29 de abril de 2016 00:00

Un mural de Perugachy, en honor de Otavalo

Una pintura de gran formato, que adorna una sala del Municipio, es una de las últimas creaciones del pintor otavaleño.

Una pintura de gran formato, que adorna una sala del Municipio, es una de las últimas creaciones del pintor otavaleño. Foto: Francisco Espinoza/para El Comercio

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José Luis Rosales
Redactor.
(F-Contenido Intercultural)

La bebida sagrada de los dioses, elaborada con granos de maíz, es vertida desde una vasija de barro. La chicha es uno de los íconos que inmortalizó el maestro Jorge Perugachy, en un mural titulado Muy Nuestro.

La obra, que presentó a mediados de este mes en su natal Otavalo, está inspirada en el sincretismo cultural de esta localidad, que es el hogar de mestizos e indígenas.

La temática de Perugachy siempre se ha caracterizado por encarnar el mundo andino, razón por la cual el Municipio consideró que el artista, uno de sus hijos más talentosos, era la persona idónea para esta obra de gran formato.

Perugachy, amante del barroco, confiesa que en su mural vio conveniente rendir un homenaje al maíz, al que considera un regalo de los dioses.

La pintura incluye símbolos urbanos y rurales, tan propios del Valle del Amanecer como del coraza, el cacique de los ­kichwas, y las iglesias San Luis, El Jordán y San Francisco, que guardan la religiosidad de los otavaleños.

La pintura, ubicada en uno de los salones del Palacio Municipal, fue elaborada en seis meses. El artista prácticamente perdió la cuenta de cuántos bocetos hizo para armar como un rompecabezas el cuadro. Calcula que pudieron haber sido entre 200 y 300.

También perdió la cuenta de los viajes entre Quito, donde reside, y Otavalo. Y a sus 62 años considera que no termina de conocer su ciudad natal.

Durante los recorridos caminando por las largas calles siempre encuentra algo nuevo. Algunos de esos detalles, precisamente, los captura con su cámara fotográfica, que siempre tiene a la mano.
Luego, en la intimidad de su taller, en el norte de la capital, los recrea manualmente.

Con su mandil blanco, salpicado de cientos de colores, dio forma a su visión de esta urbe multiétnica. La propuesta final está plasmada en un lienzo de 5,10 metros de largo por 3,40 de alto. La chicha, considerada una bebida sagrada, ocupa el centro del dibujo. Unas manos sostienen una vasija inclinada, de la que cae el néctar dorado.

“El mural de Perugachy refleja la polifonía del realismo mágico andino y es un diálogo intercultural”, destaca Marcelo Valdospinos, crítico de arte.

El artista, que ha expuesto su obra en Estados Unidos, Francia, Bélgica, México, España, Inglaterra, Israel, Colombia, China... tiene un amor especial por Otavalo. Siempre que tiene oportunidad lo demuestra: en mayo del 2015 armó una exposición al aire libre en Punyaro, el barrio de su niñez. Por ahora, espera retomar el proyecto de la Pinacoteca para su ciudad.

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