5 de julio de 2017 00:00

Identidades locales son retratadas en documentales

La cinta‘Soy conchero’ cuenta la vida de Edison Huacón.

La cinta ‘Soy conchero’ cuenta la vida de Edison Huacón. Foto: Cortesía

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Alexander García
Redactor
(F - Contenido Intercultural)

Los trabajos se acercan a distintas regiones del país. A menudo parten de oficios ancestrales para retratar diversos poblados de Ecuador y ahondan en historias de un grupo étnico como el cholo pescador. Ese el caso de los documentales como ‘Soy conchero’, sobre los recolectores de concha de Puerto El Morro, y ‘Los viejos y el mar’, sobre pescadores artesanales de General Villamil Playas; ambas poblaciones de la provincia del Guayas.

En la cuarta edición de la muestra audiovisual ‘Identidad, retratos en documentales’, estudiantes de último año de Comunicación de la Universidad Católica de Guayaquil produjeron seis trabajos sobre diversas poblaciones del país.

Los documentales, de máximo 15 minutos, abordan desde los sueños de fútbol de los niños afroecuatorianos del valle del Chota (Imbabura) hasta la historia de una pareja de agricultores, productores de panela en una zona agreste de Cariamanga, Loja.

“Los trabajos audiovisuales revelan el ingenio, la pasión y el legado de sus protagonistas en el momento de trabajar con lo que les ofrece el entorno o de enfrentar grandes obstácu­los que se les ha presentado en la vida”, dice María Elena García, coordinadora de la muestra y productora de ‘Ser conchero’. “Más allá de ser oficios, tradiciones o actividades, se encuentra el hecho de preservar precisamente la identidad que han elegido”.

Ser conchero’ se detiene en la vida de Edison Huacón, un recolector de conchas de Puerto El Morro, quien describe la labor que le ha heredado a su hijo y comparte la ca­maradería de las jornadas con sus compañeros.

Gabriel Cornejo, director del documental ‘Los viejos y el mar’, cuenta que llegó a Balcón del Pacífico, una comuna de pescadores de Playas, en busca de mujeres involucradas en las faenas de pesca artesanal. Pero ante la cantidad de pescadores octogenarios aún involucrados en la actividad, se decantó por contar la historia de los adultos mayores en un oficio en el que no parece haber edad de jubilación.

Los viejos y el mar’ cuenta el contraste de la historia de los hermanos Suárez, y el misticismo con el que han afrontado su trabajo. Blas Suárez tiene 80 años y anhela poder volver a pescar, pero la luz del mar lo ha dejado ciego, lo que lo imposibilita para el oficio al que se dedicó toda la vida. Su hermano menor, Daniel, bordea también los 80 años y aún sigue saliendo a pescar en alta mar, a pesar de que tiene también un problema en la vista, según cuenta Cornejo. En una faena –dice-, un pez le golpeó la cara y ahora prácticamente pesca con la vista de un solo ojo.

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