1 de octubre de 2014 20:31

El convenio educativo de intercambio mejora el perfil universitario

Un grupo de estudiantes de la Universidad Internacional SEK  viajó a  España y participó en un proyecto de investigación arqueológica. Foto: Cortesía Archivo particular

Un grupo de estudiantes de la Universidad Internacional SEK viajó a España y participó en un proyecto de investigación arqueológica. Foto: Cortesía Archivo particular

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David Villacís. Redactor (I)
dvillacis@elcomercio.com

Viajar y conocer otras culturas fue lo que motivó a Carolina Tingo a aplicar en un programa de intercambio. Fue una oferta de la Universidad Internacional SEK (Uisek), donde cursa actualmente el último semestre de Ingeniería Comercial en Negocios Internacionales.

El pasado 27 de junio fue a Polonia para estudiar durante el verano en la Universidad de Lodz. Es una de los ocho alumnos que viajaron a ese país con el programa Summer School. Los estudiantes permanecen en las universidades extranjeras cerca de un mes y medio.

Según Tingo, esta fue una buena oportunidad para fortalecer sus conocimientos académicos gracias a unos seminarios especializados sobre economía mundial y sociología. Pero además pudo perfeccionar el inglés, ya que las conferencias las impartieron en este idioma.

Otro grupo de 20 jóvenes, en cambio, viajó a Segovia (España) para realizar un proyecto de investigación arqueológica, en el que acudían básicamente los estudiantes de Arquitectura y Ciencias Ambientales. Las actividades consistían principalmente en realizar hallazgos, y de hecho se han encontrado pisos y paredes de mármol, jarrones y pedazos de baldosa.

La idea era que los alumnos, desde sus especialidades, aporten con sus conocimientos. Así por ejemplo, los del área de Ambiente se encargaban de cuidar que el impacto en el entorno no sean tan fuerte.

En Ecuador, cada vez hay más universidades que optan por este tipo de convenios para ampliar su oferta académica. Y la demanda de estudiantes también se ha incrementado.

En la Uisek, por ejemplo, hace 5 años apenas 5 o 10 estudiantes iban de intercambio, ahora entre 30 y 40. Sus estudiantes pueden permanecer entre uno y dos semestres en el exterior.

Estos programas han ido evolucionando en beneficios, como tomar materias que después puedan ser convalidadas en el país, según Johanna Morales, directora de Relaciones Interinstitucionales.

Pero los intercambios no son útiles únicamente para completar los créditos académicos, sino también para involucrarse con el campo práctico. José Andrade, por ejemplo, estudió Medicina en la Universidad Internacional del Ecuador. Al terminar el quinto año viajó a Estados Unidos para realizar prácticas en el Hospital Johns Hopkins, de Baltimore.

Allí pudo atender a pacientes, colocar inyecciones y elaborar historias clínicas. Contó con la guía de un médico principal. “Fue una oportunidad de aprendizaje muy chévere”, comenta este joven de 25 años. Él accedió a estos beneficios gracias a los convenios que tiene su universidad con algunos hospitales del exterior.

Para Andrade, una de las principales ventajas de estos programas es que abren oportunidades para tejer una red de contactos que pueden ser claves al terminar la profesión y hacer un postgrado.

En otras universidades como la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), unos 50 estudiantes viajan cada semestre; la mayoría a Estados Unidos, México, Argentina y Chile. Según la directora de Relaciones Internacionales de la PUCE, María Isabel Aguinaga, actualmente mantienen convenios con alrededor de 20 universidades y las modalidades de intercambio varían.

En algunos casos, el estudiante debe pagar la alimentación, manutención y alojamiento, mientras que en ocasiones se llegan a acuerdos para que los jóvenes sean recibidos por familias en el país de destino. Uno de los principales objetivos de los alumnos es aprovechar el intercambio para adelantar materias.

Ese fue el caso de Daniela Bahamonde, quien estudia el último año de Economía en la PUCE. Esta joven de 24 años viajó el semestre pasado a la Universidad Iberoamericana de Puebla, en México, donde pudo estudiar asignaturas de su profesión como finanzas, mercado de capitales, economía internacional y financiera.

Para esta universitaria, la experiencia fue sumamente provechosa; incluso desde el aspecto económico, ya que sus costos académicos estaban cubiertos, a diferencia de varios de sus compañeros, quienes mensualmente pagaban cerca de USD 1 100. “Lo más caro que me resultó fue la residencia, que costaba USD 320 al mes”, explica Bahamonde.

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