31 de agosto de 2015 00:00

Los materiales influyen en los sonidos andinos

En su taller de Cuenca, Oswaldo Morocho elabora diferentes tipos de instrumentos de percusión con pieles de animales. Foto: Xavier Caivinagua/ EL COMERCIO.

En su taller de Cuenca, Oswaldo Morocho elabora diferentes tipos de instrumentos de percusión con pieles de animales. Foto: Xavier Caivinagua/ EL COMERCIO.

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Jackeline Beltrán
Redactora 
(F- Contenido Intercultural)

Solo un oído que convive con las notas musicales puede distinguir la diferencia exacta entre dos tambores elaborados con cuero, el uno de borrego y el otro de chivo. Aunque el golpe produzca un efecto similar, el cuencano Oswaldo Morocho sabe que no es así.

El primero produce un sonido más agudo, ideal para construir timbales y el segundo es su preferido para un tambor de rituales indígenas. Aunque esos instrumentos son parte de una misma familia, se diferencian, en parte, por el material del que están construidos.

Ese es uno de los secretos de la música andina. Por eso, en el taller de Morocho, uno de los pocos constructores tradicionales que quedan en Azuay, abundan los retazos de cuero de chivo y borrego, cuernos de cabra o toro, vértebras de pescado, plumas de pavo, cera de abeja y otros materiales que son su materia prima.

Él también es músico, por eso conoce la importancia del material en la producción sonora. Cuando empezó a elaborar los instrumentos, Morocho procesaba el cuero de los animales, pero era un trabajo complejo. Ahora tiene un proveedor que le entrega retazos ya curtidos de diferentes variedades.

Otros materiales que usa son reciclados. A cada objeto que encuentra o le regalan le busca una utilidad. Con las vértebras de pescado elabora boquillas para flautas, porque asegura que producen un timbre especial, melancólico, que se acopla a las melodías andinas. Con plumas grandes, como las de pavo, construye rondadores.

El material también depende de la región a la que pertenecen los instrumentos. La caja o tambor cañari va cubierta con piel de borrego, como la que los cañarejos usan en sus zamarros (pantalones especiales de cuero). El tambor shuar, en cambio, lo construye con piel de sajino (cerdo de monte).

En el mundo andino, tan importante como la habilidad para interpretar un instrumento, es el conocimiento de la técnica constructiva, asegura María Teresa Arteaga, investigadora de la dirección regional del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural. Por eso, cuando esta institución hizo un registro del patrimonio sonoro incluyó a los pocos artesanos que aún se dedican a esta actividad.

El artesano Alfonso Saquipay es parte de ese listado, también es músico. La quipa es una de sus especialidades, por eso sabe la importancia del material. Aunque este es un instrumento más bien natural, su uso es de gran importancia. El sonido potente que emite lo convierte en el favorito de los indígenas para dar avisos o señales.

Para Saquipay, la sensación no es la misma al escuchar el llamado de una bocina con el cuerno de un animal, que la vibración producida por un cono de metal o sintético. Por eso, los intérpretes seleccionan con cuidado el instrumento, aunque en la actualidad son pocas las personas que los elaboran con los materiales auténticos, porque, además, son costosos.

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