27 de diciembre de 2016 00:00

El 2016 fue el año de los ‘food trucks’

El mercado de los camiones de comida se volcó hacia una nueva forma de venta: las plazas gastronómicas. Foto: Vicentes Costales / EL COMERCIO

El mercado de los camiones de comida se volcó hacia una nueva forma de venta: las plazas gastronómicas. Foto: Vicentes Costales / EL COMERCIO

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Ana Belén Veintimilla

A principios del 2016 los camiones de comida o ‘food trucks’ empezaron a hacer ruido en la ciudad. Este formato de comida urbana se posicionó en las calles de Quito con ofertas de comida rápida como pizzas, alitas, tacos y hamburguesas. Algunos apuntaron por las opciones tradicionales como los secos y la fritada, que en este estilo resultaron novedosos.

En enero, la Policía Metropolitana decomisó el auto de Inka Burguer, lo que generó el debate en redes sociales sobre la legalidad de estos emprendimientos culinarios. La cocina de calle fue tendencia como emprendimiento hasta que el auto fue liberado y se replicó este negocio, que ha empezado a regularse.

Para finales del 2015, la Asociación Food Truck Ecuador registraba solo seis camiones dedicados a la cocina. En el 2016 se formalizó y legalizó otro gremio como Asociación Ecuatoriana de Food Trucks (AEFT). Según registros de la institución, hasta este diciembre del 2016 se contabilizaron 168 furgones entre miembros de la asociación y vagones independientes. De entre ellos, más de 100 se dedican a la venta de hamburguesas como producto principal.

David Maldonado, propietario de Inka Burguer y representante de la AEFT, cuenta que en el 2016 los propietarios de los ‘food trucks’ se agruparon para solicitar una normativa que legalice su circulación y venta en Quito. En Guayaquil se prohibió su circulación en septiembre de este año.

“En Quito nos dieron la apertura; en octubre se lanzó la normativa (del Municipio). El inconveniente fue que sumábamos más de 140 y se dieron solo 60 asignaciones de espacios”, señala Maldonado.

A falta de locaciones, algunos ‘food trucks’ armaron plazas en las calles, pero eran obligadas a retirarse. El mercado de los camiones de comida se volcó hacia una nueva forma de venta: las plazas gastronómicas. Desde junio hicieron su aparición en la capital y, actualmente, existen 25 de estos sitios. La AEFT proyecta que se abrirán 30 más en el 2017.

Estas áreas se han sumado al ‘boom’ de la gastronomía local por convertirse en los nuevos puntos de encuentro culinario. Allí se reúnen varios ‘food trucks’ o ‘containers’ formando nuevos patios de comida para los comensales, porque reúnen en un solo lugar distintas opciones de platillos.

Maldonado menciona que este cambio en los furgones de comida pasó de ser un emprendimiento gastronómico a un negocio inmobiliario.

La cocina se convirtió en un negocio accesible a través de estos automotores, pero con la aparición de las plazas se elevan los costos a causa del uso de predios privados. Con ello se incrementó el costo inicial de estos emprendimientos.

El exceso de oferta -dice Maldonado- puede poner en riesgo a los mismos proyectos. “Cuando tienes un patio de comidas en cada esquina, la gente, por comodidad, no se mueve”, explica. Aquello podría afectar a los patios en sectores que no estén posicionados.

Las propuestas innovadoras, las recetas más provocativas y un marketing efectivo son clave para la permanencia de estas propuestas culinarias. Porque la cocina sigue reinventando formas de presentación, sabores y, sobre todo, regresando a ver los productos nativos para marcar una diferencia.

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