5 de septiembre de 2015 00:00

De exbodega a restaurante de estilo industrial

El inmueble era una bodega de paredes de ladrillo, que  estuvo abandonada por cerca de cuatro años. Foto: Patricio Terán/ EL COMERCIO

El inmueble era una bodega de paredes de ladrillo, que estuvo abandonada por cerca de cuatro años. Foto: Patricio Terán/ EL COMERCIO

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Redacción Construir

Un estilo arquitectónico muy difundido en Europa y Estados Unidos empieza a afianzarse en el país: el aprovechamiento de espacios en desuso.

Tras un proceso minucioso que consiste en un levantamiento, el anteproyecto, el diseño final y la ejecución, estos lugares se transforman en espacios agradables que, además, dan valor agregado a la zona.

En Cumbayá, el restaurante El Sitio aprovechó la venta del local donde funcionó por 11 años para reinventarse y modernizar su concepto, asegura su propietario, Javier Albán.

Albán invitó al arquitecto interiorista Daniel Valarezo para que realice el nuevo emprendimiento . Él explica que el lugar escogido fue una bodega -de 300 m²- abandonada por cuatro años, ubicada en las calles Pampite y Diego de Robles.

En la primera etapa se hizo una estructura metálica, que soporta a la cubierta de láminas de acero (steel panel). La adecuación, que tomó 60 días, arrancó de cero. El concepto central del acabado -dice Valarezo- es de tipo industrial.

Los materiales (metal, madera, cableado, conexiones eléctricas…) están expuestos como parte de la decoración. El creador señala que la idea primordial fue romper el paradigma local de que “si algo no está terminado por completo, no se ve bien”.

El trabajo fue arduo, se debieron acondicionar desde las instalaciones sanitarias hasta la cocina. Esta tiene una vista directa al salón principal gracias al ventanal (2,30 x 1,10 m), por el que los clientes miran la preparación de alimentos.

Por supuesto, cumple con la normativa de extracción de olores, cuarto frío, bodega y un rincón destinado para lavado. La pared divisora de esas áreas es de madera y la parte superior la ocupan algunas láminas de zinc, que complementan el ambiente fabril.

Para satisfacer a diversos públicos, el restaurante se divide en cuatro partes. El salón principal domina gran parte del entorno y, en el centro, el protagonismo se lo lleva el bar.

El bar es el gran protagonista del restaurante; se lo puede divisar desde cualquier espacio. Foto: Patricio Terán/ EL COMERCIO

El bar es el gran protagonista del restaurante; se lo puede divisar desde cualquier espacio. Foto: Patricio Terán/ EL COMERCIO

Este último espacio tiene una capacidad para 25 personas y es ideal para disfrutar de programaciones deportivas, gracias
a las pantallas gigantes distribuidas en la parte superior.

Es de forma cuadrada y está revestida con piedra decorativa beige, que luce mejor por la iluminación LED cálida puesta en el contorno y la central rojiza que ilumina los licores.

Según Albán, quienes buscan un entorno más sobrio y privado escogen el salón hacia la avenida Pampite, en el que se abrieron tres ventanas grandes de 1,20 x 2,40 m. Por ellos se aprovecha el ingreso de la luz natural abundante.

En el exterior, del otro costado, se adecuó una zona apergolada de 90 m², de tipo familiar. Esta estancia tiene relación directa con el jardín, que incluye juegos infantiles.

Ahí, la decoración guarda un estilo campestre con varios helechos ubicados sobre la pared, junto a instrumentos musicales antiguos dorados. Este sector se conecta a la estancia más grande por dos puertas de 1,60 x 2,10 m c/u.

Los colores utilizados en el interior conjugan ocres con terracotas, que contrastan con los tonos metálicos, un tanto fríos. En el exterior predomina el rojo intenso, que hace llamativo al galpón (restaurante).

El piso se diseñó con una de las últimas tendencias: cemento oxidado, que resalta al mobiliario de seike blanco y envejecido, a propósito, con betún de Judea. Para no desentonar, en el techo se colocaron lámparas industriales de campana. En toda la modificación se usaron ladrillos, madera prelaminada, concreto, piedra decorativa y otros.

Entre los detalles, aparte de la carne a la parrilla, que llamaron la atención de Gabriel Hidalgo, cliente de El Sitio, fueron un par de neveras metálicas antiguas (roja y amarilla) y una mesa en la que están teléfonos de hace, por lo menos, 40 años. Las imágenes con aire retro, también tienen su protagonismo.

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