13 de mayo de 2015 12:40

Reconstruyen la vida de uno de los Homo sapiens más antiguos de Asia

Así luce el exterior de la cueva donde se aprecia la estructura laminada de la caliza, allí habría habitado el hombre de Tianyuandong. Foto: Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid

Así luce el exterior de la cueva donde se aprecia la estructura laminada de la caliza, allí habría habitado el hombre de Tianyuandong. Foto: Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid

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Agencia EFE

Un equipo de investigadores españoles reconstruyó la vida de uno de los Homo sapiens más antiguos de Asia, conocido como el hombre de Tianyuandong, que vivió hace 40 000 años.

Los resultados de esta investigación se publican en la revista Journal of Human Evolution y está liderada por la investigadora del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) Yolanda Fernández Jalvo.

A través del análisis tafonómico (rama de la paleontología que estudia los procesos formación de los fósiles), esta científica reconstruyó qué le pasó al individuo: "investigar y contar la vida y la muerte de alguien que habitó el planeta hace 40 000 años, además de ser una labor detectivesca, nos ayuda a comprender cómo vivieron nuestros antepasados".

El hombre de Tianyuandong fue encontrado en 2001 en una pequeña cueva cercana al complejo kárstico de Zhokoudian, un referente en paleoantropología que proporciona abundantes restos humanos de diferentes edades, señaló el MNCN en un comunicado.

El análisis de los fósiles determinó que se trataba de un Homo sapiens que, según la datación por carbono 14, vivió hace unos 40 000 años, es decir, uno de los fósiles más antiguos de nuestra especie encontrados en Asia oriental.

Los huesos revelaron que este hombre, que tenía alrededor de 50 años, sufría lesiones patológicas en las manos, además de problemas en las cervicales, que muy posiblemente le impedían tallar piezas líticas.

De hecho, pese a que a menos de 6 kilómetros hay rocas de cuarzo y sílex, este hombre ni las buscó ni las llevó a la cueva.

"Sin embargo, los problemas motores que sufría no le impidieron sobrevivir gracias a la carroña y a la caza de pequeños animales que pudo descarnar usando la roca madre de la cueva donde vivía. Aún hoy puede verse que la caliza rompe por meteorización dando lugar a lascas naturales, muchas de ellas con un filo útil", señaló Fernández Jalvo.

La base de la investigación es la asociación entre los huesos de la fauna encontrados en la cueva, la mayoría ciervos de unos 60 kilos y de los restos humanos. Los primeros están muy rotos frente a la escasa fragmentación que muestra el esqueleto humano.

"En los huesos de los ciervos hemos detectado cortes de filos de piedra caliza para separar la carne y roturas para extraer la médula", agregó Fernández Jalvo.

La ubicación del esqueleto, en un recodo de la cueva, los golpes y contusiones en la superficie del esqueleto humano y el hecho de que muchas de las fracturas sean post-mortem, indica que, muy probablemente, la muerte del individuo se produjera por caídas de bloques que además mantuvieron los restos ocultos a los carroñeros, según las mismas fuentes.

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