7 de agosto de 2015 00:00

El voluntario lleva apoyo emocional a los pacientes con enfermedades incurables

Mirian Sotomayor (azul) acude a las habitaciones del Hospice San Camilo y escucha las anécdotas de los pacientes. Foto: Julio Estrella/ EL COMERCIO

Mirian Sotomayor (azul) acude a las habitaciones del Hospice San Camilo y escucha las anécdotas de los pacientes. Foto: Julio Estrella/ EL COMERCIO

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Isabel Alarcón
Redactora (I)

Llevar esperanza a enfermos incurables, en sus últimos días, es lo que ha motivado a un grupo de voluntarios que destinan su tiempo para apoyar a los pacientes y a sus familiares. Su labor empieza cuando los especialistas aseguran que es el fin. Los cuidados incluyen visitas a los hogares, apoyo en el duelo a las familias y el soporte emocional en el Hospice San Camilo.

Ximena León realiza los cuidados paliativos desde enero de este 2015. La muerte de su esposo fue lo que la motivó a incursionar en esta labor, ya que quería retribuir de alguna manera lo que otros voluntarios hicieron antes por ambos. Cada miércoles acude a la casa de las personas que por alguna razón necesitan recibir los cuidados en el hogar. Su labor principal es la terapia a través de la conversación.

Con ella se desahogan, hablan de sus temores, alegrías o incluso arrepentimientos, que muchas veces son temas complicados de hablar con sus familiares. Mientras tanto, el médico, la enfermera y la psicóloga les realizan los chequeos necesarios.

Los lunes, por otro lado, se encarga del trabajo de duelo junto a los niños. Con actividades lúdicas logran que los pequeños puedan afrontar la pérdida de su familiar. Los viernes, León colabora en la parte administrativa o en otras tareas que requieran de su asistencia.

Mirian Sotomayor también acude a las visitas en los hogares, pero el duelo lo trabaja solamente con adultos. El apoyo antes y después de un fallecimiento es su enfoque principal. Además realiza actividades para difundir la labor que hacen a través del voluntariado.

Desde hace 17 años acude todas las semanas al hospice y a la Fundación Ecuatoriana de Cuidados Paliativos (Fecupal). Al ingresar un día y observar a uno de los pacientes que se encontraba en etapa terminal, fue el momento en que sintió ese “llamado especial” a vincularse con personas que se encuentran viviendo sus últimos días.

Los voluntarios pueden ayudar desde la posición que deseen, explica Magdalena Égüez, coordinadora del voluntariado. Algunas personas optan por áreas que implican menos contacto con los pacientes (como la cocina), otras trabajan con niños y la mayoría lo hace con los pacientes adultos. Sin embargo, todos reciben una capacitación previa de tres meses para saber cómo reaccionar ante diversas situaciones. También deben presentar un proyecto al final del curso.

Macarena Carrera, por ejemplo, colabora en todas las áreas en las que se necesite apoyo. Hace cinco años ingresó al voluntariado y admite que el reto más grande y continuo es el contacto diario con la realidad del enfermo. A pesar de tener experiencias previas en pérdidas de seres queridos y de otros pacientes, cada persona que está en el hospice es un mundo diferente y “su despedida siempre va a ser dolorosa”.

Cada uno de ellos le ha dejado una enseñanza y la satisfacción de haber contribuido, de alguna manera, a alegrar sus días. Así lo considera María Mercedes Villacís, quien todavía recuerda la historia del joven panadero de 21 años que anhelaba con ir al campo. Gracias al esfuerzo de médicos, voluntarios y familiares pudieron llevarlo un día al parque antes de su fallecimiento.

También cuenta la historia del anciano de 102 años que falleció mientras sus hijos no estaban, acompañado únicamente de sus cantos y de su mano con la que le demostraba que no estaba solo. Estas experiencias pueden afectar el estado de ánimo de las voluntarias. Es por eso que cuando se “queman” se sugiere que se tomen un periodo de descanso para que puedan regresar con nuevas energías. Además, reciben asistencia semanal para evitar que lleguen a este punto.

Aunque para muchos puede ser un trabajo muy duro, para quienes realizan esta labor es reconfortante ver que sus acciones contribuyen a que los últimos días de los pacientes todavía sean llenos de vigor y esperanza. “Crees que vas a ayudar y realmente sales ayudado”, confiesa Égüez.

Es por eso que recomiendan a quienes desean incursionar en esta labor que lo más importante es dejar el temor a un lado y comprometerse realmente con la causa.

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