17 de octubre de 2015 00:00

Guillermo del Toro es una fábrica de terror

El director mexicano hace de la fábula una herramienta para expresar su estética y sus propios temores. Fotos: DelToroFilms.com.

El director mexicano hace de la fábula una herramienta para expresar su estética y sus propios temores. Fotos: DelToroFilms.com.

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Fernando Criollo
Redactor (I)

Para Guillermo del Toro, uno de los deberes fundamentales sobre el oficio de contar historias es asustar a la audiencia. Al menos lo es dentro de los confines del terror, género al que el director mexicano pertenece por derecho propio.

Desde su debut como director de ‘Cronos’ (1993), seleccionada en Cannes, y con una filmografía de 18 producciones en los últimos 30 años, el mexicano se ha forjado una envidiable reputación como uno de los mejores exponentes contemporáneos del cine de terror.

Momentos difíciles como el secuestro de su padre, la muerte de un tío muy cercano (del que asegura haber visto su fantasma) y otras amargas experiencias en su vida han encontrado desahogo en una particular manera de dar forma a sus demonios en sus filmes.

Del Toro reaparece este año con el estreno de ‘La cumbre escarlata’, una historia de amor con elementos sobrenaturales, que el propio director ha calificado como un “romance gótico”, en The New York Times.

Habitada por fantasmas, una vieja mansión asentada en la cumbre de una colina de arcilla roja será el escenario de un perverso juego de poder, lujuria y violencia entre Edith y Thomas, una pareja de recién casados, y Lucille, la oscura y fría hermana de Thomas.

La cromática de tonos fuertes en un ambiente gélido, con vistosos y añejos decorados y un sobrio trabajo de vestuario y maquillaje son piezas de un atractivo montaje visual, en donde la valentía y la celosa crueldad de las figuras femeninas son los elementos más potentes en escena.

Para llegar al afinado espectáculo visual y emocional de ‘La cumbre escarlata’ es necesario volver la vista para revisar dos obras con fuertes marcas de un estilo personalizado.

‘El espinazo del diablo’ (2001) fue la primera incursión de Del Toro en el cine español. Un filme de época y una metáfora sobre los fantasmas de la guerra, que traslada al espectador a los tiempos de la Guerra Civil Española, para encontrarse con Carlos, un niño de 12 años que es abandonado por su padre en un orfanato que esconde espeluznantes y depravadas historias entre sus muros.

Cinco años después se estrenó ‘El laberinto del Fauno’ (ganadora de tres Premios Oscar)donde el mexicano vuelve a los tiempos de la posguerra en España para poner en escena una escalofriante fábula en los ojos de Ofelia, la niña que descubre un portal secreto que la conduce a un universo de fantásticas y atemorizantes criaturas.

Dos cintas donde la fábula se presenta como metáfora de realidades a veces incómodas pero maravillosamente construidas e interpretadas.

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