14 de noviembre de 2017 00:00

Juan Castro, un suscitador del mundo cultural

Juan Castro y Velázquez (con corbatín) durante un concierto de homenaje que se realizó en Guayaquil. Foto: Joffre Flores / EL COMERCIO

Juan Castro y Velázquez (con corbatín) durante un concierto de homenaje que se realizó en Guayaquil. Foto: Joffre Flores / EL COMERCIO

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Alexander García
Redactor
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El crítico e historiador de arte ecuatoriano Juan Castro y Velázquez (Guayaquil, 1947) viste con elegancia inglesa. Habla con una esmerada corrección, pero arrastra las erres, quizás como herencia de sus estudios en Alemania.

El gestor cultural sufre un cáncer en los huesos que lo ha obligado a usar una silla de ruedas; en ella curó, en septiembre pasado, una muestra sobre el naturista ecuatoriano Pedro Franco Dávila, una exposición del Museo Antropológico y de Arte Contemporáneo (MAAC). La enfermedad ha suscitado el homenaje y la solidaridad de músicos y artistas plásticos.

La semana pasada se organizó un concierto de música clásica y barroca, y para hoy (martes 14 de noviembre) está prevista una subasta de arte en el MAAC, entre otras con obras de algunos de los integrantes de Artefactoría: Jorge Velarde, Xavier Patiño, Marcos Restrepo, Marco Alvarado y Paco Cuesta. También se subastarán obras de artistas como Enrique Tábara, Hernán Zúñiga y Peter Mussfeldt; y lo recaudado será destinado al tratamiento médico del curador local.

Castro suscitó la aparición en los años 80 del colectivo La Artefactoría, un grupo de artistas que marcó la irrupción de lo contemporáneo en el arte visual de Guayaquil. El curador de numerosas exposiciones en los museos de la ciudad, también impulsó el proyecto del Fondo Sociedad Jóvenes Talentos, que ha apoyado la formación en el extranjero de jóvenes músicos locales.

Las exposiciones son cosas temporales. La Artefactoría solo fue una etapa, siempre he pasado rápidamente al siguiente proyecto”, indica Castro y Velázquez que también participó en la curaduría y montaje de exposiciones de artistas como Judith Gutiérrez, Estuardo Maldonado o César Andrade Faini.

Un legado más claro queda en el antiguo Museo del Banco Central, trabajé allí en los años 80 y formé la colección de pintura moderna del actual MAAC”, explica el curador. Parte de esa colección de arte moderno está exhibida en el Museo en el marco de la exposición de Bienalsur.

Es autor, entre otros libros, de un catálogo razonado sobre Manuel Rendón Seminario y uno sobre la obra de Andrade Faini. Actualmente tiene en el tintero un libro sobre el escultor italiano Enrico Pacciani. Ha terminado un volumen sobre el pintor español José María Roura Oxandaberro, quien recaló en Ecuador a inicios del siglo XX, pero que aún requiere revisar. “Necesita de una gran revisión y en las condiciones actuales es penoso emprender ese trabajo”, dice.

Paco Cuesta cuenta que fue Castro, entonces director de la Pinacoteca del Banco Central, quien expandió el horizonte de los artistas hacia el arte conceptual en los 80.

“La ciudad estaba dormida, estas manifestaciones extrapictóricas no eran conocidas. En ese sentido creo que abrí ventanas para que los guayaquileños se enteraran de lo que estaba pasando en el mundo”, dice el curador. Castro compara esa época con el momento actual, de crisis institucional. “Al mundo cultural de Guayaquil le hace falta una nueva revolución, a nivel institucional.

¿Cómo es posible que el MAAC esté funcionando sin aire acondicionado, que uno vaya al Museo Municipal y los ascensores no funcionen?”.

La Casa de la Cultura, que fue un orgullo para Guayaquil -dice- tampoco funciona como debería. “Se convierten en lugares que se disputan grupúsculos de carácter político y sectarista”, concluye.

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