15 de febrero de 2018 00:00

La fiesta Kasama congregará a 2 200 tsáchilas en Santo Domingo

Niños y jóvenes se preparan para participar en la fiesta Kasama, en marzo. Foto: María Victoria Espinosa / EL COMERCIO

Niños y jóvenes se preparan para participar en la fiesta Kasama, en marzo. Foto: María Victoria Espinosa / EL COMERCIO

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María Victoria Espinosa
(F-Contenido Intercultural)

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Los tsáchilas interpretan dos tipos de danza en la fiesta Kasama, la más tradicional de la etnia radicada en Santo Domingo. La primera se hace en los rituales y la otra se realiza en la fiesta de integración.

En las danzas de los rituales participan hombres y mujeres tsáchilas que conocen sobre la medicina ancestral. La inducción es protagonizada por un poné, sabio en tsáfiki.

Los danzantes bailan al compás de los instrumentos de vientos y del tambor, típicos de la nacionalidad.

Sus cuerpos deben comunicar a los espíritus y dioses el motivo por el cual se contactan con ellos, según la cosmovisión tsáchila. Tanto los instrumentos como los bailarines forman parejas para representar el poder femenino y masculino.

La celebración de la fiesta Kasama, con la que los nativos inician un nuevo año, empieza con el baile de los niños y jóvenes. Luego se unen las mujeres y, por último, los hombres.

Esos bailes no se hacen en pareja, para que así puedan participar todos los miembros de las comunas.

Desde hace 25 años, cuando se retomó la celebración, se empezaron a practicar nuevamente los pasos de baile ancestrales.

Aunque para María Calazacón, de la comuna Chigüilpe, el baile se ha deformado. “Antes, cada paso era una imitación de los animales y del movimiento de las hojas. Pero ya se ha perdido todo contacto con la naturaleza”.

Sin embargo, en los 12 centros culturales y turísticos tsáchilas se busca retomar esa tradición. Abraham Calazacón, líder del proyecto cultural Mushily, señaló que hace dos años abrió una escuela tsáchila para enseñarle a los niños sobre los saberes ancestrales.

Unos 20 niños aprenden los pasos de baile al son de la marimba. Ellos tienen presentaciones cuando llegan turistas, quienes destacan la facilidad de los infantes para bailar las diferentes melodías.

Natasha Calazacón, de 9 años, está ensayando desde enero los pasos típicos para bailar en la fiesta Kasama junto a otros 20 niños más. Ella dijo que antes de salir a la pista debe escuchar el sonido de la marimba y luego imaginarse el bosque tsáchila.

Apenas aparece el sonido de bombo, ella sale al escenario e imagina que baila con tigrillos, guantas y armadillos. “Imagino cómo bailarían ellos y eso intento imitar”. Se confesó motiva por la pronta presentación.

Mirian Calazacón, guía nativa y profesora en Mushily, afirmó que se busca rescatar la música y danza tsáchila a través de juegos y presentaciones. Ella aseguró que ya se siente un cambio entre los niños y jóvenes debido a que ya utilizan la indumentaria tsáchila. También porque pintan su cabello y cuerpo con los colores rojo y negro.

De hecho, las prácticas se realizan con la vestimenta típica. Las niñas utilizan una falda multicolor, collares y cintas en el cabello. Mientras los niños dibujan figuras en sus cuerpos con tinta negra y pintan su cabello de rojo con achiote.

Para la danza en los rituales, los tsáchilas utilizan pulseras de semillas rojas. Se dice que ahuyenta malas energías. Además, antes del baile se cumplen con oraciones y baños de florecimiento para agradar a los dioses. Participan personas de diversas edades.

Celebración
Será en Los Naranjos, del 29 al 31 de marzo del 2018. 

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