El futuro es la 
arquitectura ecológica

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Víctor Vizuete E. 
Editor
vvizuete@elcomercio.com

La ecoarquitectura se está convirtiendo en una opción de vida. En una alternativa que es, asimismo, una solución para frenar el agresivo embate de la contaminación y para tratar de mejorar el hábitat humano y el entorno natural.

Esta arquitectura con conciencia no es, como cree mucha gente, exclusiva del Primer Mundo o cosa del futuro; aunque son las naciones del norte europeo -Finlandia, Suecia, Alemania, Dinamarca- sus principales propulsoras y defensoras.


El aumento de la conciencia ambiental de pobladores y gobernantes de esos países logró que se establecieran bases reglamentarias y, asimismo, se ofrecieran incentivos fiscales para fomentar el desarrollo de las viviendas ecosustentables.


Las ventajas de la ecoarquitectura con respecto a la ‘tradicional’ son muy interesantes. La económica es una de las de más peso: una vivienda autosustentable genera ahorros en consumo de energía del orden de 8-10 USD/ m² por año y la inversión inicial, que puede ser alta, se amortiza rápido (energía solar).


El reciclaje de materiales también es un factor que incide en el precio final de un inmueble.
Aunque la ecoarquitectura nacional está dando sus primeros pasos, existe un puñado de profesionales que están metidos de cabeza en su difusión.

Talleres como Al Borde, Barro Viejo, Chaquiñán, MCM + A, Diez + Muller, Arquitectura X; y arquitectos como David Jácome, Daniel Moreno (y su equipo), Fernando Hinojosa y otros están empeñados en trabajar en esa línea para convencer a los ecuatorianos que ese tipo de arquitectura es igual de válida que las demás... y más sana.


Solo falta que, como en Europa, se creen los alicientes adecuados para su desarrollo.

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