19 de December de 2010 00:00

John Paulson, el hombre que le hizo jaque mate a Wall Street

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Olga Imbaquingo

Se convirtió en un Rey Midas de la noche a la mañana y un halo de su magia ahora llega a Guayaquil, donde gracias a su donación de USD 15 millones se construirá el Hospital Gineco Obstétrico Alfredo G. Paulson, bajo la dirección de la Junta de Beneficencia.

John Paulson, de 55 años, es el hombre que en EE.UU. se hizo archimillonario, sacándole ventaja a la última crisis financiera.Visto por algunos de sus colegas en el mundillo de los corredores de inversiones como inexperto, este hijo de ecuatoriano acaba de hacer la donación en memoria del cariño que Alfredo G. Paulson, su padre, tenía por Ecuador.

Paulson, tras la explosión de la burbuja de la vivienda que causó la crisis de las hipotecas y fue el desencadenante de la recesión mundial, obtuvo ganancias de la crisis financiera como nunca en la historia: alrededor de USD 15 000 millones.

Según la revista Forbes, Paulson ocupa el número 45 entre los más ricos del mundo.

Su aplomo para jugar la gran apuesta del siglo y su pasión por hacer dinero desataron la ira de columnistas como Chris Blackhurst, de la publicación Evening Standard de Londres: “La cárcel no es suficiente para este ven-dedor de seguros del demo-nio. Debería ser expuesto en la Quinta Avenida desnudo y ata-do a un poste para que todos podamos arrojar nuestra furia y desprecio sobre este monstruo codicioso”. Así escribió en febrero del 2009.

¿Cómo lo hizo Paulson? Allá, por el 2005, él tuvo la intuición de que se avecinaba una crisis del mercado de bienes raíces y que era mejor estar salvo cuando esta arribara. Nada de lo que hizo era ilegal, pero algunos se rascan la cabeza pensando si era moral estar “como cazadores esperando por su presa, Paulson y su grupo miraban los precios de las vivienda buscando por un signo de debilidad para apuntar el gatillo y disparar”, así escribe el periodista Gregory Zuckerman en su libro ‘The greatest trade ever’.Pero Wall Street es un casino y allí todo vale. Paulson jugó e hizo un jaque mate a los maestros del universo financiero. La historia estuvo de su lado y él se levantó forrado de plata y con el respeto como inversionista que por tanto tiempo le fue esquivo.

Este hombre, de apariencia tímida y de un hablar suave y a ratos imperceptible, en vez de ir de parranda prefiere volver pronto a casa para compartir con sus hijas y su esposa; ya tuvo mucho tiempo para la fiesta, hay artículos que lo describen como un “loco por la farra y la cerveza” en su soltería.

Convencido de que la caída del negocio de bienes raíces era inminente, él y su equipo de confianza en Paulson & Co. empezaron a comprar CDO, papeles de protección inventados por los bancos de inversión, que resultaron buenos para dejar muchas ganancias entre más se caía el valor de las viviendas y más gente se quedaba sin casa.

El periodista Gary Weiss de Portafolio.com es quien mejor describe: “Los USD 3 700 millones que ganaron él y sus inversionistas en el 2007 rompen todos los récords y eso lo hizo apostando en contra de los dueños de casa, los inversionistas de la vivienda y el resto de nosotros”. Ese fue el juego que Wall Street inventó, Paulson solo jugó y ganó.

Uno de los hilos de la historia de este personaje se extiende hasta Ecuador. Este Diario intentó entrar en contacto con Paulson, pero la representante de relaciones públicas, Armel Leslie, dijo que no era posible. Tampoco dos colegas que lo conocen quisieron hablar. Según el libro de Zuckerman, su bisabuelo, Percy Thorn, fue capitán de un barco noruego que ancló en el puerto de Guayaquil en 1890. Él conoció allí a la hija del embajador francés con quien se casó. Uno de los nietos de esa pareja fue Alfredo G. Paulson, nacido en Guayaquil.

A los 16 años emigró a EE.UU., este fue el padre del nuevo mago de Wall Street, quien creció en un barrio de clase media en Queens, Nueva York. Para ese entonces firmaban Paulson.

Hacer dinero estaba escrito. Su abuelo materno, Arthur Bolkan, le regaló una cajita de caramelos; el niño, en vez de chupárselos, prefirió venderlos a sus compañeros de la escuela. Eran “los primeros tanteos con el capitalismo”, escribe Zuckerman.

Le gustó el negocio, compró un cepo y hoy es el Warren Buffet contemporáneo. Con un coeficiente de inteligencia superior a la media, los números y el cálculo le venían bien al niño, también era bueno para Shakespeare y la literatura, pero perdió el interés y su norte. Así fue como a los 17 años decidió recoger los pasos de la juventud de su padre en Ecuador. Vivió en Salinas bajo la protección de un tío, un afamado constructor de viviendas, quien lo puso a trabajar observando que los obreros trabajaran.

En Salinas, una noche se enfrentó a los parámetros de clase social ecuatorianos. Conoció a una guapa joven de 16 años a la que la invitó a comer en el penthouse.

Uno de los empleados, enviados por el tío Paulson, llegó a golpear la puerta. “¡¿Qué está pasando aquí? Este tipo de gente no está permitida aquí!”, dijo apuntando a la joven, quien salió corriendo.

Era hija del jefe de Policía de Salinas. Ansioso de más libertad, Paulson se fue a vivir a Quito.

Para tener dinero entró al negocio de enviar camisetas desde Ecuador para vender en tiendas de renombre en Nueva York y, por último, al negocio de parqué para pisos. Dos años después volvió a continuar con sus estudios. Llegó hasta Harvard, donde se graduó con honores.

Tiene aversión a la prensa y le obsesiona mantener un perfil bajo. Sus acomodados vecinos del Upper East Side, en Manhattan, no saben que quien se baja del bus rumbo a casa es el gran ganador de esta crisis, que no tiene ni auto ni chofer porque casi no sale de su oficina.

En casa le espera su esposa, quien fue su asistente, una joven rumana que estuvo a punto de tirar la toalla por el mal carác-ter de su jefe. Pero él tenía deseos de “sentar cabeza” y estaba en busca de una compañera alegre y siempre sonriente. Se trata de Jenny Zaharia, a quien tenía muy cerca de su escritorio.

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