10 de agosto de 2014 00:00

Hipatía Gudiño: ‘Yo quiero ser presidenta de la república’

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Ivonne Guzmán. Editora

Introducción:

Apenas nos vemos, Hipatia Gudiño me pide que la acompañe a su casa para ponerse su atuendo afro. Diez minutos después sale al recibidor con dos opciones para que le aconseje cuál ponerse; ambas coincidimos: la falda pintada a mano es la mejor para la ocasión.

Sus risas, su vitalidad y su calidez hacen de Hipatia una compañía agradabilísima. Para atenderme, ha tenido que dejar encargada la sesión que estaba presidiendo en la Cooperativa de Ahorro y Crédito Mujeres Unidas; una de las decenas de actividades con las que copa sus días de madre, abuela, esposa, dirigente e ingeniera en contabilidad y auditoría.

Desde que tengo uso de razón yo estoy en esto (activismo por los derechos su pueblo); siempre me gustó estar organizando, ya sea un campeonatito de fútbol o cualquier otra cosa. Me viene de mis ancestros, porque mi abuela (materna) vivió y luchó por estos procesos. Ella se llamaba Victoria Espinosa y vivió como esclava en una hacienda, peleó por la Reforma Agraria; y mi mamá siempre estuvo liderando también. Además, en la pastoral afro los jesuitas y las monjas combonianas nos organizaron desde niñitos.

Tuve que venir a terminar el sexto grado a Ibarra; mis padres siempre pensaron que por superación no podíamos quedarnos en El Chota, porque el nivel de educación era muy bajo. Desde ahí vivo aquí, pero todos los fines de semana me voy a mi tierra. Sufrí bastante cuando nos vinimos, extrañaba el río.

Me acuerdo que en el tiempo de León Febres Cordero, vino la esposa a inaugurar unas luces. Y mis amigas querían jugar a ser la mujer del Presidente, pero yo no quería eso, yo quería jugar a ser la Presidenta de la República. Por eso yo digo, ¿llegaré a ser Presidenta? (se ríe).

En cinco años sí me veo de Alcaldesa de mi territorio, y si no fuera Alcaldesa quiero representar a mi pueblo, puede ser en la Asamblea, pero no para levantar la mano, como hacen los que nos representan ahora; así me manden sacando.

Y para el 2021 seré Presidenta, o al menos candidata, así pierda. Quiero seguir peleando por los espacios que sí tenemos, pero que no nos dan. Todo se queda en el papel. Yo sigo luchando por el Decreto 60, que establece las acciones afirmativas a favor del pueblo afroecuatoriano. Los afroecuatorianos somos el 7,2% del Ecuador y en las instituciones debe haber una representación de al menos un 2% y eso no se cumple. Buscan personas afro para barrer o servir café; a los que estamos preparados no nos dan la oportunidad. Yo estoy involucrada en el buró político de (Alianza) País, pero con los afroecuatorianos no pasa nada.

Entré al Ministerio de Cultura con Antonio Preciado en el 2007 y me quedé hasta el 2010. Ahí viví el racismo total, desde el inicio, y cuando salió Preciado me arrebataron todo, como diciendo: ya salió tu padrino. Tomaban en cuenta a otras compañeras que no tenían preparación. Ahí se acabaron mis años, si no yo parecería de 21 (se ríe estruendosamente).

Tengo muchas ilusiones ahora, pero sí me preocupa que las cosas de pronto se acaben si yo no estoy, que no haya quién siga con el proceso. Pero lo mismo habrá dicho mi abuela, y aquí estoy yo. ¡Uy, yo quiero vivir mucho para revolucionar, para hacer todo lo que tengo en mente; tengo hartas ganas de vivir!

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