11 de noviembre de 2016 00:00

‘La chica del tren’, un filme que reúne engaños y fatales consecuencias

La cinta logra sorprender con el juego de pistas falsas, giros imprevistos y sólidas sospechas. Foto:

La cinta logra sorprender con el juego de pistas falsas, giros imprevistos y sólidas sospechas. Foto: Captura

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Fernando Criollo
Redactor (O)
fcriollo@elcomercio.com

En ‘La chica del tren’ todo depende del cristal a través del cual se mire y de la voz que se escuche. Con millones de ejemplares vendidos, la exitosa novela escrita por Paula Hawkins llega al cine bajo la dirección de Tate Taylor, quien da forma a un thriller bien estructurado, de pistas astutamente distribuidas y personajes bien perfilados.

La primera parte sirve como introducción a las tres mujeres que alternan su voz en la construcción de la historia. Por un lado está Rachel (Emily Blunt), una mujer que ha encontrado en el alcohol una manera de mitigar el peso de un matrimonio fracasado, la pérdida de su casa y su trabajo. Su rutina ha quedado reducida a los continuos viajes en tren y las historias que imagina sobre una pareja que observa a diario desde la cabina, cuando pasa por una zona residencial.

Video: YouTube, cuenta universalpicturesmx


Desde esa casa que da a las vías, Megan (Haley Bennett) trata de reponerse a un trágico pasado asistiendo a terapia psicológica y trabajando como niñera en casa de Anna (Rebecca Ferguson), quien debe lidiar con la sombra de Rachel, la exesposa de su actual marido.

En esa primera parte el filme consigue mantener una distancia casi voyeurista sobre las vidas de las protagonistas. La desaparición de una de ellas estrecha trágicamente el vínculo casual que las une.

La intriga se desenvuelve en una serie de vaivenes temporales, en los que se va profundizando en la psiquis de los personajes, sus demonios, deseos e intenciones. El relato logra sorprender con el juego de pistas falsas, giros imprevistos, sólidas sospechas, decisiones culminantes y vacíos intencionales alrededor de los cuales se construye la sospecha y la intriga.
 
El trabajo de fotografía y cámaras aportan en la construcción de una atmósfera angustiante y a ratos claustrofóbica, donde Blunt destaca en la triada protagónica, con una lúcida interpretación de un personaje que transita por un oscuro y sórdido sendero.

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