la Ley de Cine y los actuales volúmenes de producción?

La dinámica que se ha creado en estos 10 años de inversión pública ha significado que se desarrollen capacidades y estructuras de producción que, en algún momento, dejan de depender del financiamiento público. Es positivo que haya una parte de la producción que no requiera de los recursos públicos pero que sí aproveche el marco legal de amparo, respaldo y formalización de la actividad.

¿Cuál es la diferencia en del término ‘cine ecuatoriano’ en el 2006 y ahora?

Cuando decíamos ‘cine ecuatoriano’ en el 2006, los políticos de esa época nos miraban con cierta condescendencia, porque no se visibilizaba el peso cultural y económico de una
cinema­tografía nacional. En este momento, si se habla de ‘cine ecuatoriano’ no se puede negar que existe una actividad permanente, regular, fortalecida y consolidada con
logros indiscutibles.

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