9 de febrero de 2017 00:00

Un proyecto protege las fuentes hídricas y la ecología de Quito

Infraestructura para ecoturismo comunitario en San Francisco de Cruz Loma.

Infraestructura para ecoturismo comunitario en San Francisco de Cruz Loma. Foto: Cortesía Fonag

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Elizabeth Frias
Redactora (I)
efrias@elcomercio.com
(F-Contenido intercultural)

Un paisaje de altura es cómo se puede describir a un páramo. En este se puede encontrar fauna y flora nativas cobijadas por una fuerte ventisca fría. Estas son algunas de las características y elementos que se encuentran en uno de los ecosistemas más ricos de la región Sierra.

Los páramos son fundamentales para las ciudades ya que son fuentes de agua, alimento, medicina y leña. Este paraje es uno de los más frágiles que existe por su lenta capacidad de recuperación.

En Quito se encuentran aproximadamente 1 500 km2 intervenidos de páramos. Para conservarlos, se requiere de cuidado tanto del Estado como de los ciudadanos que habitan en los alrededores.
Por 15 años, el Fondo para la Protección del Agua de Quito (Fonag) ha trabajado en la protección de esta zona, sobre todo de las fuentes hídricas.

El área de intervención se encuentra en los ríos Pisque, Pita y San Pedro, que conforma la cuenca alta del varios ríos de la provincia de Pichincha.

Las comunidades tienen actividades que pueden dañar el ecosistema. Lo que el Fonag realiza junto con otras instituciones es cambiar el sistema de intervención en la naturaleza con otras alternativas de producción.

Cayambe tomó la decisión de conservar el páramo y se sumó al proyecto de conservación. “Este consiste en capacitar a los comuneros para que comprendan el beneficio de desarrollar y mantener los páramos. Se pueden ejecutar otras alternativas como ecoturismo, agroecología, preservación de productos, etc.”, asegura Susana Escandón, coordinadora del programa de áreas de Conservación Hídricas Sostenibles.

Oyacachi (Cayambe) cuenta con 160 familias. Fue la primera comunidad en la que trabajó con el Fonag. En este poblado se aplicó el perfeccionamiento de artesanías, el fortalecimiento de huertos orgánicos, la producción de alternativas sostenibles y el establecimiento de la junta de agua potable.

Por otra parte, San Francisco de Cruz Loma (en el sector del Teleférico) es uno de los más recientes proyectos que se comenzó a incidir con este procedimiento.

El Fonag realizó un plan de acción para el rescate del canal de agua que es parte del sistema hídrico Pichincha - Atacazo, uno de los más antiguos de Quito. “Existían presiones para que no se resguarde el área por parte de grupos que practican enduro y de 4x4, pero se comenzó a trabajar con ellos para que comprendan la importancia del sector”, comentó Escandón.

En Pichicha - Atacazo también se realizó otra intervención con un cambio de actividad productiva, es decir, que los animales que tenía la comunidad se los reemplazó. La población contaba con 400 borregos y se los cambió por una veintena de alpacas.

“La razón de este canje fue por la manera de alimentarse de los borregos ya que sacaban de raíz las plantas que son para su alimento, mientras que las alpacas no lo hacen. Además, los cascos raspan el suelo y generan erosión, lo que se reduce a una pérdida de la capa orgánica del suelo”, comentó Gustavo Galindo responsable del área de cobertura vegetal en el Fonag.

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