18 de septiembre de 2016 00:00

El florón ayudaba a los chamanes de la Costa ecuatoriana 

Plutarco Naranjo sostuvo que la cultura Valdivia conocía sobre las propiedades del florón. Foto: tomada de Flickr

Plutarco Naranjo sostuvo que la cultura Valdivia conocía sobre las propiedades del florón. Foto: tomada de Flickr

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Redacción Tendencias

Las culturas ancestrales de la Costa ecuatoriana, sobre todo aquellas ubicadas entre Portoviejo y Santa Elena, tenían un gran aliado cuando sus chamanes querían entrar en contacto con serres divinos: el florón.

Conocido en el mundo botánico con el nombre Ipomoea carnea, esta planta contiene alcaloides psicoactivos. Los registros señalan que los chamanes masticaban las hojas y semillas del florón para entrar en éxtasis, adquirir mayores poderes e , incluso, tener las mismas capacidades de sus dioses.

En el libro ‘Mitos, tradiciones y plantas alucinantes’, el investigador ecuatoriano Plutarco Naranjo dedicó un extenso análisis a las propiedades etnobotánicas de esta. Él escribió que “en los sitios donde crece el florón, la gente tiene recelo o miedo de agarrar la planta o recolectar sus hojas y semillas”. Añade que “hay la tradición de que es una planta peligrosa y hasta mortal”.

Uno de los datos reveladores que hace en torno al estudio del florón es que “tanto las hojas como las semillas contienen un alcaloide, la ergina, que es una sustancia químicamente cercana al alucinógeno semisintético, LSD-25”. Esto confirmaría las historias de que esta permitía a los chamanes ver doble y triple.

La zona de distribución de la planta se extiende desde Venezuela hasta Perú, lo que la hace una de las más representativas de Sudamérica. Naranjo sostiene en su publicación que los miembros de la cultura Valdivia habrían sido grandes conocedores de las propiedades del florón. Él basó sus conclusiones en que varias de las Venus de Valdivia, cerámicas típicas de este grupo, fueron fabricadas con dos y tres cabezas. “Es posible que el valdiviano utilizara el florón para rendir culto a la femenidad o a la maternidad”, concluye el investigador en su publicación.

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