8 de enero de 2017 00:05

Un experimento en Finlandia cuestiona el paradigma de trabajar a cambio de dinero

La globalización y la tecnología están revolucionando el mundo laboral. El experimento que empieza en Finlandia cuestiona el paradigma de trabajar básicamente a cambio de dinero.

La globalización y la tecnología están revolucionando el mundo laboral. El experimento que empieza en Finlandia cuestiona el paradigma de trabajar básicamente a cambio de dinero. Foto referencial: Wikicommons

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 16
Triste 1
Indiferente 2
Sorprendido 16
Contento 40
César Augusto Sosa
Macroeditor (O)

Es una propuesta para reducir las desigualdades, la pobreza, la falta de oportunidades laborales. También es una forma de minimizar los efectos de la globalización o de compensar a las personas que se quedaron sin trabajo porque no lograron avanzar al ritmo de la tecnología.

Esa propuesta también busca afinar la idea del Estado del Bienestar, donde todo ser humano consigue satisfacer sus necesidades mínimas. Y para alcanzar ese objetivo existe la oferta de entregar una renta básica universal (RBU) a los ciudadanos. La idea no es nueva pero está ganando adeptos alrededor del mundo, sobre todo a medida que aumentan el número de desplazados por el ingreso de la robótica y la inteligencia artificial.

La renta básica universal es una asignación monetaria incondicional a toda la población solamente por el hecho de existir, de estar viva. Para acceder a ella no se necesita demostrar nada, pues tienen derecho tanto pobres como ricos, trabajadores o desempleados, religiosos o ateos, blancos, negros o amarillos.

Esta propuesta se puso en marcha este mes en Finlandia, a manera de experimento. Ha despertado interés internacional porque se trata del primer país del mundo que ensaya a nivel nacional la posibilidad de conceder una renta básica a sus ciudadanos.

A partir del 1 de enero, en Finlandia, 2 000 personas recibirán en sus cuentas bancarias y durante los próximos dos años, una renta básica de 560 euros, libres de impuestos. Los beneficiarios de este experimento son personas de entre 25 y 58 años, seleccionados aleatoriamente entre 175 000 habitantes de todo el país y que percibían algún tipo de subsidio por desempleo.

Para los responsables de este ensayo, el objetivo principal es modernizar el sistema de seguridad social para beneficiar a los sectores más desfavorecidos. Por eso, al final del experimento, es poco probable que la medida tenga una aplicación generalizada. La razón: dar 560 euros al mes a todos los ciudadanos es demasiado caro para el Estado, dijo a la agencia Efe la responsable jurídica de la Seguridad Social de Finlandia, Marjukka Turunen. Sin embargo, cree posible que pueda aplicarse a ciertos grupos de personas con bajos ingresos.

De hecho, el grupo de expertos que diseñó este ensayo propuso que se extienda a partir de 2019 a otros grupos, como los estudiantes, los trabajadores autónomos y los empleados a tiempo parcial, aunque el Gobierno aún no se ha pronunciado sobre esta posibilidad.

La idea de contar con un ingreso mínimo sin necesidad de trabajar puede generar diversas reacciones en una sociedad. Unos creen que sería el mundo ideal, ya que las personas no tendrían ninguna justificación para hacer lo que realmente quieren, ya que no deben preocuparse de trabajar para llevar el pan a la casa.

Incluso cambiaría algunos conceptos religiosos arraigados, donde el salario o cualquier remuneración está íntimamente relacionado al esfuerzo de las personas: “Te ganarás el pan con el sudor de tu frente...”.

En un mundo que camina hacia la automatización del trabajo y donde los robots se encargarían de hacer tareas simples y complejas, es fácil creer que los humanos pueden disponer de más tiempo libre para cumplir todos los deseos postergados de quienes se lamentan de pasar demasiado tiempo en la oficina.

Bajo ese escenario, por ejemplo, las personas podrían pasar más tiempo con su familia, con los amigos, podrían dedicarle más tiempo al deporte, a leer libros o simplemente a ver las estrellas y filosofar.

Para que eso suceda hay que asegurarse que alguien trabaje. Y los robots pueden cumplir perfectamente esa tarea. En la actualidad ya se los encuentra en el mundo laboral, en las fábricas ensambladoras de autos, en los ‘call center’ y próximamente en los vehículos autónomos, que desplazarán a los taxistas y al mismo Uber.

En Japón, la aseguradora Fukoku Mutual Life ha reemplazado 34 empleados de oficinas por un sistema de inteligencia artificial que calcula los pagos a los asegurados, según una nota del Diario El País de esta semana. Cerca de la mitad de los trabajos en Japón podrán ser realizados por robots en el 2035, señala un informe del Instituto de Investigación Nomura del año pasado.

La renta básica universal parece adelantarse a ese escenario, pero también pudiera mejorar las condiciones laborales en la actualidad. Si toda la gente dispusiera de un salario mínimo, podría elegir no aceptar los trabajos mal remunerados. En un artículo de la revista española MIT Technology, la investigadora del Instituto para el Futuro y el Instituto para la Nueva América en California (EE.UU.) Natalie Foster, dice que nadie tendría que ser adicto al trabajo solo por el temor a no tener nada en caso de dejarlo. Según este punto de vista, aumentarían los sueldos, la igualdad económica y la felicidad.

Pero ese mundo que parece ideal también tiene sus detractores, pues el pago de un salario sin ningún condicionamiento puede fomentar la pereza, la vagancia y sobre todo sería una carga impagable para los Estados.

De eso están conscientes los suizos, quienes el domingo pasado, en un referéndum, rechazaron la propuesta de introducir una renta básica de 2 250 euros mensuales para todos los adultos que vivan en este país.

Un 77% de los votantes dijo no a una iniciativa que nació del propietario de un café en Basilea, Daniel Haeni, quien consiguió poner a votación su propuesta bajo el sistema de democracia directa suizo, generando así un debate sobre el futuro del trabajo en un momento de creciente automatización.

Iniciativas de este tipo se han puesto en marcha en varios países, pero no a escala nacional como en Finlandia. A partir de este mes empezará un experimento de dos años en Holanda, donde los ciudadanos de Utrecht y otras ciudades cercanas recibirán
USD 1 000 al mes.

Asimismo, en la primavera boreal de este año, en Ontario (Canadá), se implementará un plan piloto de renta básica universal que demandará USD 18 millones. Según una publicación de la BBC, Canadá ya ha sido escenario de uno de los experimentos más grandes y ambiciosos en Norteamérica sobre este tema. En 1974 los 10 000 habitantes de una pequeña ciudad de agrícola llamada Dauphin recibieron pagos mensuales incondicionales. El experimento no duró los cuatro años planeados pero cuando analizaron los datos recogidos, encontraron que el resultado era prometedor.

Asimismo, en Alaska, desde 1982, existe una renta básica universal parcial llamada Alaska Permanent Fund. La cantidad que recibe cada uno de sus 700 000 habitantes varía cada año y en el 2016 fue de USD 1 022 mensuales.

El experimento en Finlandia es el más ambicioso de este tipo y pondrá a prueba a sus ciudadanos. Las autoridades quieren comprobar si la renta básica anima a los participantes a buscar trabajo o a emprender, aunque los críticos auguran que la gente se volverá más pasiva por recibir 560 euros gratis todos los meses.

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (44)
No (5)