16 de enero de 2016 00:00

Fusión de elementos en construcciones de los tsáchilas

Dos obreros colocan varengas de caña guadúa en una construcción tsáchila. Foto: Juan Carlos Pérez/ PARA EL COMERCIO

Dos obreros colocan varengas de caña guadúa en una construcción tsáchila. Foto: Juan Carlos Pérez/ PARA EL COMERCIO

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Bolívar Velasco
Redactor
(F-Contenido Intercultural)

Las cabañas y chozas que se edifican en las comunas de la nacionalidad Tsáchila ya se adaptan a las nuevas tendencias de la construcción.

Se mantiene el principio artesanal, con la diferencia de que ahora se incluyen materiales que hasta hace pocos meses no se empleaban.

Por ejemplo, en la cabaña que Alfonso Aguavil levanta en la comuna Chigüilpe se introdujeron maderos como el laurel y el moral fino.

En los 17 metros cuadrados del área de construcción, se hizo una mezcla de maderas con las típicas como el pambil y la caña guadúa.

Aguavil cuenta que la idea de colocar otros materiales es para presentar un diseño único y diferente a los demás que existen en Chigüilpe.

Este sería el primero con retoques diferentes a los ancestrales que, en cambio, guardan la tradición de mantener al pambil y a la caña como bases de sus cimientos.

La choza de Alfonso Aguavil tiene una estructura en el techo que se sostendrá con las demás varengas de laurel.
Las clásicas llevan un palo en el centro y son las que prácticamente resisten el peso del todo el tejado.

Aguavil piensa colocar un restaurante en esa construcción que llevará por nombre La Cocina de Casani, en honor a la identidad de su hija menor.

Casani, traducido del tsáfiki (idioma de los tsáchilas) al español significa nueva semilla. Los palos de laurel se colocaron simétricamente para resistir los trozos horizontales de las cañas. Mientras que el moral fino se empleó para las vigas. Treinta de esos maderos se utilizaron para la construcción.

La inversión en esta obra es de alrededor de USD 3 500.
En la comuna Otongo Mapalí también se hacen ensayos con ese tipo de recursos.

Ahí, en cambio, se reconstruye un centro ceremonial de 120 metros cuadrados. En este se destinaron 60 troncos de laurel y moral. Henry Calazacón, quien está al frente de la obra, afirma que estos cambios no se apartan de las costumbres.

“Como son nuevos diseños necesitamos incorporar una madera que se adapte a las exigencias”. Pero debido a que se tratan de nuevas estructuras, primero debieron pasar por la aprobación de los cabildos comunales, que son el máximo órgano de autoridad en las zonas de esta etnia.

El gobernador tsáchila, Javier Aguavil, aseguró que el visto bueno se dio con el compromiso de que mantengan el concepto autóctono, para que no pierdan las costumbres.

Una vez que son concluidas las obras pasan por una inspección técnica a cargo del Consejo de Ancianos. Ellos pueden sugerir modificaciones, ampliaciones o recortes.

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