31 de julio de 2015 17:45

Antigüedades recuperan su protagonismo en Imbabura

La decoración con muebles, objetos y accesorios viejos es una tendencia que gusta a los habitantes de la provincia. Foto: José Mafla/ EL COMERCIO

La decoración con muebles, objetos y accesorios viejos es una tendencia que gusta a los habitantes de la provincia. Foto: José Mafla/ EL COMERCIO

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Washington Benalcázar
Redactor (I)

Las planchas de hierro abiertas se utilizan como floreros de rosas secas; las bateas de madera como lienzos de pinturas que resaltan en las paredes, las puertas labradas en tablones de mesa… Y así por el estilo...

El uso práctico de los artefactos, herramientas y muebles antiguos en la decoración de casas y oficinas es una tendencia creciente en Imbabura y otras provincias . Así lo comenta Franklin Patiño, coordinador académico de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica de Ibarra.

También explica que estos elementos se conjugan mejor en los inmuebles que tienen diseños y técnicas de construcción vernáculas. Una de ellas es la Hostería Chorlaví, la primera hacienda del país que cambió su vocación agraria por el turismo, hace 45 años.

En los largos corredores, amplios salones y acogedoras habitaciones de esta casona, de paredes de adobe y techos de teja, resaltan aparadores, mesas, armarios, veladores… Muchas son piezas únicas, que los dueños del local han ido adquiriendo con el tiempo.

Andrea Tobar, la actual propietaria de la hostería, cuenta que su abuela, Patricia Álvarez, luego de casarse con su abuelo, José Tobar, recorría San Antonio de Ibarra cambiando los regalos de matrimonio por antigüedades.

La gente de la parroquia comentaba que doña Patricia estaba mal. Sin embargo, ella estaba acumulando un verdadero tesoro, que ahora, en la actualidad, es muy apreciado.

Recientemente, la Hostería Chorlaví fue remodelada. “Buscamos mantener la esencia de la hacienda con los muebles antiguos. Pero, al mismo tiempo, los fusionamos con detalles modernos. Los baños, por ejemplo, tienen mesones de granito y duchas amplias y cómodas”. Con ello, se busca una mezcla del pasado con lo contemporáneo, explica Tobar.

En la capital de Imbabura, hay viviendas que guardan piezas antiguas. Muchos son recuerdos familiares. En la denominada Casa de la Ibarreñidad resaltan los cuadros pintados en lienzo y los muebles de la familia Ayala Mora.

Uno de los detalles más pintorescos es la imagen de dos armaduras metálicas, que parecen montar guardia eternamente, en el tercer piso de este inmueble, que hoy utiliza el Municipio de Ibarra.

Los que más aprecian las antigüedades son los ciudadanos extranjeros, quizá porque en sus países no podrían conseguirlos, asegura Andrea Tobar.

En eso concuerda Elizabeth Ortega, propietaria de la Casa de las Antigüedades, el almacén más grande de su género en la Sierra norte.

En ese local, ubicado en San Antonio de Ibarra, junto a la carretera Panamericana, resaltan muebles de madera, cuadros de óleo, utensilios de bronce, vajillas de porcelana y herramientas metálicas…. Es un verdadero paraíso para los anticuarios y decoradores.

Entre sus clientes están las hosterías: Chorlaví, Cusín, El Rancho Carolina y los estadounidenses residentes en Cotacachi, asegura Ortega. Por esa razón, Ortega tiene planificado abrir una sucursal en esa ciudad.

En la Casa de las Antigüedades es posible encontrar desde curiosos adornos, como la figura de una mujer vestida con un traje rosado que baila al interior de una botella, hasta puertas de seis metros de alto por cuatro de ancho, que alguna vez aseguraron las iglesias y los conventos. “Las puertas labradas, cubiertas por un vidrio templado, son utilizadas como tablones de mesa”.

También tienen mucha demanda las planchas a carbón, tanques lecheros, radios con caparazones de concha y madera, que antes fueron algunas de las últimas maravillas traídas de Europa y los Estados Unidos.

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