8 de April de 2014 00:03

El uso excesivo de Internet está catalogado como un trastorno

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En los consultorios de psicólogos y psiquiatras de Quito aún no se promocionan terapias para los 'adictos' al WhatsApp, a las redes sociales y al Internet, en general. Pero es común recibir pacientes con alteraciones debido a que su primera acción al despertar y la última, antes de dormir, es revisar su 'smartphone' o computadora.

Dos psicólogos, dos psiquiatras y una terapista sistémica concuerdan: los teléfonos inteligentes y la posibilidad de interactuar que ofrecen generan dependencia, como el cigarrillo, el licor y más drogas.

Aunque se trata de "una dependencia psicológica y no orgánica, como la que provoca el consumo de sustancias psicotrópicas", según Lucio Balarezo, de la Sociedad Ecuatoriana de Psicoterapia Integrativa y maestro de la U. Católica.

Más que como una adicción, cree, debería tratarse como una alteración en el control de los impulsos. Sugiere preguntarse hasta qué punto la necesidad de conexión le hace dejar de lado a la familia, al estudio...

Gissela Echeverría, terapista sistémica y educomunicadora, trabaja con chicos que han desarrollado una adicción al Facebook, entre otras redes.

Buena parte llega por su bajo rendimiento escolar. Pero luego ella descubre que el origen del problema es el servicio de Internet ilimitado de casa. Hay alumnos que pasan cinco horas del día conectados. Y madres que se quejan porque despiertan a las 04:00 y sus hijos no han apagado la tableta.

Escucha a adolescentes, víctimas de ciber­bullying por ventilar su vida en las redes... A otros que encaran a sus madres porque ellas también juegan Candy Crush, de modo compulsivo, o que reclaman porque su padre no se desconecta de la oficina ni el fin de semana.

Echeverría está por publicar un libro sobre los riesgos de convertirse en adictos a las redes. Culpa a la falta de límites del auge del trastorno. Recibe niños con dificultades para recortar, pero que manejan iPad. Y a chicos con 3 000 contactos en Facebook. En la vida real solo conoce a 200 de ellos.

Napoleón Vásquez trabaja con otros cuatro psicólogos. Los cinco atienden a unos 15 pacientes cada día. El 60% por trastornos relacionados con la dependencia a las redes sociales.

Niños desde 6 años le confiesan no poder vivir sin dos horas diarias de Internet. Hay universitarios que en las tardes, mientras hacen tareas se conectan y sin darse cuenta son las 02:00... Colegiales que ponen el celular sobre la almohada. Van semidormidos a clases.

Vásquez sí lo considera una adicción porque genera cambios psicológicos, hace que se aíslen, se ríen a carcajadas frente a la pantalla, pero no saben relacionarse en la vida real.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define a la ciberadicción como una "adicción sin sustancia". Es decir la coloca junto a otras como la ludopatía o las compras compulsivas.

La Asociación Americana de Psiquiatría, editora del manual más usado para el diagnóstico de trastornos mentales, ya la ubicó en su listado en el 2013.

La terapista Echeverría apunta que en los cerebros de quienes usan Internet de forma excesiva, como en consumidores de droga, se libera dopamina.

¿Cuándo? Por ejemplo, cada vez que alguien recibe 'likes' (me gusta) en Facebook siente aceptación y reconocimiento.

Esa necesidad puede convertirse en adictiva si se dejan de lado actividades para dedicarse a fisgonear en los perfiles de los contactos, a subir fotos del momento en vez de disfrutarlo... ¿Qué pasa en la vida real de quienes cuelgan hasta la ecografía de sus nenés en el Face?, cuestiona Echeverría.

Por eso, pese a saber que les generará la angustia, propia del período de abstinencia de los drogadictos, hace que sus pacientes se aparten del celular por lo menos dos meses.

"Una vez se le cayó el BlackBerry y no se prendía. Se puso ansioso y desesperado", cuenta Marcela, de 30 años. Su sobrino de 10 años está a su cargo. Su hermana y su esposo están en España. Buscó a Vásquez porque su sobrino almuerza pendiente del 'trin, trin, trin', como ella describe al sonido de las alertas de Facebook.

No habla, no quiere ir al parque ni los sábados. Le parece aburrido frente a la opción de navegar en Internet.

José Cruz, de la Aso. Ecuatoriana de Psiquiatría, señala que no hay un tratamiento establecido para ese trastorno. No tiene esos pacientes. Pero afirma que sería negativo prohibir el uso del Internet porque todos tienen la necesidad de estar comunicados. Sugiere una terapia conductual y acuerdos sobre horas límites de uso.

Lo mismo opina el psiquiatra Fabián Guarderas. Ha hablado de esta adicción con colegas, les parece más compleja que otras. Por eso pide prevenir y fijar horarios de conexión.

Revise qué tan grave es su caso Síntomas. El usuario siente la necesidad de conectarse cuantas veces puede en el día, aunque sea por un período de tiempo muy breve. Y así pierde el control sobre las horas de conexión.

Compartir. Publica fotos de cada evento de su vida, de la comida que se sirve o cocina; del libro que lee; de la gente que encuentra, y no puede dejar de usar su celular incluso en encuentros familiares.

Consecuencias. Estudios internacionales dicen que la constante exposición a la Internet desgasta la mielina, una sustancia que cubre y protege las fibras neuronales y trasmiten cargas eléctricas en el sistema nervioso central.

Mielina. Es comparable a la cobertura plástica de un cable, al dañarse afecta a la comunicación neuronal.

Peligro. No descansa ni cuando está acostado, vive en un estado de alerta constante. Está a la espera de mensajes, de interacciones, de respuestas…

Salud. Los psiquiatras dicen que aumenta la producción de cortisol, como respuesta al estrés y a la falta de sueño reparador. Sufre su concentración.

Alerta. Si sus amigos o sus familiares le llaman la atención y le dicen que notan que permanece mucho tiempo en Facebook o en WhatsApp escúchelos.

Diagnóstico. Trate de pasar un fin de semana sin su 'smartphone' y si no puede, busque ayuda profesional.

LOS DATOS

800 mil personas tienen teléfono inteligente en Ecuador. Unas 600 000 acceden a redes sociales con él.

35,1% de la población utiliza Internet en el país. Un 28,2% lo tiene ­como fuente de ­comunicación.

 

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