4 de junio de 2017 15:42

Lucía Ponce: Con lo ‘inútil’, la mente respira

La librería de Lucía ‘Tochi’ Ponce tiene 10 metros cuadrados y está abarrotada de piso a techo de libros de segunda mano; no puede pensar en un lugar que la haga más feliz. Foto: Pavel Calahorrano / EL COMERCIO

La librería de Lucía ‘Tochi’ Ponce tiene 10 metros cuadrados y está abarrotada de piso a techo de libros de segunda mano; no puede pensar en un lugar que la haga más feliz. Foto: Pavel Calahorrano / EL COMERCIO

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Ivonne Guzmán. Editora (O
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Rodeada de pilas de libros, algunas de las cuales se sostienen en un frágil equilibrio, Lucía ‘Tochi’ Ponce se muestra radiante, despreocupada. Quizá sea porque se ocupa poco de las cosas ‘útiles’ de la vida. Sale de la concentración de las clases de italiano, que se procura de forma autodidacta por varias vías, y se dispone, de buena gana, a conversar sobre lo inútil, ese ca­lificativo que aterra al 99% de la humanidad.

¿Cuál es la mayor virtud de lo inútil?
Si es algo totalmente inútil tendría que tener una belleza estética, me imagino… Por ejemplo, los adornos que tienes en tu casa y no te sirven para absolutamente nada. O sea, mucho también tiene que ver con qué es inútil para unos y qué es inútil para otros. Este es un ejemplo típico (se refiere a la librería Tolomeo) de que las cosas son inútiles para unas personas, que son cosas que además les molestan…

Que caen en la categoría de basura.
Sí, de basura, pero para otras personas son un tesoro. Ahí está la hermosura, porque vienen acá y ven un libro y dicen: “¡Esto es lo que he buscado los últimos 20 años!” y se van llevando felices.

Es decir, ¿que la utilidad o inutilidad está más en la mirada de las personas que en los objetos o en las actividades en sí?

Claro, yo creo que eso es así definitivamente. Por ejemplo, hay gente que entiende el tiempo como algo útil, y quizá estar con los hijos puede resultarles inútil porque no están trabajando, no están ganando ni produciendo, cuando para los hijos estar con los papás es lo más hermoso y necesario; y es mejor que la plata.

¿Hay siempre algún tipo de utilidad en lo inútil?,
¿o hay cosas que son únicamente inútiles?

Hay cosas negativas que son inútiles para mí, como el racismo o el machismo. Inútiles son esas cargas que uno se pone en la vida, seguramente porque vienen en la historia de uno pero que no sirven para nada, como odiar a alguien, que es absolutamente inútil. Son cosas que no sirven para nada.

¿Por qué deberíamos defender espacios, actividades u objetos inútiles?
Pero primero tendríamos que definir qué es inútil. Dame un ejemplo de actividad inútil.

Contemplar el cielo.
Es que eso me parece que es parte de respirar, parte de vivir, y, en ese sentido, eso siempre ha sido útil.

¿El mundo de hoy nos obliga a ser hiperútiles?
Sí, me parece. Y la competi­tividad es uno de los conceptos claves en eso; porque está bien querer salir primero, pero esa cosa de criar hijos, con esta obsesión de tener que llegar, me parece que está haciendo que la gente crea que todo debe servir para algo. Y yo también creo a veces eso; a ratos estoy aquí sentada y digo: ¡Qué barbaridad, estoy sin hacer nada! Y no es así.

¿Hay quienes piensan que cuando lees no estás haciendo nada o que si lees tiene que servir para algo?
No concuerdo en absoluto. La lectura debe ser por placer. Eso de leer porque sirve para algo me parece terrible.

Es la manera de matar el gusto por la lectura.

Es matarlo. Si yo fuera presidenta dictadora del Ecuador haría un estudio de lo que se debe leer en cada grado de los colegios y contrataría a profesores motivados, que no te hagan detestar la lectura.

Defina utilidad.
Que sirve, que trae beneficios, que reporta algo, que si algo te regresa.

Ahora, inutilidad.
Lo opuesto pues, que no te sirve, que no te trae nada. Ahora, si tú crees que todo tiene que traerte algo estás en un problema. Si este negocio (la librería) se trataría de ganar dinero, ya estaría cerrado; como saben todos los libreros, el libro de segunda mano no es un gran negocio. Si te da para vivir, estate contento. Pero, en cambio, todo lo que me da por el otro lado es mucho, porque es una forma de vida. Para mí esa es la utilidad de la librería y claro que sería inútil si lo que quisiera sería billete.

