19 de mayo de 2017 00:00

Indígenas cuidan los páramos y emprenden

Los indígenas de la parroquia Pasa recorren las zonas recuperadas.

Los indígenas de la parroquia Pasa recorren las zonas recuperadas. Foto: Glenda Giacometti / EL COMERCIO

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Fabián Maisanche
Redactor (I)

Los indígenas de Tungurahua se han convertido en guardianes del agua, formadores de líderes, emprendedores rurales y guías turísticos en los últimos 15 años.

Estos logros se han coordinado desde la Unidad de Movimientos Indígenas y Campesinos de Tungurahua con el Gobierno Provincial en el denominado Nuevo Modelo de Gestión de Tungurahua.

La organización reúne al 25% de la población de la provincia que está representada en los presidentes del Movimiento Indígena de Tungurahua (MIT), del Movimiento Indígena y Campesino de Tungurahua (MITA) y de la Federación de Organizaciones, Pueblos Indígenas y Campesino Evangélicos de Tungurahua (AIET).

Según Eustaquio Tuala, presidente de AIET, la unidad de los dirigentes se dio para la lucha social, la disminución de la pobreza y el rescate de la identidad y cultura de los pueblos. Además de la revalorización de los preceptos ancestrales indígenas como el ama llulla (no mentir), ama shua (no robar) y ama quilla (no ser ocioso).

Tuala explica que bajo esas premisas se realizan actividades y proyectos en las comunidades con el apoyo económico y técnico de la Prefectura. “Hemos logrado consolidar y fortalecer la unidad de las organizaciones desde el 2003. Una agenda de trabajo conjunta nos ha permitido ser visibilizados y contar con nuestro aporte ancestral en el progreso de la provincia”.

Uno de los logros entre indígenas, autoridades y organizaciones privadas es la conservación de los páramos con el denominado Fondo de Páramos y Lucha contra la Pobreza.

Allí se delinean las constantes capacitaciones a los comuneros con técnicos de la Prefectura sobre la reducción de la carga animal en las zonas altas. Además, se busca alternativas de producción agrícola, artesanal o microempresarial.

Para Ángel Punina, agricultor de Yatzaputzan, el proyecto de conservación del páramo en los sectores como Cunuyacu, La Esperanza y Tamboloma mejoró la calidad de vida de las comunidades.

El campesino, de 45 años, cuenta que las vertientes de agua volvieron a brotar y los pequeños riachuelos recuperaron sus cauces luego de que los musgos y las almohadillas gigantes se recuperaran. Estas plantas nativas almacenan y retienen el agua.

“Los compañeros se dedicaban al pastoreo de ganado ovino, vacuno y caballar que destruía las áreas verdes; poco a poco comenzó a escasear el agua”, sostiene el dirigente. Agrega que tras un acuerdo y con capacitaciones este espacio ya fue desalojado.

Uno de los proyectos desarrollados es La Vaquería y el Centro de Acopio de la Leche con el propósito de mantener la cobertura vegetal, biodiversidad y la regulación hídrica en la zona alta de la parroquia Pasa. Los dirigentes de la Unión de Organizaciones Campesinas e Indígenas de Pasa, que agrupa a 1 600 familias de ocho comunidades, recibieron 150 hectáreas para la producción agropecuaria.

Inés Olovacha, presidenta de la Junta Parroquial, explica que cada una de las comunidades tenía un lote pero se conformó un solo predio de 50 hectáreas para la construcción de la obra. “Con la implementación de estos proyectos se generaron plazas de trabajo y se cuida la naturaleza”, dice Olovacha.

Otra de las estrategias es la recuperación de los valores culturales, los encuentros de líderes juveniles, la capacitación a las madres parteras y la formación de emprendimientos comunales. Además, del mejoramiento en la crianza de ovinos, cuyes, alternativas turísticas en las comunidades y el asesoramiento técnico en la producción de quesos, caramelos, panaderías y otros.

Uno de los emprendimientos comunales es la panadería Saladeñita en la comunidad El Salado, ubicada en la comuna Llangahua de la parroquia Pilahuín. El emprendimiento fue implementado con el Gobierno Provincial y financiado con recursos provenientes de la comunidad en el Concurso Nacional Premio Verde.

Martha Tixilema es parte del emprendimiento que abastece con el producto a la zona alta de la comuna. La campesina, de 35 años, explica que con la ayuda de los dirigentes y técnicos aprendió a preparar bocaditos, tortas, donas, empanadas y otros manjares. “La economía de mi familia mejorará con la elaboración del pan”.

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