4 de septiembre de 2016 00:00

Jorge Ortiz: Hoy, la devoción es desechable

Jorge Ortiz ha ejercido el periodismo por cerca de 40 años;se retiró hace seis años de la televisión, y hoy escribe libros de relatos históricos y artículos para la revista Mundo Diners. Foto: Diego Paller / EL COMERCIO

Jorge Ortiz ha ejercido el periodismo por cerca de 40 años; se retiró hace seis años de la televisión, y hoy escribe libros de relatos históricos y artículos para la revista Mundo Diners. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

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Ivonne Guzmán

La mayoría conoce de Jorge Ortiz su faceta de periodista. No imaginan que tras su imagen que la televisión mostró alrededor de 24 años cada día vive un lector voraz (no es una exageración, pues procura leer al menos 100 páginas al día) ni que una de sus pasiones, que algunos podrían calificar de devoción, es la historia.

Precisamente la devoción es el tema que nos junta en una de las cafeterías de la González Suárez; tema que nos lleva a hablar igual de Juan Gabriel que del Concilio de Nicea.

¿Qué tienen que ver la devoción y el amor?

Difícil decirlo, pero la devoción se refiere a imágenes y el amor se refiere a realidades. De hecho, para meterme un poco en la historia, en el segundo Concilio ecuménico de Nicea, que si no me equivoco se realizó en el año 787 (no se equivoca), la Iglesia después de arduos debates hizo una diferenciación: adoración, que podría de alguna manera equipararse al amor, es un culto reservado a dios; veneración es un culto dedicado a las imágenes o a los íconos o a los ídolos.

¿Había confusión?

A ver, las primeras creencias religiosas aparecieron prácticamente hace 130 siglos. Los humanos éramos politeístas, pero a partir de la filosofía del desierto, de la que nacieron las religiones monoteístas, la creencia en un solo dios reemplazó a dioses y diosas con los que la multiplicidad de seres humanos podían acomodarse. Pero el cristianismo de alguna manera derivó en lo que George Steiner llama: Un ideal monoteísta con una práctica politeísta. Con los santos, el culto mariano y la Trinidad, el cristianismo si bien cree en un solo dios es politeísta porque practica adoraciones múltiples.

¿Occidente es politeísta y no solo en lo religioso?

El ser humano tiene necesidad de venerar a alguien o a algo. Y a lo largo de toda la historia occidental hemos admirado y reverenciado, no sé si venerado, a personajes ilustres. Muchas veces a través de la cultura. La cultura en Grecia era la filosofía; la cultura en Roma era el derecho; la cultura en el Renacimiento eran las artes; la cultura en la Ilustración eran las ciencias...

Y ahora es el espectáculo.

Hoy, el espectáculo es el summum de la ilusión. Cuando la cultura se popularizó dejó de ser elitista, dejó de ser erudita, dejó de ser excluyente y se volvió masiva e inevitablemente se banalizó. Entonces ya dejamos de admirar a Platón, a Cicerón, a Voltaire, a Maquiavelo o a Freud.

Admiramos a Juan Gabriel.


Empezamos a admirar a los personajes de la cultura popular que es una cultura mucho más al alcance de cualquiera.

¿Este es uno de los síntomas de una sociedad cada vez más secularizada?

Sí, sin duda. El ser humano además en la actualidad ha hecho del consumo de entretenimiento su primer consumo. Lo cual no está mal, porque no está mal tratar de pasar un buen rato. Lo que está mal es convertir al entretenimiento en valor supremo, porque eso nos lleva a que se banalice prácticamente todo. Fíjate en la política; hoy el político no es un hombre de pensamiento, de propuestas, sino un hombre de tarima, de show.

¿La devoción requiere fe?

No necesariamente fe. Pero claro, la fe va un poco más allá de la devoción, que se refiere más bien a algo material y la fe se refiere a algo inmaterial.

Pero para ser constante en una devoción uno debe estar convencido y parte de esa convicción podría estar alimentada de una fe en algo o en alguien, ¿no?


