12 de febrero de 2016 00:00

Las rocas de Ingapirca fueron recuperadas

La obra: 50 obreros de la comunidad participaron en la primera fase de mantenimiento, que duró dos meses y costó USD 100 000. Antes del trabajo, las rocas tenían una tonalidad negra. Foto: Cortesía Marco Velecela

La obra: 50 obreros de la comunidad participaron en la primera fase de mantenimiento, que duró dos meses y costó USD 100 000. Antes del trabajo, las rocas tenían una tonalidad negra. Foto: Cortesía Marco Velecela

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Lineida Castillo

El complejo arqueológico de Ingapirca, el más importante del Ecuador, estuvo más de dos décadas sin una conservación integral de su estructura y estaba en riesgo.

La semana pasada concluyó la primera fase de este mantenimiento y con ellos se frenó el deterioro de la piedra. La restauración duró dos meses y empezó en diciembre pasado.

Según los estudios, la totalidad de la estructura del complejo, ubicado en el cantón Cañar -compuesta por muros de piedra- estaba afectada por la microflora de hongos, líquenes y musgos. Esto se debe a los fenómenos como la lluvia, sol, el viento, la humedad…

Ingapirca, construido en el siglo XVI en la actual parroquia Ingapirca, término kichwa que significa muro de piedra. Ocupa cuatro hectáreas, donde hay vestigios de edificaciones, plazas, baños ceremoniales, adoratorios… de los incas y los cañaris.

Las rocas de los muros adquirieron una tonalidad negra y las uniones de las piedras estaban desajustadas en varios sitios. La parte superior que cubre los muros llamada lomillos o cuchilomos (por la similitud con la espalda del cerdo) se había disgregado y el agua de la lluvia ingresaba al interior con facilidad.

Para el arquitecto Marco Velecela, quien dirigió la primera fase de restauración, por este deterioro acelerado había el riesgo de que algunos muros colapsaran. La elipse (construcción principal del complejo o adoratorio del sol) está seriamente afectada por el conocido cáncer de la piedra.

Restauración piedras de Ingapirca

Para las intervenciones se acogieron las recomendaciones establecidas en los estudios, hechos por la administración del complejo en los últimos cinco años, como el uso de técnicas no agresivas y ancestrales. Es decir, el uso de materiales que más se ajusten a los empleados durante la construcción original. Se realizaron pruebas de laboratorio en las que se comparó el barro usado originalmente con otros existentes en el entorno.

50 indígenas y campesinos de Ingapirca –dirigidos por un arqueólogo y un arquitecto- intervinieron en 3 080 metros cuadrados de superficie de muros. En esta fase no se tocó a la elipse, porque ese espacio está afectado por otra enfermedad y necesita otro tipo de tratamiento, dijo Cristian Cerpa, gerente del complejo arqueológico.

Para extraer la microflora de los muros se usaron espátulas de madera (no abrasivas) y tuvieron la precaución de no retirar la pátina, que es una fina capa natural que protege a la piedra y que se forma con el paso del tiempo. La killucaca, que es una mezcla de arcilla de la zona con arena, se usó como mortero para unir las piedras y recuperar las cuchilomas.

Según Velecela, las pruebas determinaron que la mezcla es consistente, no se disgregará fácilmente y garantiza una vida útil de por lo menos 20 años. No se emplearon elementos químicos para no alterar su naturalidad y preservar las características auténticas de este bien patrimonial.

Otras intervenciones que incluyeron esta primera fase fueron la conducción y canalización de las aguas lluvias y el arreglo de los senderos definidos dentro del complejo y que conducen a monumentos como la Cara del Inca.

Mónica Quezada, directora del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural Regional Austro, cuenta que en este proceso de recuperación, la utilización de mano de obra de la zona (adultos y jóvenes) jugó un papel importante en la conservación. “Se recuperaron y se transfirieron los saberes ancestrales de los más viejos a las nuevas generaciones. Además, se puso en práctica con criterios técnicos”.

Por ejemplo, Antonio Silva, habitante de Ingapirca, trabajó en las tareas de conservación que se realizaron en 1994 (cuando se hizo la primera restauración integral) y fue tomado en cuenta para este último proceso. Su aporte fue en la elaboración de la killucaca y en la aplicación delicada y precisa en las aberturas de las rocas ensambladas.

Esta reciente intervención se financió con USD 100 000 del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural. Desde hoy en adelante se hará un registro exhaustivo de la rehabilitación, para determinar posteriores patologías y acciones específicas, señaló Quezada.

La segunda fase se iniciará en abril próximo y se centrará en la elipsis del complejo. De acuerdo con los estudios se realizará la impermeabilización de la piedra con un material que aún está en estudio y se cambiará la geomembrana de una parte del piso de esa área, que ya cumplió su vida útil.

El denominado cáncer de la piedra se produce porque el agua de la parte superior se filtra y se pega a las partes visibles. Con la temperatura de hasta dos grados centígrados en la noche y 26 durante el día la piedra cumple un proceso de exfoliación. Es decir, se carcome por partes.

Estas rocas contienen carbonatos y sulfatos, que al desprenderse con la humedad aflora hacia el exterior y provoca que la piedra se disgregue en placas gruesas o laminares (finas). Para Velecela, cualquier alternativa que se utilice debe acercarse a la autenticidad y no debe alterar el patrimonio.

Cañar  

Una segunda fase del proceso de mantenimiento se realizará en la elipse y empezará en abril

A tener en cuenta

100 000 visitantes dejan ingresos por USD 320 000.
Esos recursos  se reinvierten en el mantenimiento.
Cuatro nativos realizan tareas de limpieza de maleza.


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