19 de April de 2015 21:28

La fotografía documental abre más posibilidades narrativas

Esta semana, Fotoperiodismo por la Paz entrega su premio y piensa su oficio; Claudi Carreras es uno de los invitados. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

Esta semana, Fotoperiodismo por la Paz entrega su premio y piensa su oficio; Claudi Carreras es uno de los invitados. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

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Ivonne Guzmán

Que el fotoperiodismo vaya de salida -o tenga que conformarse con permanecer en el territorio del registro, sin mayor trascendencia-, como asegura Claudi Carreras, no es del todo una mala noticia. El lado bueno de esta ‘hecatombe’ es la alternativa que posibilita: el crecimiento y consolidación de la fotografía documental.

Desde la semana pasada, Carreras es parte de la ‘troupé’ de fotógrafos extranjeros y nacionales (convocados para participar en la tercera edición del premio Fotoperiodismo por la Paz, Juan Antonio Serrano) que se han dado cita en Ecuador para reflexionar sobre su oficio; y más que nada sobre su futuro, al que este editor fotográfico oriundo de Barcelona le ve varias ventajas.

Y aunque sus sentencias parezcan devastadoras, del tipo: Los medios ya no son el espacio para la fotografía; si uno escucha con detenimiento lo que está diciendo realmente es que las posibilidades se han multiplicado exponencialmente, pues los fotógrafos -con la nueva tecnología disponible y las condiciones de conectividad- pueden mostrar su trabajo en una infinidad de vitrinas más. Solo deben cumplir con una condición: tener algo que contar y contarlo bien.

Para que el prerrequisito quede cubierto, Carreras tiene una fórmula que no falla: “Escuchar música, leer mucho, ver películas... Hay un texto muy bonito en YouTube de una carta que escribe (el fotógrafo chileno) Sergio Larraín a su sobrino, en la que dice que la fotografía te entra por la piel, que hay que vivir las experiencias y hay que interpretarlas. Un fotógrafo tiene que ser una persona muy cultivada para poder comunicar. Esa idea de que el fotógrafo sale con la cámara a la calle sin tener idea de nada y toma la foto no es real”.

El fotodocumentalismo, que es la línea en la que viene trabajando como curador/editor los últimos 10 años, implica una “exploración personal”, dice al poco de haber aterrizado en Quito, proveniente de Sao Paulo, Brasil, donde vive.

La fotografía de hoy, por lo menos la que va transcender, la que aporta, requiere de investigación y, por ende, de tiempo. “Me interesa mucho la frontera entre dónde está la noticia y dónde estoy yo. El documentalismo interesante es aquel en el que están muy presentes las dos cosas: el ojo de quien está viendo y también la realidad que se muestra”.

Exactamente imágenes que se ven rara vez en plataformas como Twitter, Instagram o Facebook, en la era en que una importante mayoría cree haber alcanzado las mieles de la fotografía. Sobre este hecho, Carreras es claro: “Son imágenes que no tienen mucha intención. Pero hay dos niveles de análisis en ese tipo de fotos. O sea, esas producciones a lo mejor individualmente no tienen mucho sentido, pero cuando las analizas colectivamente es increíble el sentido que adquieren”. Porque están recogiendo formas de pensar y estar en el mundo. Eso no es poca cosa.

De vuelta a su campo, el fotodocumentalismo, Carreras no habla de fotógrafos, sino de autores. Y haber escogido esa palabra no es casual, es un acto performativo poderoso, que dota de significado y ubica en otra latitud al trabajo fotográfico, y no solo el artístico, sino al de no ficción, que injustamente ha quedado relegado a las ligas menores de las artes visuales.

Entendida de esta manera, la fotografía entonces sí hace parte de discursos y corrientes relevantes, a través de una narrativa que apela de una manera distinta al intelecto y a las emociones del espectador. Todo esto es lo que Carreras intenta estimular entre quienes entran a sus talleres (impartidos en varios países del mundo); su objetivo es que los talleristas aprendan a escuchar las imágenes y emprendan su propio camino.

Estos días, estas y otras ideas se diseminarán en el país a través de quienes asistan a sus talleres o charlas, en el marco de Fotoperiodismo por la Paz. Y afortunados los que puedan escucharle decir: “Me molesta la fotografía ombliguista; esa de exorcizar mis miedos, yo, yo, yo. A mí tus problemas no me interesan, pero sí me interesan tus problemas en tanto sean los problemas de nuestra sociedad”, porque entonces empezarán a hacer fotografía.

Claudi Carreras

Nació en Barcelona en 1973. Se formó como fotógrafo y trabajó como ‘free lance’ para varias publicaciones; desde hace 10 años se dedica en exclusiva a la edición fotográfica. Tiene un doctorado en fotografía latinoamericana.

Vive en Sao Paulo, donde lleva adelante Estudio Madalena, proyecto dedicado al arte y al ocio.

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