25 de July de 2011 00:01

Un examen que mide el aire pulmonar

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Un diagnóstico oportuno puede evitar que un problema pulmonar se convierta en una enfermedad difícil de curar, dice el neumólogo Carlos Rosero, quien aconseja la espirometría, como un examen de rutina.

Esta prueba, que es básica y rápida, ayuda a encontrar la causa de una dificultad respiratoria y a diagnosticar enfermedades pulmonares comunes como asma y bronquitis o complejas como el enfisema o la asbestosis. Esta última es causada por la inhalación de fibras de asbesto, un elemento que generalmente afecta a trabajadores de molineras.

Esta prueba también es útil para evaluar daños pulmonares por las exposición a otros contaminantes en sitios de trabajo.

“La espirometría mide el aire con el que los pulmones trabajan”, explica Rosero. Lo importante es que los resultados sean interpretados por un neumólogo. El examen arroja el dibujo de una curva que indica que el flujo de aire es el adecuado. Pero no siempre hay que fiarse de este gráfico, hay que analizar los valores, de allí la necesidad de un diagnóstico especializado.

La espirometría se puede hacer a partir de los 8 años. “Lamentablemente es poco difundida”, señala Eduardo Castro, neumólogo infantil, quien dice que uno de cada cuatro niños padece problemas alérgicos que afectan la función pulmonar.

Onoa Piedad tuvo que esperar 30 años para que le diagnosticaran su asma. “Cuando era pequeña decían que tenía bronquitis y me curaban con remedios caseros como la leche con ajo, el periódico en la espalda y con tres mantecas: de chancho, pollo y res”.

La paciente ahora tiene 52 años y su enfermedad ya ha dañado sus pulmones a tal punto que necesita oxígeno en casa y cuando empeora es hospitalizada durante varios días.

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“El diagnóstico del asma es tardío porque los pacientes van a médicos generales y ellos no estudian a fondo el problema”, señala Rosero. La espirometría diagnostica oportunamente esta patología. Pero no es útil para detectar casos de fibrosis quística, neumonía y otras afecciones.

Los candidatos a hacerse el examen son quienes tienen tos, se despiertan en las noches, les falta aire, roncan y tienen gripes extendidas. La prueba no es traumática, involucra algo de respiración rápida y forzada, pero es posible que el paciente experimente un mareo temporal.

La recomendación es no ingerir alimentos pesados ni fumar entre cuatro y seis horas antes del examen. Los pacientes que se hagan la prueba para evaluar el éxito de algún tratamiento quizás deban suspender el uso de broncodilatadores o inhaladores. Eso lo indicará oportunamente el especialista.

El riesgo es mínimo para la mayoría de personas. Existe un leve riesgo de atelectasia pulmonar (colapso y falta de aire en una zona o todo el pulmón) en personas que hayan tenido un ataque cardíaco reciente o que presente otros tipos de cardiopatías.

Tampoco es recomendable cuando hay episodios de tos con expulsión de sangre, neumotórax (presencia de aire en el espacio pleural, que es la capa serosa que rodea a los pulmones), cirugía ocular reciente (por ejemplo: cataratas) o desprendimiento de retina.

Es importante que el paciente no se ponga nervioso cuando el técnico que realiza la prueba da un zapatazo en el suelo o un golpe a la mesa, se ha demostrado que con ello se consigue que elimine el aire de forma brusca o haga la maniobra de esfuerzo correctamente.

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