27 de enero de 2016 00:00

Galápagos blinda su ecosistema ante especies invasoras

Galapagos Planeta

Las especies exóticas introducidas son reconocidas como la amenaza principal para Galápagos. Pueden convertirse en invasores y afectar, principalmente, a las especies nativas y a las endémicas. Foto Referencial: Archivo

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Elena Paucar
Redactora (I) 
epaucar@elcomercio.com

La historia de las especies introducidas en Galápagos es también la historia de la llegada del hombre. Tras su descubrimiento (1535) las islas se convirtieron en el refugio de piratas en los siglos XVII y XVIII.

En el XIX, los balleneros llegaron atraídos por la riqueza de su mar. Ratas, cabras e insectos llegaron como polizontes y empezaron a competir en el terreno con los animales nativos.
Esa es la bitácora de las primeras introducciones de animales domésticos e invertebrados terrestres a las islas.

Pero la amenaza aumentó en la segunda mitad del siglo XX, cuando la población creció. A principios de 1950, como reporta un informe de la Dirección del Parque Nacional Galápagos (DPNG), las islas albergaban a unos 1 300 habitantes.

Hoy, con casi 30 000 moradores y unas 200 000 visitas turísticas al año. En 1990, la DPNG había reportado apenas 112 especies introducidas. La cifra subió a 1 480, en el 2008.

Las especies exóticas introducidas son reconocidas como la amenaza principal para Galápagos. Pueden convertirse en invasores y afectar, principalmente, a las especies nativas y a las endémicas (únicas de este ecosistema), a través de la depredación, competencia, pérdida de hábitat y transmisión de enfermedades.

Históricamente, en el mundo, esa cadena de peligro está asociada a las migraciones humanas. Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), los invasores son la segunda razón de pérdida de biodiversidad en el mundo, tras la destrucción de hábitats. Y es la primera causa en las islas oceánicas.

“El problema es que todos queremos vivir en Galápagos de la misma manera que vivimos en otras partes del mundo” dice Marilyn Cruz.

Pero son “islas oceánicas, son frágiles y debemos proteger su biodiversidad”, agrega la directora ejecutiva de la Agencia de Regulación y Control de la Bioseguridad y Cuarentena para Galápagos (ABG).

La ABG, del Ministerio del Ambiente, tiene una trinchera de prevención en puertos y aeropuertos del archipiélago. En estos puntos de revisión se enfocan, particularmente, en los productos orgánicos, el vehículo por el cual ha entrado el 80% de especies introducidas.

Para que los visitantes conozcan cuáles son los más peligrosos, diseñaron un esquema de semáforo: una lista verde con 122 productos permitidos, bajo requisitos específicos; una amarilla, con 93 restringidos, de mayor riesgo; y una roja, con 64 no permitidos por ser altamente agresivos.

En el 2015, la ABG hizo 8 000 retenciones de productos no permitidos e interceptó 3 000 invertebrados. Para disminuir el riesgo, la agencia impulsa una campaña que motiva a los turistas a entregar una declaración juramentada de los productos en sus equipajes.

Mientras interceptan más usurpadores, siguen luchando
contra otros. La hormiga cabezona -entre las 100 especies más invasivas del planeta- desplaza a comunidades de invertebrados nativos y perturba los sitios de anidación de aves y de pequeños vertebrados.

Y el caracol gigante africano -que pone de 400 a 1 000 huevos entre 3 y 4 veces al año- le resta espacio a los caracoles endémicos.

Para capturarlos, la ABG realiza rondas nocturnas con perros adiestrados. En plantas, las más diseminadas son la guayaba, la cascarilla y la mora.

Esta última le ha ganado terreno al lechoso o scalesia y es una de las amenazas del petrel de Galápagos, única ave marina endémica.

En la pasividad del fondo de la reserva marina también hay alarmas. Existen al menos siete invasores establecidos, como el alga uva. Y se corre el riesgo de ingreso de otras 18.

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