17 de agosto de 2017 00:00

Colores en la faja identifican a la mujer en luto o la casada

Manuel Chaglla confecciona las fajas hace 25 años.

Manuel Chaglla confecciona las fajas hace 25 años. Foto: Modesto Moreta / EL COMERCIO

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Modesto Moreta
Coordinador 
(F-Contenido Intercultural)

Los artesanos de los pueblos Salasaka y Chibuleo mantienen en sus telares la tradición de tejer la chumbi o faja. Esta prenda es un complemento importante de la vestimenta diaria que usan las mujeres de estas comunidades indígenas de Tungurahua.

Las warmis utilizan para ajustar su anaco. Además, los hombres las identifican si son solteras, casadas o están de luto. En la parroquia Salasaka también se confeccionan las fajas que se utilizan en las fechas especiales como el Día de los Difuntos, en noviembre, o las celebraciones del Inti Raymi, Paukar Raymi…

Todo depende de los colores que los hábiles artesanos de esta parroquia del cantón Pelileo, en Tungurahua, usen en el tejido en sus rudimentarios talleres instalados en los corredores de sus vetustas viviendas con techo de teja y estrechas ventanas de madera.

Francisco Caiza, de 35 años, pasa sentado en el piso entre 5 y 8 horas tejiendo las chumbis. En ocho días logra confeccionar dos de estas prendas que vende entre USD 120 y 150. En el corredor de su casa trabaja usando un telar de cintura que es diferente a los que utilizan para tejer los ponchos, bayetas y anacos.

Está ensamblado con dos troncos gruesos anclados al piso y otros más delgados atados con cabuyas en forma horizontal en la parte superior e inferior. En estos maderos templa las hebras de lana de diversos colores como café, negro, azul y blanco para dar forma a esta prenda que puede medir entre 10 y 20 centímetros de ancho y 2,50 metros de largo.

Caiza cuenta que el tejido lo aprendió de su padre Francisco hace 15 años. Hay chumbis que usan las solteras y se diferencian por los colores vivos como el rojo, café, azul, blanco y abunda el rosado. En las gráficas se representa la naturaleza, la fertilidad, la flora, la fauna, la cosmovisión indígena como caracoles y llamas. “Todas las fajas tienen el contenido gráfico similar, lo que les diferencia son los colores”.

Por ejemplo, para el luto cruzan hilos de colores blanco, azul, negro, café y amarillo. Caiza utiliza herramientas elaboradas con madera de capulí. Con esos instrumentos similares a cuchillos sin filo golpean cada vez que cruzan de lado a lado los hilos. Eso da firmeza y resistencia a la tela.

Martha Chango usa una de estas fajas. Lleva una que le identifica como una mujer casada y ajusta su anaco de color negro. Su atuendo se complementa con una blusa color blanco con bordados hechos a mano, un rebozo morado y sombrero blanco.

A un kilómetro de ahí está el taller de Manuel Chaglla, de 42 años. Con habilidad cruza los hilos en su telar y da forma a gráficas como la chacana o cruz andina, caracoles, el camino en zigzag y otras figuras. Cuenta que aprendió a tejer hace 25 años. “Solo miraba a mis primos que son tejedores y aprendí esta técnica. No necesito de papeles para dar forma a las figuras, las tengo grabadas en mi cabeza”.

Cada 15 días logra elaborar una de estas prendas que vende en el centro de Salasaka en USD 150. Con el dinero puede comprar más materia prima. También, le traen las obras. Cuando le dan la lana solo cobra la confección, que vale USD 80. “Es un trabajo duro, pues debemos pasar sentados más de seis horas al día”.

En la comunidad Chibuleo los esposos José y Nancy Sisa también tejen estas prendas. Se diferencia de las elaboradas en Salasaka. Ellos hacen representaciones de las llamas, la mujer indígena o las ollas de barro. Las confecciona en su taller localizado en el barrio San Francisco ubicado en la vía Ambato-Guaranda.

Sisa explica que el contenido de cada una de las fajas que teje en los telares se basa en una investigación a los taitas y mamas de la comuna. Cita por ejemplo que cuando la mujer es viuda se grafican las ollas de barro en las prendas de 2,50 metros de largo. Además, si aparecen dos llamas o una pareja (hombre y mujer), es casada y si hay una sola imagen es soltera.

El investigador Raymi Chiliquinga explica que la faja salasaka contiene las 54 figuras, que son las más representativas y cotidianas que cuentan la historia del pueblo antes y después de la conquista y que luego fueron distorsionados por los españoles.

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