25 de abril de 2016 00:00

Familias indígenas de Colta fundaron un barrio en Ambato

El barrio Laguna de Colta está ubicado en el sector de Huachi Solís, al suroeste de la capital de Tungurahua. Foto: Glenda Giacometti / EL COMERCIO

El barrio Laguna de Colta está ubicado en el sector de Huachi Solís, al suroeste de la capital de Tungurahua. Foto: Glenda Giacometti / EL COMERCIO

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Modesto Moreta

Llegó a Ambato hace 23 años procedente de la comunidad de Pulocate Cuatro Esquinas del cantón Colta, en Chimborazo. Desde entonces, Elsa Youtibug no ha dejado de hablar kichwa con sus hijos y familiares.

Ella es parte de las 20 familias de este cantón chimboracense que vive en Ambato. Este grupo arribó hace 35 años por negocios y se estableció en esta ciudad. Compraron en el sector de Huachi Solís, en el sur oriente de la urbe, 3 500 metros cuadros de terreno. 
Así los migrantes indígenas fundaron su propio barrio denominado ‘Lago de Colta’. En los terrenos divididos en partes iguales construyeron sus viviendas. Son edificaciones de una y hasta tres plantas.

Hay una iglesia evangélica donde se reúnen los fines de semana para dictar clases de Biblia. 
El patio central de este sector es adoquinado y la vía principal de acceso, empedrada. Elsa cuenta que mantienen el idioma, pero algunas prendas de su vestimenta ya no usan, como la fachalina que va sobre la espalda y el changalle que se cruzaba entre el pecho y los hombros. Tampoco el sombrero de paño de color blanco. 


Sin embargo, mantiene el anaco negro, una blusa blanca con bordados hechos a mano y un suéter para arroparse del intenso viento que hace en esta zona. Su hija Lisette, de 15 años, conserva el vestuario. “Le gusta el traje completo y así va al colegio. Ya no hay discriminación como antes en la escuela, ahora hay respeto hacia nosotros”, cuenta Elsa, de 35 años.
En este barrio la mayoría de las familias están dedicadas a la comercialización de legumbres y electrodomésticos en Ambato y recorren las ferias que se realizan en los mercados de las ciudades de la Sierra Centro.

Pedro Guacho, líder de la comunidad, explica que en 1980 se unieron varias familias que laboraban en Ambato en la venta de legumbres, electrodomésticos, plásticos, hortalizas, repuestos para autos y tiendas de productos, para adquirir el terreno. Luego edificaron de a poco las viviendas. 
También compraron otro lote de 900 metros cuadrados donde se levanta la iglesia, a la cual acuden los fines de semana. Tienen dos canchas para la práctica del vóley.

Dice que todos los vecinos se conocen y son como una familia. “Mantenemos nuestras costumbres como la vestimenta y el idioma que son importante”.
Asegura que su trabajo como dirigente es rescatar la lengua para que no se pierda, tampoco la vestimenta y la cultura. Lamenta que en el sector no haya una escuela bilingüe para que sus hijos refuercen el kichwa. 
Por eso aconseja que los taitas y mamas que habitan en esta zona hablen dentro de sus hogares la lengua materna. Además, que las niñas en especial se vistan con el traje típico de las comunas. “Funciona un seminario a distancia y estamos capacitando a los líderes de las iglesias sobre teología, área social y espiritual que se imparte en kichwa”.


Explica que los primeros fundadores del barrio Lago de Colta estaban dedicados al comercio, pero las nuevas generaciones buscan otras carreras. Hay profesores, técnicos en computación y otras especializaciones que están aportando en el progreso de esta comunidad. 


Jorge Yautibug también migró de la misma comunidad. Llegó hace 10 años al barrio. Dice que es una bendición estar en Ambato porque ahora tiene trabajo y una familia. Decidió venir porque sus dos hermanos le dijeron. Llegó unos días después de casarse con Blanca Cepeda de la comuna Chacapamba, en Colta. Ahora tiene dos hijos que estudian en Ambato.

Es profesor de kichwa, lengua castellana y literatura. Se graduó en el Instituto Jaime Roldós Aguilera de Colta. Está dedicado a que los niños no pierdan el idioma.
Cuenta que a su llegada no hubo la apertura de la gente, especialmente de los pueblos locales, pero con esfuerzo consiguió trabajo. Ahora está interesado en que su cultura perdure. En eso trabaja los fines de semana en el barrio.

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