2 de noviembre de 2014 23:24

Los bemoles de una feria en torno al libro

La FIL UIO 2013 se realizó en el Centro de Convenciones Bicentenario. Foto: Patricio Terán / Archivo / El Comercio

La FIL UIO 2013 se realizó en el Centro de Convenciones Bicentenario. Foto: Patricio Terán / Archivo / El Comercio

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Diego Ortiz. Redactor (I)
ortizd@elcomercio.com

A 17 días del inicio de la Feria Internacional del Libro de Quito 2014 (que será inaugurada el viernes 21, a las 19:00, en la Casa de la Cultura Ecuatoriana), la publicidad del evento editorial más importante del país poco se puede ver en las calles que lo acogen. Y esta es una de los primeras cuestiones que inquietan tanto a editores, libreros, lectores y aficionados: la falta de información acerca de lo que se viene en este año (en especial porque el gran invitado es el octogenario Fondo de Cultura Económica).

Fabián Luzuriaga, presidente de la Cámara Ecuatoriana del Libro y uno de los organizadores de la cita literaria, dice que en los próximos días se podrá conocer casi en su totalidad lo que en este año la FIL ofrecerá a los lectores nacionales.

Mientras tanto, algunas interrogantes se levantan en torno al evento. Una de estas es el impacto de la cita en el mercado editorial local. Al respecto, según cifras de la Cámara Ecuatoriana del Libro, la FIL UIO 2013 registró ingresos sobre los USD 425 000, un incremento del 41% en comparación con su edición 2010.

Sin embargo, este aumento no siempre es sinónimo de que la feria sea un éxito para las editoriales. Al respecto, Mónica Varea, representante de Librería Rayuela, expresa que este no es precisamente un espacio para las ventas. “Mi participación en la Feria del Libro es para que el público sepa que existo, mas no es un negocio. Si logro cubrir en algo los costos, eso es bueno”, dice.

Para esta edición se espera que la participación de casas editoriales ascienda a 100, 57 más que en el 2011. Con esto, editores como Yanko Molina, de La Caracola Editores, y Varea esperan que el recinto ferial sea más que un lugar de exposición de publicaciones. Molina opina que las ferias deben ser, también, un espacio para los intercambios editoriales y para el mercado de derechos de autor.

Un tercer elemento que suscita preguntas es el espacio mismo para la FIL UIO. En los últimos años esta ha tenido entre sus sedes a espacios como el Centro de Exposiciones Quito, a los centros de convenciones Eugenio Espejo y Bicentenario, por mencionar algunos. A criterio del bibliotecario Leonardo Pérez, esto resulta un problema para los visitantes: no se sabe cuándo ni dónde se van a realizar los eventos. Al respecto, Varea afirma que uno de los éxitos de ferias como las de Buenos Aires o Bogotá es que han tenido “una continuidad en el tiempo y en el espacio”. Pérez, quien en los dos últimos años ha ido hasta la de la capital colombiana, dice que es una ventaja conocer exactamente estos datos porque permite planificar a tiempo viajes para visitar esos lugares. 

En su séptima edición, la FIL UIO tendrá como escenario a distintos espacios de la CCE. Y a puertas de su inauguración, la gente interesada en el evento recuerda el famoso lema de la industria estadounidense: “no parking, no business”. Sin parqueo no hay negocio, y esto parecería ser uno de los retos para una feria que se desarrolla en una sede con un parqueadero relativamente pequeño para una cita que en su última edición convocó a 108 223 personas. Hasta antes del feriado, el Ministerio de Cultura y Patrimonio no se pronunció al respecto de esta pregunta.

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