31 de octubre de 2016 00:00

Las familias de San Gerardo mantienen tradición de la totora

La Plaza Dávalos es el mayor sitio de expendio de artesanías hechas con fibras de totora. Hay esferas, cestos y bolsos. Foto: Cristina Márquez/EL COMERCIO

La Plaza Dávalos es el mayor sitio de expendio de artesanías hechas con fibras de totora. Hay esferas, cestos y bolsos. Foto: Cristina Márquez/EL COMERCIO

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Cristina Márquez
(F-Contenido Intercultural)

Tejer una estera con fibras de totora seca, una planta acuática que crece en las riberas de ríos y lagunas, es un trabajo que le toma a los artesanos de San Gerardo al menos 12 horas. Sin embargo, en los mercados se la puede adquirir hasta por USD 12.

Las fibras sintéticas y alfombras, que también están disponibles a precios similares, reemplazaron a las artesanías hechas con las fibras de esta planta. Pero a pesar de los bajos réditos económicos, al menos 10 familias de San Gerardo decidieron continuar con el oficio y preservar la tradición.

Hace una década, todas las familias de esa parroquia subsistían de las cosechas de totoras que se hacían cada nueve meses en las riberas del río Guano. Los artesanos como Aurelio Aulla aprendieron de sus padres cómo cosechar las plantas, cómo secarlas, procesarlas y tejerlas para manufacturar esteras y cestos.

“Antes todos nos dedicábamos a esto y vivíamos bien. Las esteras eran cotizadas en el mercado y tenían buenos precios. Hoy ya no tienen mucho valor, la gente ya no las compra”, cuenta Aulla.

Según él, antes de que la industria de las cuerdas plásticas creciera, la gente prefería las fibras de cabuya y las de totora. Las utilizaban principalmente para reforzar los cimientos de las construcciones, para colocarlas en los tejados, en las paredes o como alfombras.

Las fibras de esta planta son muy resistentes y tienen una vida útil que supera los 20 años. En la actualidad ya no se utiliza para la construcción; la buscan los decoradores de interiores que buscan recrear un estilo rústico en sus espacios.

En Colta, un cantón situado al sur de Chimborazo, las comunidades también se dedican a la fabricación de artesanías con las totoras que crecen sin control en la laguna de Colta. Pero allí aprendieron a manufacturar otro tipo de artículos para atraer la atención de los visitantes que llegan en el tren y hacen una parada para conocer la localidad.

Los comuneros de Santiago de Quito, por ejemplo, elaboran pequeños muñecos que representan los oficios tradicionales de los indígenas de esa zona. Las pequeñas esculturas representan a los balseros, agricultores, novias puruhaes, tejedores de ponchos y otros personajes típicos.

El proyecto es promovido por la Junta Parroquial y consiste en capacitar a las mujeres de las 11 comunidades en la elaboración de esas artesanías. La iniciativa Soy un artesano consiste en comercializar artesanías que promuevan el orgullo por la identidad y, a su vez, el turismo comunitario.

“Pensamos en formas alternativas a la agricultura y la ganadería, que son nuestras únicas actividades comerciales, para ganar dinero y mejorar nuestra calidad de vida”, cuenta Antonio Paguay, presidente de la Junta Parroquial.

Las artesanías se comercializan a los viajeros que llegan en el tren a la laguna de Colta y a la iglesia Balvanera, la primera capilla católica construida en el Ecuador. Cuestan entre USD 3 y 25.

“La gente aquí quemaba la totora. Es que la planta es como una hierba mala, la usábamos para dar de comer a los animales. Jamás me imaginé que ahí estaba el dinero”, cuenta
risueña Marcia Gómez, una de las artesanas.

Por su textura firme y tosca, la totora es perfecta para moldear imitaciones de estructuras como casas, barcos, balsas... Antaño, estas mismas propiedades vegetales eran aprovechadas para la elaboración de implementos para el hogar como cestas y esteras.

Sin embargo, la demanda de estos objetos se redujo cuando las grandes industrias ofrecieron en el mercado cestos plásticos más económicos y durables que los hechos con fibras naturales. “Los trabajos con totora, una planta que se ha utilizado aquí desde la época de nuestros ancestros se estaba perdiendo. Por eso quisimos recuperarlos de un modo productivo para la gente”, afirma Paguay.

Los cestos
De totora se utilizaban para transportar las compras del mercado. Hoy se venden como adornos.

Precios
Según el tamaño, color o los acabados, hay artículos que cuestan desde los USD 4 (como bolsos).

El lugar
El Mercado Antonio Dávalos es el principal punto de comercialización de artesanías de totora.

La comunidad
En San Gerardo hay 10 familias que subsisten de la fabricación de artesanías de totora.

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