14 de octubre del 2016 00:00

Guayaquil y Cuenca, tras la sostenibilidad para su desarrollo

La obra del Malecón del Salado evita la contaminación del agua de esta zona. Foto: Mario Faustos / EL COMERCIO

La obra del Malecón del Salado evita la contaminación del agua de esta zona. Foto: Mario Faustos / EL COMERCIO

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Lineida Castillo
y Elena Paucar 
Redactoras (I)
ecuador@elcomercio.com
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Cuenca es la única ciudad del país que está entre las 70 urbes de América Latina consideradas como sostenibles y emergentes. Esa distinción consta en un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo, en el cual se destaca el crecimiento poblacional y económico de la urbe, así como la cobertura de servicios básicos.

Los desafíos y el futuro que tienen las ciudades de América Latina y el Caribe para llegar a un desarrollo ordenado y sostenible serán parte de los temas que abordará la Conferencia de la Naciones Unidas Hábitat III, que se realizará del 17 al 20 de este mes, en Quito.

Cuenca fue investigada en el 2013, como parte de 550 ciudades intermedias que tienen entre 100 000 y 2 millones de habitantes. Se analizaron 114 indicadores de desarrollo urbano, sostenibilidad fiscal, factores sociales, ambientales, etc.

La fortaleza de Cuenca es la calidad y cobertura de los servicios básicos. Los problemas son el crecimiento desordenado, la movilidad y la vulnerabilidad a desastres naturales.

Para el BID, una ciudad sostenible debe tener una cobertura superior a 90% en agua potable, alcantarillado, energía y en recolección de basura. “Cuenca supera ese indicador”, explica Paulina Crespo, directora municipal de Relaciones Internacionales.

En el 2015, el BID realizó una encuesta sobre percepción de calidad de vida y ubicó a Cuenca en el puesto 14 entre 25 urbes sostenibles estudiadas de América Latina (ver gráfico).

Pero el crecimiento urbano tiene un escenario complejo, según el docente de la Universidad de Cuenca, Daniel Orellana, quien es parte de las investigaciones del BID. “La superficie de la ciudad crece más rápida y desordenadamente que su población”. Es decir, en la urbe hay terrenos vacíos, pero se construye en zonas más productivas como San Joaquín, Sayausí y Ricaurte.

Por ello, menos del 3% de los alimentos que se consumen en Cuenca se cultivan localmente, dice Orellana. “Se pierde productividad de los suelos por la expansión desordenada”.

La densidad poblacional urbana de Cuenca es de 55,11 habitantes por hectárea y lo ideal va de 60 a 100. El crecimiento no planificado genera problemas como el encarecimiento de la dotación de servicios básicos y el aumento del parque automotor.

Para Orellana, Cuenca está en una fase crítica y pone como ejemplo que no hay concordancia entre el plan de ordenamiento territorial y el de movilidad. “No promueven la densificación de la ciudad”.

El caso de Guayaquil

Para consolidarse como una urbe sostenible, Guayaquil se unió al proyecto Huella de Ciudades, una iniciativa apoyada por el Banco de Desarrollo para América Latina-CAF. En la primera fase, la urbe, que supera los 3 millones de habitantes, pasó por un diagnóstico.

El análisis fijó el impacto de las huellas de carbono (por las actividades humanas que aportan al cambio climático) y la huella hídrica (el uso, consumo y contaminación del agua dulce). El transporte con emisiones por el uso de diésel y gasolina, el manejo de residuos por los rellenos sanitarios y el tratamiento de aguas residuales, suman el mayor porcentaje a la huella de carbono, que en total llega a 6,8 millones de toneladas de CO2 al año.

Por esa razón, la Dirección de Ambiente del Cabildo tiene planes de mitigación hasta el 2032. ­Para los residuos hay un proyecto de quema de biogás.

Otras propuestas son construir más ciclovías y ampliar la flota de buses articulados del sistema Metrovía: 80 más hasta el 2018, para reducir la emisión de CO2en 5 300 toneladas.

La ciudad tiene 350 000 vehículos. Desde ayer, la Autoridad de Tránsito Municipal (ATM) controla la emisión contaminante con un analizador de gases de escape. Para Diego Rentaría, director de Revisión Técnica Vehicular de la ATM, los controles que se aplican desde el 2014 para la matriculación, ya se hacen en la calle.

Para reducir la contaminación del agua, ayer se firmó el contrato para la planta de tratamiento de aguas residuales Las Esclusas, que atenderá al 30% de la población. Andrés Mendoza, presidente del directorio de la Empresa Municipal de Agua Potable y Alcantarillado (Emapag), explica que contará con biofiltros y funcionará con biogás.

Según los técnicos de Huella de Ciudades, de aplicarse las medidas de mitigación, el potencial de reducción de la huella de carbono en Guayaquil es de 20%, caso contrario subiría un 37%. En la huella hídrica se pude reducir en un 42%. De no hacerlo, aumentaría un 26%.

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