28 de abril de 2018 00:00

El festival de la lisa asada de El Morro, en Guayaquil, engancha a los turistas

El festival de la lisa asada será mañana en esta parroquia rural de Guayaquil. Sus comuneros también ofrecen alternativas de  ecoturismo. Foto: Mario Faustos / EL COMERCIO

El festival de la lisa asada será este domingo 29 de abril del 2018,  en esta parroquia rural de Guayaquil. Sus comuneros también ofrecen alternativas de ecoturismo. Foto: Mario Faustos / EL COMERCIO

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Elena Paucar
Redactora
(F-Contenido Intercultural)

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La cabeza y la cola sobresalen del plato. Está tan caliente que quema los dedos, pero hay que arriesgarse a descubrir lo que ocultan esa piel crocante y esas escamas tostadas.

De un solo tirón el pescado se abre en dos, liberando una capa de humo y un aroma delicioso. Por dentro la lisa esconde una capa gruesa de carne blanca, jugosa, impregnada con una mezcla de aliños después de 15 minutos de cocción sobre la parrilla ardiente.

Comerse una lisa entera parece imposible, pero Lucrecia Bohórquez ha visto a obstinados visitantes hacerlo en su comedor El Delfín, instalado frente a los manglares de Puerto El Morro. Aquí, al igual que en otras cabañas de esta parroquia rural de Guayaquil, la lisa asada es la especialidad.

“Cuando era niña las canoas venían llenas de lisas. Las hacían asadas, en caldos y estofados”, recuerda la mujer, nacida en una familia morreña.

“Ahora las ofrecemos a las visitas. Los fines de semana sacamos 100 y hasta 200 lisas a la parrilla”. En su local se puede comer tranquilamente, frente a las canoas varadas y mangles cubiertos con redes de pesca.

El Morro se ubica a 15 minutos del cantón Playas. Sus cerca de 5 000 habitantes son herederos de los chanduyes, que se asentaron junto a este brazo de mar, allá por 1700.

Son pescadores por esencia, como Segundo Anastasio. “El manglar nos da todo. Hay conchas, churos, cangrejos, mejillones... Y claro, la lisa”.

En abril y mayo abunda este pez saltarín y de escamas que brillan con la luna llena. Así lo describe Jimmy Marcial. “Las cogemos cerca, en Posorja y por la isla Puná”, dice y alza una lisa del porte de su brazo.

Por la abundancia de la época, la Asociación Ambiental Ecoclub Los Delfines, conformada por comuneros, organiza desde hace 14 años el festival de la lisa asada. Será mañana y los fogones ya están listos.

El festival tiene el apoyo de escuelas de gastronomía, interesadas en conocer más de esta preparación ancestral. El menú del día incluye danzas folclóricas, regatas en canoas y recorridos en botes por el refugio de vida silvestre El Morro.

El ecoturismo es parte de la oferta de la parroquia, donde sobrevuelan garzas y fragatas, donde los cangrejeros y concheros copan los muelles.

“Para los turistas tenemos dos rutas dentro de la reserva: una para avistar aves, delfines y manglares; y otra más distante, hacia la isla Manglecito, para ver fragatas”, explica Juan Carlos Lindao, guía nativo.

El manglar protege un pequeño parche de bosque seco. Los ciruelos, ceibos y guasangos se extienden hasta el cerro El Muerto, en el ingreso a la parroquia. El nombre describe perfectamente su forma: son tres elevaciones, de hasta 100 metros de altura, que crear la figura de un difunto.

El sitio no es nada fúnebre. En la montaña se practica turismo de aventura, con senderismo, ciclismo, escalada y recorridos en cuadrones.

Pero antes de ajustarse los cascos para escalar el cerro o los chalecos para el viaje en lancha, se puede separar una lisa al carbón. O cualquier otro platillo. Sobre las parrillas de Puerto El Morro se cuecen burbujeantes cazuelas de mariscos y conchas pata de mula, del tamaño de una mano.

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