3 de diciembre de 2016 00:00

21 azuayas promueven el turismo

Los indígenas enseñan a los extranjeros el proceso de la paja toquilla.

Los indígenas enseñan a los extranjeros el proceso de la paja toquilla. Foto: Lineida Castillo / EL COMERCIO

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Lineida Castillo
Redactora
(F - Contenido Intercultural)

Con un ritual y comida comunitaria fueron recibidos los franceses Karine Exilie, Helene Dessagnes, Maeva González, Marie Odile y Jean Paúl Sonnier en el poblado indígena de Bacpancel, en el cantón azuayo de Gualaceo. Ellos llegaron el lunes pasado.

Sus habitantes viven de la agricultura, ganadería y del tejido de sombreros de paja toquilla. A más de estas actividades, 21 campesinas optaron por el turismo comunitario.

Ellas están agrupadas en la Asociación Artesanal de Turismo Solidario Bacpancel y desde hace tres años se dedican al turismo. Cada mes reciben a cerca de 10 extranjeros.

El grupo de franceses, que llegó el lunes pasado, optó por vivir algunas experiencias en Ecuador. A más de recorrer Quito, Macas, Zamora y Cuenca se interesaron en conocer Bacpancel. “Ofrecemos la convivencia cultural y natural”, dijo la presidente de la Asociación, Digna Zapatanga.

Durante una semana, los visitantes conviven con la comunidad y conocen sobre sus tareas habituales de arado, siembra, cosecha, ordeño de vacas, trasquilado de la lana de las ovejas, el tejido de la paja toquilla, entre otras actividades.

Todo empieza con un recibimiento especial por parte de las socias en la casa de la comunidad. Los turistas se hospedan en un hostal privado y cada día en las mañanas comparten con las socias de la comunidad sus tareas, y en la tarde, los visitantes asisten a juegos recreativos con los niños.

“Respeto a estas mujeres. Son extraordinarias y muy fuertes”, dijo Marie Odile el pasado miércoles mientras veía con asombro la habilidad que demostraba María Guncay, de 36 años, al tejer un sombrero de paja toquilla.

En la tarde de ese día, se reunieron en la escuela y compartieron juegos cómo armar rompecabezas, dibujar, pintar y otras actividades.

Antes, en la mañana, la azuaya María Espinoza guió una caminata al cerro Tari, donde hay un mirador ubicado a 2 905 metros sobre el nivel del mar. Desde allí, se aprecian las ciudades vecinas de Azogues (Cañar) y Sígsig (Azuay).

Otros sitios naturales que son parte de los recorridos son el cerro Pishi y la laguna de Yanacocha. “Conocemos otra cultura, lugares hermosos y la gente es muy hospitalaria”, dijo Helene Dessagnes.

La Asociación Artesanal de Turismo Solidario Bacpancel se creó para frenar la migración hacia Estados Unidos. Al inicio empezaron con el tejido de los sombreros de paja toquilla y adornos.

En los portales de las casas de este poblado es común observar a mujeres tejiendo la fibra vegetal. En los patios se seca y se prepara la paja con la que se tejen sombreros, canastillas, paneras, portavasos…

Esta labor también se comparte con los extranjeros en una suerte de talleres. “Les gusta todo lo que hacemos a mano”, señaló Rosa Zapantanga. La Asociación tiene un taller con máquinas donadas por el Municipio y otras fundaciones, para el procesamiento artesanal de los sombreros.

Cuando no tienen turistas, las socias llegan al taller para realizar los acabados de las obras, que serán vendidas en ferias y fábricas de Cuenca. “Eso nos genera ingresos para el sustento de nuestras familias”, señaló María Guncay.

Esta agrupación también tiene un huerto de hortalizas y hierbas naturales. Allí, los visitantes aprenden sobre el cultivo de productos orgánicos y el uso de hierbas para curar dolencias o infecciones.

La gastronomía es otro tema valorado dentro del proyecto. Las tres comidas del día se elaboran con papas, mellocos, trigo, zanahoria, gallina criolla, cuy, entre otros. “La intención es rescatar nuestras costumbres y que los visitantes vivan nuestra forma de vida, dijo Digna Zapantanga.

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