25 de junio de 2017 00:05

50 familias protegen La Sombrerera

Rocío Mogrovejo visitó el sector conocido como Tres Lagunas, en la zona más ­alta de la reserva.

Rocío Mogrovejo visitó el sector conocido como Tres Lagunas, en la zona más ­alta de la reserva. Foto: Xavier Caivinagua para EL COMERCIO

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Lineida Castillo
Redactora
(F-Contenido Intercultural)

Las 500 familias de la comuna Hato de Sombrerera protegen desde hace 13 años un territorio comunal de 15 000 hectáreas. Las cuidan de los incendios forestales y la ampliación de la frontera agrícola.

Hato de Sombrerera está ubicada en la parroquia cuencana de Victoria del Portete. Es la parte más alta de los cantones Cuenca, Girón, San Fernando, en la zona de amortiguamiento del Parque Nacional Cajas. Es un pajonal.

El presidente de la comuna, Luis Peralta, tiene las escrituras de la propiedad, emitidas el 4 de junio de 1891, que fue he­redada de sus ancestros. La parte baja y media se usan para el ganado. Cada familia tiene entre dos y 15 vacas para la producción lechera.

Esta reserva es un tesoro escondido entre las montañas, dice Peralta, de (62 años). Él suele guiar en los recorridos hacia las montañas más empinadas, lagunas y miradores. Los recorridos grupales son parte de los controles mensuales que realizan los comuneros. En sus mochilas llevan agua, galletas, pan, panela y mote. La caminata empieza en la denominada entrada a Tres Lagunas, por la parroquia Chumblín, del cantón azuayo de San Fernando.

Es el trayecto más cercano para llegar al conjunto de lagunas. El recorrido toma más de dos horas, entre ida y vuelta. Peralta, Luis Arévalo, Rosa Maita, Dolores Peralta, Rocío Mogrovejo y Julia Damián caminan a diario por el páramo.

A los turistas les cuentan un poco de la historia de la reserva, que fue adquirida por 200 familias a finales del siglo XIX. En medio de las montañas -donde el frío es intenso- muestran lo que para ellos es lo más preciado: el agua. Es una cuenca hídrica de donde nacen y se alimentan los ríos Rircay, Alumbre Zhurcay, El Chorro, Portete, Irquis, Tarqui, Zhucay, Tutupali, San Agustín, Bermejos y Yanuncay.

Este ecosistema también abastece a más de 20 sistemas de agua potable y de riego de los cantones Cuenca, Girón y San Fernando, señala el comunero Luis Arévalo. Al pisar el pajonal, el agua sale como si se aplastara una esponja empa­pada.

En el recorrido, los frailejones y los árboles de polylepis embellecen el entorno. Los frailejones cumplen la función de absorber el agua de la neblina que en los páramos es usual, y la conservan. “No los vaya a tocar”, dice la azuaya Dolores Peralta.

De las variedades de plantas que existen en este páramo, esta es la única que alberga lí­quido dentro de sí y que crece un centímetro por año. Desde la cúspide de estas montañas, que están sobre los 3 000 metros sobre el nivel del mar, se entiende por qué la zona fue bautizada como Hato Sombrerera. A lo lejos se observa una loma de unos 20 metros de alto con una planicie en la cúspide de unos 300 metros cuadrados, como si se tratara de la copa de un sombrero.

En las largas caminatas, estos comuneros han encontrado animales como venados, osos de anteojos, yamalas, leopardos, tigrillos, guanta de monte, ardillas, aves, anfibios y reptiles. También es el hábitat donde vuela el cóndor.

Cerca de esta zona, en el 2013, fue cazado un cóndor y su captor fue sentenciado a seis meses de prisión por la justicia ordinaria, recuerda Peralta. Los dirigentes cuentan que en caso de incendios forestales, ellos investigan y si fue provocado, el infractor puede ser sancionado hasta quitándole su derecho comunal.

La reserva está en las inmediaciones de una zona minera concesionada por el Estado. Por ello, son parte de colectivos y organizaciones comunitarias que pidieron al Gobierno una consulta popular para que el pueblo se pronuncie sobre la minería.

Después de casi una hora de recorrido –desde una de las tantas montañas– se vislumbran las tres lagunas. Las montañas y rocas de este paisaje se asemejan a rostros humanos y figuras míticas de animales, por eso adquirieron nombres toponímicos como Llama Rumi, Rumihurco, Rumi-Paltana, entre otros.

En su juventud, Rosa Maita, de 58 años, visitaba estos lugares con sus amigos y pescaban. “Quiero que las nuevas generaciones vengan y se den cuenta todo lo bonito que tiene esta reserva, pero que la cuiden, porque solo así se garantizará el agua para las futuras generaciones”, dice esta azuaya.

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