8 de octubre de 2014 00:48

Jared Leto salvó una vida en el show de Thirty Seconds to Mars en Quito

El 'frontman' de Thirty Seconds to Mars, Jared Leto,  durante su concierto en Quito, el 7 de octubre de 2014. Foto: Julio Estrella/ EL COMERCIO

Thirty Seconds to Mars se presentó en el Ágora de la Casa de la Cultura en Quito. Foto: Archivo

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Luis Fernando Orquera. Redactor

El Ágora de la Casa de la Cultura estaba lleno al 95% ayer martes 7 de octubre. El único claro a la hora del concierto era en la parte sur de la localidad VIP. El dúo de DJ locales D-Playground abrió el espectáculo. Uno de sus miembros se hace llamar JRK (antes era D-Jamz) y ha participado con regularidad en eventos internacionales organizados por Team Producciones.

El ánimo en las gradas era fácilmente disparado por cualquier estímulo. Ya sea una canción conocida lanzada por los DJ, una cámara de TV encendida o hasta la aparición del técnico de batería hacía estallar en agudos gritos a las fanáticas de general. Sin embargo, después del fin del set de apertura, los ánimos se apaciguaron hasta la llegada de Thirty Seconds To Mars.

Las luces se apagaron y volvieron los gritos. Los dispositivos móviles se encendieron desde el público y en los altoparlantes sonaba O Fortuna, uno de los movimientos de la obra neoclásica Carmina Burana del alemán Carl Orff.

Modestos movimientos de las luces lograban mantener el suspenso hasta que el guitarrista Tomo Milicevic apareció en el escenario seguido de el baterista Shannon Leto y su hermano Jared que lucía un atuendo influenciado por el Axl Rose de los 90 y el luchador Randy savage 'Macho Men'.

Así inicio el show con el tema Up In the Air y desde ese instante fue claro que el 'frontman' manejaría de principio a fin el recurso del 'sing along', que no es más que invitar al público a acompañarlo a cantar en las melodías de sus canciones.

La banda sonó bien si se considera la difícil acústica del lugar. Sin duda, el mejor instrumentista del grupo es Shannon ya que su particular estilo de tocar la batería es el motor que mantiene la energía del grupo siempre arriba.

Jared mantuvo una comunicación constante con su público. Incluso en un punto hasta prometió que regresaría de nuevo a Ecuador y más tarde, en un quiebre acústico antes del fin del concierto, se permitió unos minutos para grabar el cántico de la gente y enviarlo ese instante a sus redes sociales.

"Ecuador es mi segundo hogar. Eso es lo que voy a escribir", dijo el de pelo largo que para ese punto ya había dejado al descubierto su torso, quedando únicamente en shorts sobre un pantalón como superhéroe.

La gente coreo con más ahínco canciones como Queens and Kings, City of Angels y Do or Die. De hecho, cuando Leto pidió a la gente cantar la melodía de City of Angels, el público se equivocó e hizo Do or Die. Pero no importó, el cantante siguió con la corriente y prometió que para la próxima vez hablaría mejor español.

No faltó la parte con la bandera ecuatoriana flameando desde el brazo del vocalista ni tampoco los obsequios que le lanzaban desde las primeras filas. Se probó algunos de ellos, entre los que se incluyeron una pirámide (símbolo del grupo) pintada con los colores patrios, unas gafas gigantes y una máscara de diabluma.

Uno de los héroes desapercibidos de toda la noche fue el cuarto miembro del ensamble en vivo, el músico de gira Stephen Aiellio quien detrás de la estructura elevaba sobre el escenario a Letto tocaba el bajo, el teclado y cantaba coros como si estuviera frente al escenario; como si fuera un miembro oficial de la banda.

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Al final, justo cuando se tocaron los primeros compases de la última canción de la noche, Closer to the Edge, Jared detuvo la música. Desde el escenario vio que un muchacho estaba perdiendo oxígeno y pidió ayuda para que sea auxiliado. De inmediato fue llevado con las personas de la Cruz Roja para ser atendido.

Entonces, el cantante solicitó la ayuda de una traductora para pedir al público que retrocediera unos pasos para evitar que la gente del frente sea aplastada debido a la presión de la masa. Solo así y después de una espera de unos minutos la música volvió a dar inicio con la venia del también actor.

El escenario se repletó de fanáticos que eran escogidos por el cantante. Estos se juntaban a otros que aparecieron en el escenario al iniciar la canción. Todos los elegidos debían subir y ubicarse en línea detrás de Leto.

Sin embargo, una chica no se aguantó y al subir le dio un abrazo a su ídolo. Este respondió con un gesto algo displicente y con señas le indicó que fuera hacia atrás con los demás. Una barrera humana sostenía esta pequeña masa con el fin de que no llegaran a Leto.

Tan lejos pero tan cerca. Lo interesante es que solo unos cuantos se dieron cuenta o les importó que atrás de ellos, a tan solo unos centímetros, se encontraban Shannon Leto y Tomo Milicevic.

El concierto terminó con Shannon regalando sus baquetas al público mientras desde los parlantes sonaba la canción de los Cazafantasmas (Ghostbusters). Las luces se encendieron. Leto y compañía habían abandonado el edificio.

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