3 de julio de 2017 00:00

32 367 chicos de otros países se adaptan al sistema educativo

En el ciclo 2015-2016 hubo 12 894 alumnos extranjeros en centros particulares y 21 054 en los públicos. Foto: Diego Bravo / EL COMERCIO

En el ciclo 2015-2016 hubo 12 894 alumnos extranjeros en centros particulares y 21 054 en los públicos. Foto: Diego Bravo / EL COMERCIO

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Diego Bravo

En su cuaderno cuadriculado anotaba los nombres de las 24 provincias del Ecuador y sus capitales. Para Saray R., de 13 años, lo más complicado fue memorizarlas. Es originaria de Barrancabermeja, una ciudad colombiana ubicada a ocho horas de Bogotá.

En su país, la joven acudía a clases en el Colegio Camilo Torres Restrepo. El 30 de junio pasado acaba de terminar el octavo de básica en la Unidad Educativa 24 de Mayo, en Quito. Cuenta que le ha costado adaptarse a un sistema educativo nuevo y al cambio de ambiente y de amistades.

Según el Ministerio de Educación, 32 367 alumnos extranjeros se formaron en las escuelas y colegios del país en el año lectivo 2016-2017, tanto fiscales como particulares. La mayoría es de Colombia.

En el ciclo 2015-2016 hubo 12 894 en centros particulares y 21 054 en los públicos.

Para ingresar a los planteles educativos en Ecuador, los padres o representantes de los chicos que vienen de otras naciones deben acudir a la Unidad Distrital más cercana a su domicilio. Eso se establece en el Reglamento a la Ley Orgánica de Educación Intercultural Bilingüe (LOEI).

También, señala las reglas para acceder a la educación en Ecuador. En el artículo 166 se explica que quienes cursaron la primaria o bachillerato en el exterior, que cuenten con documentación original de sus estudios, pueden presentarla para reconocerla legalmente.

Hay una salvedad para quienes estudiaron en países con los que el Ecuador mantiene convenios de reconocimiento de títulos. Ellos no necesitarán legalizar o apostillar la documentación (art. 167).

Si es que por alguna razón, el estudiante no cuenta con los certificados debe rendir un examen de ubicación para validar los años de estudios sin respaldo. La calificación obtenida en la evaluación será asentada como promedio de los años anteriores.
María Antonia González es coordinadora nacional de RET, una organización internacional que trabaja en Ecuador con personas en situación de movilidad humana. Para ella se han dado avances importantes en cuanto al acceso a la educación de extranjeros.
Pero, asegura, se deben mejorar los procedimientos para tomar las pruebas a quienes no traen documentación.

También pide que se ajusten los sistemas informáticos para registrar los documentos de identificación de los chicos.
Ante eso, el Ministerio de Educación emitió el Acuerdo 2017-00042-A en mayo. 

Se trata de una norma para garantizar el ingreso, permanencia y culminación de la educación de chicos en estado de vulnerabilidad y rezago escolar. Incluye a los niños y adolescentes que ingresan al sistema educativo nacional procedentes del exterior.

En el documento se especifica, por ejemplo, que si alguien desea estudiar en un plantel municipal, fiscomisional o particular, deberá seguir los procesos de admisión de cada una de esas instituciones.
De otro lado, el examen de ubicación será bajo estándares establecidos por el Nivel de Gestión Central de Educación. Noventa días después, contados desde la publicación del Acuerdo (12 de mayo), se elaborarán los instructivos para la ejecución de las disposiciones.

González explica que en los casos de infantes desplazados de Colombia por temas de violencia o catástrofes naturales se recurre al examen de ubicación porque al salir de su país no alcanzan a reunir la documentación. A quienes llegan desde otras naciones por temas laborales les da la oportunidad de tener una migración más organizada y planificada. Así pueden juntar la documentación y acceder a un plantel privado o público.

Eso vivió Zamira M., de 11 años, quien llegó desde Cuba en el 2015. Su adaptación a la escuela fue difícil, sobre todo porque ella estudió música en su país y acá se inscribió en el Conservatorio. “En mi país eran conciertos más complicados”. Ella vive con sus padres y su hermano, de 14 años, a quien le costó adaptarse a practicar otros deportes como el fútbol. Su madre Yanery Ochoa dice que no se irán de Ecuador.

Otros chicos tienen problemas con algunas materias, por ejemplo inglés. Es el caso de los hermanos Santiago y Samantha M., de 10 y 8 años, quienes llegaron en el 2016 a Quito desde Maracay, Venezuela. Estudian en una escuela católica. Dicen que hay niños que les molestan por ser foráneos. “No me dejan jugar con ellos”, cuenta el pequeño.

Rómulo López es presidente de la Confederación de Establecimientos de Educación Católica (Confedec), un gremio que reúne a 1 1 70 planteles del país. A su juicio, los casos de discriminación a estudiantes extranjeros son “aislados”.

Si se presentan problemas de ese tipo -dice el dirigente- hay protocolos: convocan a los padres para dialogar, se abre un expediente y se brinda ayuda psicológica con los Departamentos de Consejería Estudiantil (DECE).

Lo mismo ocurre en los establecimientos fiscales, según Nelly Miño, rectora del Colegio 24 de Mayo. “Si existen problemas de adaptación, recurrimos a la Unidad de Apoyo a la Inclusión (UDAI) del Ministerio de Educación”. Lo mismo se hará en el próximo año lectivo 2017- 2018.

En contexto

Para ser inscrito en el sistema educativo nacional, un niño extranjero debe presentar los mismos requisitos que el resto. Esto es documento de identificación de él o su representante, planilla de pago de energía eléctrica y certificados de estudio.

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