Es útil proporcionando satisfacción emocional.
Exacto. Cuando yo abrí esto alguien me decía: “Ahorita hay un negociazo, se venden unas bombas de agua de ni sé qué y ganas una cantidad. Métete a eso, para qué te haces el problema de la librería”. Y yo decía: Y, en tres meses, ¿qué hago vendiendo bombas de agua? ¡Me doy un tiro!

¿Qué cosas útiles prefiere no hacer?
Empezando por no tender la cama (risas)… Y detesto la discusión de temas diarios que tienen que ver con que se dañó la lavadora, que llegó la cuenta o yo qué sé. Me gusta cocinar y conversar, y todo lo demás trato de hacerlo porque es parte de la existencia, pero yo podría obviar muchas cosas útiles. Cuando bajo a desayunar con mi marido y si empieza con temas ‘pedestres’, como yo les digo, y me cuenta que la plancha se ha dañado, yo le digo: ¿Vamos a conversar de algo interesante o qué? (más risas)

Nada útil del ámbito doméstico, entonces.

De la casa: la cocina. Es un placer, un deleite.

¿Cuáles son sus actividades inútiles favoritas?
Despertarme a las dos o tres de la mañana y oír el silencio. Y observar la noche, porque me parece seductora, fabulosa. Es una de las cosas que hago y que no tiene ninguna utilidad, porque incluso te ‘malduerme’ y estás con ojeras, pero es una delicia. Ah, y me paso imaginándome cosas.

¿Como cuáles?

Por ejemplo, como odio la basura me imagino que me nombran ministra de basura y llevo unos policías a El Quinche, a pasar diciendo: ‘Si mañana no está limpia su casa, le cobro 120 dólares’.

Sueña despierta.
Exacto, y aunque parezca inú­til puedo estar horas y me encanta. Y me hago toda la historia: qué pasa si es que no me pagan, por ejemplo; o si no, me imagino ver todo El Quinche con flores y limpiecito.

¿Qué perdemos si perdemos la capacidad de apreciar lo inútil?
Te doy un ejemplo que me parece que viene al caso. Hay un viejito que viene aquí y se para a conversar conmigo, y me cuenta su vida. Como son los viejitos, repite y repite. De ahí me cuenta historias y ve los libros; yo, generalmente, tengo el trabajo aquí hecho loma porque llevo sola esto. Se podría decir que ese tiempo con él es inútil, pero yo lo aprecio porque es tiempo con una persona. Lo que pasa es que estamos perdiendo la capacidad de apreciar a la gente.

Seguro, el señor no compra nunca un libro.

Jamás. Y me repite a veces la misma historia. Pero yo creo que perdemos humanidad si perdemos la capacidad de apreciar esto. Y perdemos la mirada estética; algo inútil puede ser hermoso y no lo vemos porque solo estamos buscando la utilidad de todo. En la ciudad, por ejemplo, ya no vemos las caras, los ojos. Por eso me parece que las relaciones humanas se afectan cuando queremos que todo tenga utilidad. Las amistades se podrían perder si uno quiere que todo sea útil.

¿Nos volveríamos unos manipuladores?
Sí, controladores, que siempre tratan de encontrar la uti­lidad a todo.

¿Algo superinútil que ­haya hecho y de lo que esté orgullosa?
Yo hice paracaidismo. Y no solo era inútil sino que podía matarme porque lo hice cuando tenía 20 años, en un país donde nada es serio, y me parece que es así hasta ahora (se refiere a Ecuador). Pero me pareció hermoso.

¿Y no le sirvió para nada?
Para nada. Ni me he hecho paracaidista ni he tenido que saltar de un avión. Fue una experiencia increíble.

¿Cómo se imagina un lugar poblado de objetos inú­tiles y en donde además solo se lleven a cabo actividades inútiles?
Sería un sitio lleno de muñequitos de Star Wars, porque dentro de mis obsesiones están las colecciones de muñequitos. Para mí, sería como un museo de muñecos donde la gente lo que haga sea imitar escenas de las películas.

¿Sería un lugar gozoso?
Sí, gozoso. Porque eso va por encima de comer, dormir y trabajar. El arte, la imaginación y esas cosas inútiles de la vida son importantísimas, porque la mente respira, vuela.

Lucía ‘Tochi’ Ponce
Nació en Quito en 1957. Es economista por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Hasta antes de abrir la librería de segunda mano Tolomeo, que este agosto cumple siete años, se dedicó por completo a hacer presupuestos y al área financiera (donde la utilidad mandaba). Trabajó en la Bolsa de Valores de Quito y en Martinizing. Está escribiendo un libro de cuentos que quiere publicar este año.

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