11 de marzo de 2018 00:00

Las jornadas de Hall en Ecuador

Edición del domingo 28 de julio de 1833. No. 12. Foto: www.cervantesvirtual.com

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María Helena Barrera-Agarwal*  (O)

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Martes, 30 de agosto de 1808. En Kensington, Inglaterra, William Thomson, antiguo amigo del general Francisco de Miranda, redacta una misiva a él dirigida. La misma tiene por objeto proponer una futura reunión, con un objetivo específico. Un estudiante de nombre Francis Hall desea, con singular intensidad, la oportunidad de conocer al general. En su carta, Thomson presenta a Hall con elogiosas razones: “Tiene en verdad un fino ingenio y se ha distinguido mucho en las Escuelas”. Las instituciones así aludidas son dos e importantes -Winchester College y la Universidad de Cambridge.

Thomson no exagera en su encomio. La aptitud de Hall es ya reconocida más allá de su círculo de camaradas y maestros. En 1807, un poema suyo -La caída de Babilonia- es premiado con la medalla de oro otorgada por el Príncipe de Gales. Dos años antes, otra noble inglesa, Henrietta Laura Pulteney, condesa de Bath, se ha preocupado directamente de su futuro académico: en un codicilo incorporado a su testamento años después de que este fuese preparado, dispone que 4 000 libras de su patrimonio sean utilizadas para la educación de Hall. Es un gesto que dice mucho sobre las esperanzas que su precoz talento genera.

Tales esperanzas no culminarán en un título de educación superior. Aún en las aulas de Cambridge, Hall decide abandonar sus estudios para incorporarse a uno de los regimientos más prestigiosos del ejército británico, el 14° de Dragones Ligeros. En junio de 1810, con apenas veintiún años, se integra al mismo en calidad de corneta. En marzo de 1811, es ascendido por méritos al rango de teniente. Sirve bajo las órdenes de Wellington en Portugal y España. Aún bajo tan complejas circunstancias, su capacidad intelectual se pondrá en evidencia: redactará una memoria de sus años peninsulares con un sentido histórico y militar tal, que dicho texto se convertirá en fuente necesaria sobre el tema.

Hall será eximido temporalmente de acciones de guerra luego de ser herido en batalla. Nombrado secretario militar del general John Wilson en Canadá, en 1815, viajará por Norteamérica. Su natural curiosidad y carisma le brindarán oportunidades extraordinarias en tales jornadas, incluyendo una visita a Thomas Jefferson en Monticello. Compilará sus experiencias en otra memoria de viaje, editada tanto en Londres como en Nueva York, en publicaciones consecutivas que verán la luz en 1818 y 1819. Para entonces ha abandonado ya el servicio militar activo; aún así continuará en los roles del ejército británico de 1817 a 1829.

Para 1819, su temprana pasión por Sudamérica se ha asociado a un profundo entusiasmo por las teorías del filósofo inglés Jeremy Bentham, de cuyos círculos forma parte. Ese doble interés lo lleva a incorporarse a la legión irlandesa del general D’Évereux.

Participará así en acciones de guerra que le valdrán los galones de coronel. Servirá luego a la República como hidrógrafo y redactará el primer recuento de viaje posterior a la Independencia. Facilitará comunicaciones entre Simón Bolívar y Bentham, promoviendo personalmente los ideales de este último con un ardor particular por la libertad de prensa. Fundará en Caracas, con tal impulso, un diario de indudable valor, el Anglo-colombiano, cuyos contenidos le costarán una expulsión encubierta.

Hall recalará eventualmente en el Ecuador, donde, en sociedad con otro militar de extranjeras raíces, Brooke Young, intentará obtener ingresos agrícolas en la provincia de Esmeraldas.

Adicionalmente, dará rienda suelta a su pasión por las ciencias de la naturaleza. La misma lo relacionará con científicos como William Jameson y Jean-Baptiste Boussingault. En 1831, en compañía de este último, intentará una serie de ascensiones, de entre las cuales la más arriesgada será la del Chimborazo. Durante esas andanzas y otras, emprendidas en 1832 y 1833, coleccionará plantas que enviará luego a científicos europeos, incluyendo a William Hooker, en Inglaterra y a Alejandro Humboldt, en Alemania.

Tan apto para la escritura como para el dibujo, dejará memorias ilustradas de sus peregrinaciones, descubiertas hace pocos días en los archivos del Real Jardín Botánico de Kew, Londres. Al tiempo que tales esfuerzos ocupaban sus días, Hall no olvidaba sus labores benthamianas. De las mismas emergerá un periódico tan polémico como el Anglo-colombiano. Intitulado El quiteño libre, será el blasón final de la carrera de Hall. Su oposición acérrima al gobierno de Juan José Flores habrá de terminar con sangre. El 19 de octubre de 1833, Hall sería asesinado en las calles de Quito.

Existen diversas versiones de lo ocurrido luego de su muerte. La más veraz es también la más contemporánea a los hechos. Sus camaradas editarán en noviembre de 1833 un panfleto en el que se lee: “arrastrado desnudo hasta el cuartel, fue expuesto por la mañana en sus puertas, escarnecido e insultado por varios partidarios de Flores […] Después fue conducido a El Ejido para que sirviese de pasto a las aves, y traído de nuevo a la plazuela de San Francisco y suspendido desnudo en una horca por orden del prefecto del departamento”. Luego de ser exhibido de tal modo, el cuerpo de Francis Hall sería enterrado en una campiña contigua a Santa Prisca.

*Ensayista, historiadora

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