19 de febrero de 2016 00:00

Felipe Troya hurga en la vida íntima de una familia

Felipe Troya fue ganador del Premio Literatura Joven Latinoamericana. Foto: Pavel Calahorrano / EL COMERCIO

Felipe Troya fue ganador del Premio Literatura Joven Latinoamericana. Foto: Pavel Calahorrano / EL COMERCIO

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Gabriel Flores

Con 1-800-Mattress, una empresa de ventas de colchones que funcionó en Nueva York, a finales de la década de los 90, Napoleón Barragán, un estadounidense de origen ecuatoriano, se convirtió en el gurú del ‘sueño americano’.

La vida de Barragán le sirvió a Felipe Troya para delinear a uno de los personajes principales de ‘Ardillas’, el libro con el que ganó el Premio de la Joven Literatura Latinoamericana 2015.

Para encajar las piezas de su puzzle literario, Troya escribió su historia dentro de los límites de un romance de verano. Un género literario que engloba novelas breves, que narran la historia de una pareja joven durante las vacaciones veraniegas.

Un breve resumen de ‘Ardillas’ diría lo siguiente: la novela cuenta el viaje de verano de una familia ecuatoriana a EE.UU. Esta familia llega a la casa de un tío pudiente que vive en este país hace muchos años. Durante su estadía van descubriendo los entuertos alrededor de este personaje de semblante carismático y encantador, y al mismo tiempo, el joven de la familia empieza un amorío con su prima gringa.

Lo que quería Troya, en esta novela, era someter a sus personajes a una serie de obstáculos para ver cómo reaccionaban. Sobre todo, le interesaba saber cómo este tío exitoso se enfrenta al fracaso del ‘sueño americano’. Una distopía presente en la narrativa de escritores, como Thomas Pynchon, David Foster Wallace, Philip Roth y Jonathan Franzen.

El mismo sueño roto con el que se topó el propio Barragán, quien pasó de tener una empresa que facturaba USD 1 500 millones al año, a una que cayó en la banca rota por el aparecimiento de Internet.

Si bien en ‘Ardillas’ se explora el mundo de la migración desde una óptica intimista, el leitmotiv de la novela gira en torno a otro tema; perfilar la vida íntima de una familia de clase alta que disfruta sus vacaciones en otro país.

Para ambientar su obra, Troya recurrió a varios símbolos estadounidenses presentes en obras de la literatura de EE.UU., como el tenis. Un deporte presente en libros que van desde ‘Goodbye Columbus’, de Roth hasta ‘Pureza’, la última novela de Franzen. En ‘Ardillas’, varios de sus personajes juegan tenis, pero también pasan mucho tiempo en la piscina, un elemento que sirve para ambientar los días calurosos.

El día de la premiación, el pasado jueves 11 de febrero, Troya mencionó, en varias ocasiones, a Franz Kafka y a Charles Dickens. Este escritor de 27 años sostiene que estos autores han influenciado mucho en su trabajo narrativo. Sobre todo Dickens en la construcción de personajes grotescos, caricaturescos y absurdos.

Troya siempre buscó que, en su novela, la parodia esté presente a través de impresiones más que de personajes redondos. El resultado final -dice-, es una historia que le resultó insatisfactoria y que espera que en los lectores cause el mismo efecto.

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