28 de marzo de 2015 10:30

Una sala de exhibición en Cuenca le rinde homenaje al vitralista Guillermo Larrazábal

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Jacqueline Beltrán
Redacción Cuenca (I)

La obra del vitralista español Guillermo Larrazábal vuelve a mostrarse en el museo Pumapungo de Cuenca. Una sala de exhibición permanente que lleva su nombre fue reinaugurada la noche de este jueves 26 de marzo de 2015, con una muestra de bocetos de vitrales con motivos religiosos.

La sala será un espacio para recordar el trabajo de Larrazábal, el español que llegó a la capital azuaya en 1955 para elaborar los vitrales de la Catedral de la Inmaculada y se quedó porque se enamoró de Cuenca y de la pintora cuencana Eudoxia Estrella, recordó Jonathan Koupermann, director Cultural de Pumapungo. Ella, su compañera por cerca de 20 años, aunque no llegaron a casarse, fue la encargada de recordar la magia que logró el artista español cuando aprendió a trabajar con la luz. Con una perfecta mezcla de colores conseguía que la luz solar ingresara por los vitrales para iluminar el interior de un lugar.

Por eso, Estrella se alegró de encontrar luz en la nueva sala, dijo que antes “era muy fea y antiestética”. Las obras que se exhiben son de su colección privada, que fueron donadas hace 20 años al museo, cuando era del Banco Central.

Larrazábal fue el primer vitralista y el único de su época en el país, reseñó Pedro Cueva, curador de la muestra. Él dominaba la técnica, pero tenía dificultades para hacer su trabajo por la falta de personal capacitado y de material. Por eso también fue maestro, así empezó a instruir a los artesanos locales para que lo ayuden en la creación de sus obras.

Sus vitrales hoy adornan templos y otros inmuebles de Cuenca, Quito, Guayaquil, Riobamba, Loja, Ambato y otras ciudades del país. Hay un registro de más de 500 obras, en 89 lugares, la mayoría es de corte religioso, dijo Cueva.

No solo fue un artista. Larrazábal también fue un estudioso de la ciencia y la teología. Así fue como encontró una técnica para reproducir la luz con sus vitrales, se llama esplomado, que consiste en unir el plomo con vidrios. También dominaba los trazos, los cuerpos que dibujaba tenían un completo estudio anatómico.

Los temas religiosos fueron la principal fuente de inspiración de sus obras. Con el vidrio logró recrear escenas bíblicas como el descendimiento de Jesús de la Cruz, el encuentro con su madre, imágenes de santos. Pero también exploró con otros estilos, sobre todo cuando le hacían pedidos para casas particulares.

En Pumapungo hay una reserva de 67 obras, entre dibujos y bocetos de pequeño y gran formato. El lugar será una sala de memoria continua, siempre habrá información sobre el autor y su trayectoria. El ingreso es gratuito y está abierto de lunes a domingo. El horario de atención es de 08:00 a 17:00 de lunes a viernes y de 10:00 a 16:00 los fines de semana.

El horario de atención es de 08:00 a 17:30 de lunes a viernes y de 10:00 a 16:00 los fines de semana. La entrada es libre.

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