19 de febrero de 2016 17:17

Actuar sobre la flora intestinal, nueva arma contra la desnutrición infantil

Imagen referencial. Dos estudios confirmaron la importancia de la flora intestinal, también conocida como microbiota, para combatir la desnutrición. Foto: ytimg.com.

Imagen referencial. Dos estudios confirmaron la importancia de la flora intestinal, también conocida como microbiota, para combatir la desnutrición. Foto: ytimg.com.

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Agencia AFP

Actuar sobre la flora intestinal, también llamada microbiota, podría ayudar a luchar contra los efectos permanentes de la desnutrición en los niños, según sugieren dos estudios publicados en Estados Unidos que confirman la importancia de estos microorganismos para la salud.

La microbiota, compuesta por 100 billones de bacterias, ejerce funciones fundamentales para la salud, como la degradación de los alimentos ingeridos para una mejor absorción intestinal y un metabolismo óptimo.

Estas miles de millones de bacterias, que colonizan el intestino desde el nacimiento, también tienen un papel clave en la maduración del sistema inmunológico.

Los resultados de estos dos estudios publicados en la revista estadounidense Science abren la vía al desarrollo de terapias que permiten luchar eficazmente contra problemas devastadores de salud debidos a la subalimentación que afecta a decenas de millones de niños en los países en desarrollo.

Los investigadores recogieron materias fecales que contenían una muestra de las bacterias presentes en la flora intestinal de niños de entre seis y 18 meses en Malaui, algunos de los cuales estaban bien alimentados y otros estaban desnutridos a distintos niveles. Luego injertaron estas heces en los intestinos de ratones vírgenes de cualquier clase de bacteria.

Estudios anteriores sugerían que la desnutrición puede impedir el desarrollo de la flora microbiana en los intestinos, la cual madura a medida que los individuos avanzan en edad.

Este primer equipo de investigadores, dirigido por Jeff Gordon, de la Facultad de Medicina de la Universidad Washington en St. Louis (Misuri) , pudo así demostrar que los niños malauíes de 18 meses que estaban desnutridos tenían una flora intestinal equivalente a la de un niño de seis meses. En otras palabras, la madurez de su microbiota no se correspondía a su edad.

También demostraron que la flora intestinal inmadura se vincula a un menor crecimiento de estos niños, respecto a los niños bien nutridos cuya microbiota se desarrolla normalmente.

Los ratones a los cuales los científicos injertaron materia fecal de niños bien alimentados ganaron mucho más peso y masa no grasa que los jóvenes ratones que recibieron la microbiota de donantes desnutridos.

Luego injertaron en estos ratones las materias fecales de niños saludables, lo cual permitió restablecer el crecimiento normal de los roedores.

La próxima etapa para los científicos será confirmar estos resultados en otros grupos de niños y explorar la manera de utilizar estos microorganismos en tratamientos para controlar la desnutrición que afecta a cerca de 160 millones de pequeños de menos de cinco años en todo el mundo, según datos de la ONU.

El segundo estudio, dirigido por François Leulier, del Instituto de Genómica Funcional de Lyon, en Francia, identificó dos especies de microbios que habitan en los intestinos, los lactobacilos, que permiten estimular la actividad de las hormonas de crecimiento en ratones jóvenes desnutridos.

“ Hemos podido demostrar con estas cepas de lactobacilos, que ya se comercializan en suplementos dietéticos, es que no sólo tienen efecto en el peso, sino además en el crecimiento del esqueleto ” , explicó el investigador .

Con la terapia nutricional, las intervenciones microbianas con determinadas cepas bacterianas podrían convertirse en una innovadora estrategia para contener los efectos de la desnutrición crónica infantil, según el segundo estudio.

Estos dos nuevos descubrimientos ilustran una vez más el importante papel de la microbiota, cuyos anteriores estudios habían demostrado la importancia en el control del metabolismo energético en los adultos y patologías como la obesidad o la diabetes.

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