17 de julio de 2015 20:23

Un rincón en los Andes para la relajación

Frente al lago San Pablo, en Otavalo, opera Sacha Jí. Ahí se realizan terapias de sanación. Foto: José Mafla/ EL COMERCIO

Frente al lago San Pablo, en Otavalo, opera Sacha Jí. Ahí se realizan terapias de sanación. Foto: José Mafla/ EL COMERCIO

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José Luis Rosales
F (Contenido Intercultural)

El olor de los árboles de eucalipto que rodean a la Hostería Sacha Jí, ubicada en San Pablo de Lago, en Otavalo, atrapa a los visitantes.

El nombre es un juego de palabras en los idiomas kichwa e hindi (Sacha: montaña) y (Jí: querida). Así explica Luis Antamba, administrador de esta hostería, miembro de la red Healing Hotels of the World.

A diferencia de otros establecimientos turísticos que florecen en torno al lago imbabureño, Sacha Jí tiene una oferta singular.
Los visitantes (tiene capacidad para acoger 33 huéspedes) pueden disfrutar desde terapias de sanación y cursos de fotografía hasta conocer las plantas medicinales y realizarse distintas terapias.

Sacha Ji

María Teresa Ponce, arquitecta, fotógrafa y maestra de kundalini yoga, es la autora intelectual de este sitio que promete bienestar y conexión con la naturaleza. Las instalaciones de Sacha Jí están conformadas por cuatro edificaciones individuales de forma circular.

El diseño, combinado con jardines y un huerto orgánico, está inspirado en la filosofía del feng shui, que busca el bienestar de las personas. Uno de esos detalles que se encuentran en las edificaciones, cuyas paredes son de color blanco, son las curvas que reemplazan a las esquinas en los muros.

Según Antamba, las formas circulares permiten que la energía fluya. “Nuestra propuesta es crear espacios que respetan al ser humano y al medioambiente”.

Sacha

Ponce incluyó detalles como la colocación de paneles solares para garantizar la energía eléctrica. Las amplias ventanas, que permiten una vista panorámica del lago San Pablo, son termoacústicas.

A cada uno de los visitantes les cuentan detalles de la construcción. Les dicen, por ejemplo, que en el contrapiso se colocaron más de 2 000 neumáticos usados como aislante térmico y apoyo antisísmico.

La decoración interior también es meticulosa. Resaltan rosas de colores diferentes en cada uno de los rincones.

Los servicios preferidos por los clientes son las terapias de sanación. Se trata de prácticas como: el kundalini yoga, ejercicio físico, respiración, relajación y meditación, que conectan cuerpo, mente y espíritu.

Otra es el denominado ayurveda, una filosofía desarrollada en la India que se usa para guiar a la mente y al cuerpo hacia una paz interior profunda. También está el lomi lomi, que busca restablecer el equilibrio general de una persona, estimulando la circulación de la sangre y los fluidos. Igualmente la limpia andina, que busca sacar la mala energía del cuerpo con prácticas indígenas que utilizan hierbas curativas, entre otros.

Estas sesiones son dirigidas por expertos, como Rosa Colta, de la comunidad de Angla. Ella dirige las limpias, de forma individual o colectiva. También transmite sus co­nocimientos sobre las propiedades sanadoras de las plantas. Para ello, utiliza el huerto local. Una de las recetas que ofrece para bajar la tensión es un té preparado con hojas de lavanda, romero y miel de abeja.

Un capítulo aparte merece la gastronomía que ofrece el hotel. No poseen platos a la carta pero sí una receta propia, elaborada tomando en cuenta el poder nutricional de los diferentes productos.

Hay comida vegetariana y platillos con carne blanca, en la que resaltan mariscos como la corvina, el dorado, la trucha, el camarón, etc. El chef Daniel Masabanda sorprende a los visitantes. El pasado miércoles 15 de julio ofreció a los turistas una trucha en salsa de almendras y berenjenas apanadas.

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