11 de junio de 2014 19:43

Jacinto Cordero, el poeta de los indígenas

El poeta Jacinto Cordero en la biblioteca de su vivienda, ubicada en el sur de Cuenca. Foto: Xavier Caivinagua/EL COMERCIO

El poeta Jacinto Cordero en la biblioteca de su vivienda, ubicada en el sur de Cuenca. Foto: Xavier Caivinagua/EL COMERCIO

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Mariuxi Lituma. Redactora

No tiene una hora exacta para caminar por el Centro de Cuenca todos los días, pero siempre lo hace, y procura recorrer 10 kilómetros. El poeta Jacinto Cordero Espinosa lo hace religiosamente de lunes a sábado. Incluso lo hizo el miércoles pasado, que recibió un homenaje por su trayectoria.

Este cuencano, de 88 años, disfruta de contemplar todos los días las casonas y edificios patrimoniales y encontrarse con amigos. “Esa belleza la comparó con mi poesía”.

Fue profesor de la Facultad de Derecho de la U. de Cuenca por tres décadas y Secretario de la Casa de la Cultura del Azuay por 42 años. Ahora permanece en su amplia casa poblada de árboles y flores.

Su obra poética recibió un reconocimiento en el Sexto Encuentro de Poesía en Paralelo Cero, que tuvo el apoyo de la Casa de la Cultura del Azuay. Allí se destacó su trayectoria y aporte a la literatura nacional.

Para la poeta Catalina Sojos, este homenaje es importante porque la obra de Cordero se destaca por su estilo y pureza... “Es uno de los poetas más reconocidos del país porque fue parte del grupo Elan, que se conformó en 1946 y transformó la poesía del país”.

Cordero no esconde su alegría porque poemas como ‘Elegía’, ‘Enigmas’, ‘La Llamada’, ‘Hijo del Hombre’, ‘Despojamiento’, entre otros, hayan sido reconocidos.

Un espacio amplio de su biblioteca está dedicado a las antigüedades en muebles de madera, Cristos y santos. También, están sus poemas, diccionarios novelas, libros de literatura, que revisa a diario.

No recuerda con exactitud cuándo empezó a escribir, pero se inspiró en temas universales como la mujer, la muerte, la vida, el amor y los indígenas.

Con este último grupo se siente plenamente identificado, porque en su niñez pasaba en la hacienda de Charcay, ubicada en Cañar. Siempre le gustó hablar con los indígenas y de ellos aprendió el kichwa.

Está convencido de que ese idioma le sirvió para conocer cómo es el campo, los animales, las montañas... Esas vivencias dieron origen a poemas como, ‘Para el hijo del hombre’, ‘Pueblo’, ‘Adiós’, ‘Madre’, ‘Tierra de rebaños’ y ‘Alambrada’.

Hace hincapié en que los indígenas han sido parte fundamental de su poesía porque admira su sabiduría, fraternidad y altivez, que por algunos años se trató de reprimir, “pero la inteligencia del indígena hizo que sus logros se visibilicen”.

El escritor Jorge Dávila dice que la poesía de Cordero fue transformadora, porque abordó temas universales como la identidad a través del tema indígena; con sus versos muestra un nuevo lenguaje y metáforas que no existían en el país a principios del siglo XX.

Otro tema que siempre ha estado presente es el amor. Con cierta picardía muestra una fotografía suya en blanco y negro. Allí, se retrata un hombre atractivo y entre risas dice que “tenía muchas mujeres, pero Hilda Vintimilla, mi esposa, me conquistó”.

La mujer por su belleza, feminidad, ternura y dulzura lo convoca y lo hace escribir. Según la responsable del museo del Salón del Pueblo de Cuenca, Nancy Arpi, esa dulzura no solo está en los versos, porque asegura que es un ser humano, con un gran sentido de solidaridad y muy respetuoso.

Con este criterio coincide Marta Orellana, del Museo Manuel Agustín Landívar, al señalar que Cordero Espinosa es conciliador y cuando existía algún inconveniente entre los compañeros de la Casa de la Cultura sabía exactamente la mejor forma de mediar.

También destaca que a pesar de que no es religioso tiene un vasto conocimiento de ese tipo de arte. Una muestra de aquello es su casa en la que cuenta con piezas históricas representativas de esta línea.

Cordero no va frecuentemente a misa, pero dice respetar a Dios. Cordero Espinosa tiene un solo tema que le resulta difícil topar; tan solo en su poesía puede expresarlo: la muerte. Perdió a su hijo Juan Pablo, cuando tenía 10 años.

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