13 de febrero de 2015 18:22

La experiencia de comprar juguetes sexuales

Los 'sex shop' ofrecen productos eróticos que pueden ayudar a revivir la pasión de la pareja. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO.

Los 'sex shop' ofrecen productos eróticos que pueden ayudar a revivir la pasión de la pareja. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO.

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Yadira Aguagallo (I)

Adquirir juguetes sexuales es una experiencia llena de adrenalina. Para quienes se inician en el arte de escoger un artefacto que desate el placer en noches solitarias o lo complemente en la relación de pareja, todo inicia por preguntar o buscar en la Internet el lugar de la compra.

Vibradores de diversos tamaños, anillos estimulantes, aceites, cremas, lencería comestible y de cuero son las primeras imágenes que saltan en la pantalla cuando se accede a un portal especializado en juguetes para adultos.

Entonces es inevitable que la temperatura suba mientras se pregunta en dónde se debe colocar aquello o si el panty de fresa en realidad tendrá ese sabor o si las baterías vienen incluidas.

El vibrador puede ser usado como un complemento a la relación sexual. También se utiliza durante la masturbación. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO.

El vibrador puede ser usado como un complemento a la relación sexual. También se utiliza durante la masturbación. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO.

Es además un ritual de autoconocimiento. Llegada la hora ¿seremos capaces de envolver en papel de regalo aquellas bolas chinas de color verde? ¿Tomaremos la iniciativa de proponer a un vibrador como el tercer invitado a la cama? ¿Sabremos calcular la fuerza para que el látigo sea placentero y no un instrumento que lleve a nuestra pareja a la sala de emergencias?

Frente a las dudas es mejor preguntar y en este caso tocar. Aunque existen opciones que permiten hacer la compra de estos juguetes de forma discreta vía on-line, la experiencia de hacerlo de forma personal permite descubrir nuevas texturas, verificar el tamaño, consultar con el dueño de la tienda qué artefacto es el más recomendable para determinada ocasión.

Remigio Parra, propietario de Top Secret Sexy Shop, un local ubicado desde hace unos diez años en la Tomás de Berlanga e Isla Isabela, en Quito, recomienda hacer la visita a estos lugares en pareja, así el uso de los artículos será consensuado y ninguno de los dos sentirá que su uso es una imposición. Claro que si la pareja ya ha llegado a un acuerdo hacer una compra en solitario deja espacio para la sorpresa.

Con este criterio coincide Olga Salazar dueña de Sexy Productos, un almacén del Centro Comercial Caracol, en el norte de Quito, donde los ‘dildos’, aceites corporales y para las partes íntimas, dados cuyo azar sugiere una postura, esposas, plumas y demás objetos son vistos de reojo y con recelo por quienes transitan por el pasillo.


Para ella, la magia de los juguetes sexuales está en saberlos usar como una alternativa que saque a la pareja de la rutina y no se convierta en una práctica descontrolada.

La tarde de este viernes 13 de febrero, vísperas de San Valentín, varias chicas con las mejillas sonrojadas ingresaban al lugar y buscaban la opción más divertida para dejar a un lado los típicos regalos (peluches, tarjetas, cd’s o cenas). La ropa interior comestible y los dados sexys son las opciones más compradas.

Los dados sexies son uno de los juguetes sexuales más comprados, según propietarios de sex shops. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO.

Los dados sexies son uno de los juguetes sexuales más comprados, según propietarios de sex shops. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO.

Les siguen los anillos vibradores que permiten la satisfacción a los dos integrantes de la pareja. La lencería atrevida (mallas negras agujeradas y corpiños de encaje) es una opción para quienes no desean usar el común disfraz de enfermera.

La tecnología es también determinante en este tipo de juguetes. Atrás quedaron los tiempos del consolador que debía ser activado con el pulso de la mano o cuyo diseño era estándar. En cuestión de vibradores lo nuevo son los aparatos a control remoto, los sumergibles (ideales para su uso en la piscina o jacuzzy) aquellos que parecen un ‘mouse’ de computadora y que alcanzan varias velocidades.

No son solo para uso femenino, los caballeros pueden también disfrutar del movimiento prolongado gracias a los anillos con motor. Estos vienen en texturas suaves y se adaptan al miembro viril.

Ya sea que se opte por uno o varios de estos artefactos, existe una regla de oro que no se debe olvidar: son aparatos de uso personal, deben ser guardados en lugares fuera del alcance de los menores, la higiene es vital (se debe separar un recipiente exclusiva para lavado y usar jabón íntimo) y sobre todo su uso no debe implicar un perjuicio para la pareja.

El reto de saber estimular

“La sexualidad es una energía que potencia a los seres humanos y los impulsa hacia el amor” explica la sexóloga Susana Bermeo, para quien estos aparatos son parte de la cultura de sustitución que la modernidad ha puesto de moda. Cuenta además que el uso de juguetes eróticos puede llegar a hacer que el cuerpo se acostumbre a reaccionar por estímulos externos y no de manera natural.

Para Bermeo existe otro tipo de recursos que las parejas puede aprovechar para que su vida íntima sea más placentera. Por ello, es enfática en asegurar que se debe aprender a activar los sentidos: la vista, el tacto, el olfato.

Es importante descubrir lugares inexplorados; ese es, para la experta, el mejor estimulante de la vida sexual y representa además un desafío que las parejas deben estar dispuestas a afrontar.

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