Estas devociones en tiempos masivos son variables y perecibles rápidamente. Hay una gran admiración que se traduce casi en devoción por una figura del espectáculo y cuando los reflectores dejan de apuntarle, nos olvidamos y buscamos el siguiente, porque las grandes ilusiones de la cultura de masas duran lo que deben durar: el tiempo de su presentación. Cuando Platón o Cicerón reflexionaban lo hacían con un afán de perdurar, querían que su obra vaya más allá de su vida física.

¿Esta es una era de devociones desechables?


Todo es desechable actualmente. Todo es transitorio, perecible, momentáneo... Las cosas más duraderas provienen de otras formas culturales que, de alguna manera, han sido superadas, desechadas.

Identifique las señales de que una devoción se está volviendo nociva.


Así como la devoción a ciertas figuras nos pueden volver más tolerantes, la devoción a otros personajes nos puede llevar a la emulación de comportamientos torcidos, equívocos.

¿Cómo la devoción del pueblo de Corea del Norte por el ‘Amado Líder’?


Y no es el único caso; ¿no pasó algo así con la Cuba de Castro?, ¿no pasó algo así con la Italia fascista y la Alemania nacional-socialista?, ¿y con la Cambodia de Pol Pot, y con la Rusia de Stalin?, que siguieron a su líder con una devoción, con una veneración, más allá de la razón, cayendo en la autodestrucción.

¿Toda devoción por un ser humano siempre terminará mal?


No, porque también hay emulaciones positivas.

¿Por ejemplo?


¿La Madre Teresa no podría ser un caso? Ha habido en la historia también líderes que uno puede admirar: Gandhi, todos los líderes de la desovietización.

¿Son lo mismo la admiración y la devoción?

No, la devoción es un grado superior.

Entonces ahí es donde está el peligro, porque a las personas se las puede admirar pero no ser sus devotos, porque los seres humanos fallamos.


Claro, ese es el peligro. Sobre todo si es que perdemos la capacidad de discernir entre el ejemplo positivo y el negativo.

¿La incapacidad de discernir sería una de las señales de que la devoción está volviéndose nociva?


Y tal vez en una cultura de masas podemos perderla más fácilmente. Seguramente un habitante de la Atenas clásica tenía muy claro que debía seguir a Pericles y no a un charlatán de esquina. Hoy es más difícil porque con los reflectores y con el ruido y con los grandes aparatos propagandísticos para el político o para el rapero, podemos llegar a confundirnos y no saber cuál es el líder al que debemos seguir.

¿En qué escenarios de la vida sería mejor que la devoción esté contraindicada?


Fuera de las creencias religiosas, en todos.

En la religión hay devociones que implican hacer cualquier cosa, incluso cometer crímenes.


Ha pasado lo mismo en todas las guerras religiosas a lo largo de la historia. Porque todas las guerras religiosas implican pasar de la veneración al fanatismo. Y está la famosa teoría sobre las identidades asesinas.

¿De qué se trata?


Todos los seres humanos tenemos una multiplicidad de identidades; tú eres ecuatoriana, mujer, joven, periodista, etcétera. Todas esas identidades te hacen, valga la redundancia, identificarte con un montón de gente que tiene tus mismas identidades. Pero ciertas corrientes a lo largo de la historia han tratado de matar esa multiplicidad de identidades para dejar una sola identidad: el nazismo, por ejemplo. Ya no importaba si eras alemán, europeo, católico o protestante; eras alemán y entonces solamente podías identificarte con quienes tenían esa misma identificación: alemana. Las ideologías políticas extremas eliminan todas las identidades múltiples. Y esas, como (Amin) Maalouf las llama, son las identidades asesinas.

¿Usted tiene alguna devoción, voluntaria o involuntariamente?


Difícil decirlo. Tengo sin duda un fondo religioso, tengo creencias. Y admiro a las personas que han dedicado su vida al estudio. Tengo veneración por la erudición.

¿La lectura no está dentro de sus devociones?

Pero más que la lectura por sí misma, trato de aprender.

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