3 de diciembre de 2014 06:22

Jorge Drexler, un diálogo musical en el Teatro Sucre

Jorge Drexler en su concierto en Quito la noche del 2 de diciembre del 2014. Foto: Paúl Rivas / EL COMERCIO

Jorge Drexler en su concierto en Quito la noche del 2 de diciembre del 2014. Foto: Paúl Rivas / EL COMERCIO

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Fernando Criollo

El Teatro Sucre de nuevo /el aire fino de Quito / la mano se posa inquieta / y acaricia suavecito / la cintura del planeta. Ese fue el preludio poético con el que el cantautor uruguayo Jorge Drexler anunciaba su regreso a los escenarios de Quito, desde su cuenta en Twitter. Vino para ‘bailar en la cueva’ con el público quiteño que lo recibió con un cálido aplauso en el íntimo escenario del Teatro Sucre, la noche de este martes 2 de diciembre.

Drexler y los siete músicos que lo acompañaron en el escenario abrieron el show con un breve coreografía que enseguida dio paso a ‘bailar en la cueva’, tema que da nombre a la gira que lo trajo a Quito y también a su último disco, con el que acaba de recibir dos Grammy Latino en las categorías Grabación del año y Mejor álbum cantautor.

Agradecido desde el inicio por volver a encontrarse con el público ecuatoriano, el uruguayo compartió temas como Esfera, Transporte, Las transeúntes, desde su guitarra pero también desde la percusión. Pero Drexler en vivo no solo es un espectáculo musical sino un ameno diálogo lleno de anécdotas. Historias como la de aquella canción dedicada a Cadiz cuando fue designado como pregonero del Carnaval de aquella ciudad española. “Uno de los pocos extranjeros después de Cantinflas”, recordaba el músico, quien la noche de este martes quiso dedicarle su canción a Quito mientras le deseaba suerte en el concurso de las siete Ciudades Maravilla del Mundo.

También recordó a Mabel, la chica que en el colegio sorteó la comisión de padres de familia para encontrarse con su primer beso. Un tema romántico que provocó el encuentro cuerpo a cuerpo y puso a bailar a más de una entusiasta pareja. Y cuando el pasillo central estaba lleno de parejas de baile, Drexler dejó su guitarra y bajó para compartir la pista de baile con un par de espectadoras.

El baile dio paso al romance cuando Drexler se quedó solo sobre el tablado para interpretar los versos de Agustín Lara y su María Bonita seguida de Horas. Sin soltar los acordes, el músico guiaba al público para que acoja el ritmo de la siguiente canción con el chasquido de los dedos y así arrancó con Inoportuna.

Luego se puso serio para hablar de un irracional acto vandálico ocurrido en una escuela de integración judeo-árabe en Jerusalén. Un centro educativo bilingüe compartido por estudiantes árabes y judíos que fue incendiado y en cuyas paredes aparecieron mensajes de odio. Rechazo que lo hizo extensivo en los versos de la Milonga del moro judío.

De nuevo se encendió la fiesta entre charlas sobre física e historia. La algarabía del público transformó al Teatro Sucre en un punto ciego para la pena cuando todos cantaban La luna de Rasquí. Todo se transforma fue la canción que le dedicó a Luz Elena Coloma antes de despedirse de Quito con el tema Me haces bien.

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